martes, 14 de agosto de 2012

Roger Garaudy o el mito de Prometeo del marxismo francés

Por: Francisco Hernández Echeverría[1]



Imagen tomada del sitio Google imágenes
El pasado 13 de junio de 2012 falleció a los 98 años de edad en Chennevières-sur-Marne (isla de Francia), Roger Garaudy, aquel camaleónico filósofo y político francés que cayera víctima del terrorismo de estado practicado por el Partido Comunista Francés (PCF), cuando todavía éste obedecía órdenes de Moscú de reprimir a quien apoyara la Primavera de Praga y rechazara la invasión soviética de Checoslovaquia.
                En efecto, en 1970 Garaudy, aún actuando como miembro del Comité Central del PCF, es expulsado del partido por condenar la intervención moscovita a Checoslovaquia, pero sobre todo por practicar ciertas “tendencias revisionistas” al querer intentar conciliar el marxismo con el catolicismo romano.
                Nacido el 17 de julio de 1913 en Marsella, Garaudy se educó entre las enseñanzas de un padre ateo y una abuela materna fervientemente católica. Al poco tiempo de haber ingresado al PCF (1933) se dirigió a Estrasburgo para estudiar teología con el influyente pastor reformado Karl Barth. Su ardiente desempeño dentro del PCF, ya que en ese momento se mostraba abiertamente como un recalcitrante stalinista, lo llevaron a ser considerado como uno de los principales ideólogos con los que contaba el partido.
                En 1937 trabaja como profesor de filosofía en el liceo de Albi y durante la Segunda Guerra Mundial es encarcelado en Djelfa, Argelia, como prisionero de guerra del Régimen de Vichy. En 1945 formó parte del Comité Central del Partido y posteriormente creó y dirigió el prestigioso Centre d'Etudes et de Recherches Marxistes (Centro de Estudios e Investigaciones Marxistas). A fines de la década de 1940, con ocasión del Congreso Panamericano de la Paz, visitó Brasil y México, donde tuvo oportunidad de conocer al poeta cubano Juan Marinello, a Pablo Neruda y a los pintores mexicanos Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.
                Pese a su radical stalinismo, ya para la década de 1960 comenzó a mostrar cierto desencanto hacia el comunismo soviético cuando la URSS tomó la equivocada decisión de invadir militarmente Checoslovaquia en agosto de 1968, desencanto que le acarrearía serios enfrentamientos con la dirección del PCF. Por esos días, Garaudy publicó dentro de la serie “Filósofos” de la editorial PUF: Lénine (Lenin, París, 1968), un pequeño volumen por su extensión, pero grande por su significado y contenido ya que fue un anticipo a los festejos del centenario del natalicio del revolucionario ruso: “A pesar de la brevedad, el texto merece atención por proceder de un escritor marxista tan sincero y tan leído como Garaudy” (Sacristán, 1969: 53).
Además este tomito aparecía en un momento en Europa vivía un intenso debate sobre la ortodoxia comunista, por consecuencia podemos notar que Garaudy no muestra en este ensayo el excesivo respeto académico por las definiciones tradicionales que es frecuente en la literatura francesa, incluso en la marxista; y así caracteriza el pensamiento de Lenin al margen de cualquier definición universitaria de la filosofía: “El problema principal de su filosofía [de Lenin] es el del militante: elaborar una metodología de la iniciativa histórica” (Garaudy, 1970: 19).
Finalmente el PCF tomó la firme decisión de expulsarlo de manera formal el 6 de febrero de 1970: “por traicionar al marxismo” con sus posiciones heterodoxas. Sobre el particular Garaudy manifestó: “No es posible callarse […] Hablar por última vez a esta tribuna, quiero decir, con tristeza pero sin amargura, que si los métodos del pasado pesaron gravemente para realizar un debate real, nada puede arrancar de mi confianza que yo tengo en el porvenir de nuestro partido. Nuestra causa es justa, nuestro objetivo será atendido” (citado por Dupleix, 1971: 13).

Imagen tomada del sitio Google Imégenes

No obstante tan drástica medida, de un día para otro Garaudy se puso de moda, surgiendo comentarios tanto de simpatizantes de línea ortodoxia como de la heterodoxa. Alberto Sánchez Mascuñán consideró que “probablemente en este cambio de trayectoria Garaudy haya cometido errores humanos que no debieron darse en un revolucionario. Pero su actitud tiene un gran valor como ejemplo a imitar en lo positivo y a criticar en lo negativo” (en Garaudy, 1970). Para Manuel Sacristán (1969: 53): “[…] aunque Garaudy puede haber sucumbido en otros momentos, como Althusser lo confiesa de sí mismo, a la ‘línea imperativa’ según la cual la filosofía marxista no puede elegir sino entre el comentario y el silencio, una convicción iluminada o bien obligada y al mutismo del malestar. Pero hay mudos y mudos, y Garaudy, como su contrincante Althusser, pertenecía ya entonces a la clase de mudos que podían hablar porque saben pensar”.
Así, tras su ruptura con el PCF, Garaudy dejaba a sus espaldas toda una trayectoria de trabajo creador con sus compañeros de lucha del movimiento revolucionario francés, pero continuó dando clases de filosofía en la universidad y nunca dejó de de proclamarse anti-racista, internacionalista y socialista. En esta época se convierte al catolicismo, después abrazaría el islam y más adelante será condenado por negar el Holocausto. De ahí que se le haya etiquetado como “el teórico de múltiples conversiones”. En sus últimos años, afirmó que los ataques del 11 de septiembre del 2001 en los Estados Unidos fueron perpetrados por el gobierno de Bush para lanzar guerras en Afganistán y luego Irak.
Como destacado intelectual marxista, fue una autoridad en Hegel y escribió una cincuentena de libros, tratando particularmente la historia de las grandes figuras del comunismo y la religión, pues a pesar de sus “conversiones” jamás pudo romper el cordón umbilical que lo ataba a la filosofía de Karl Marx.
Entre otros trabajos suyos que inclusive sirvieron hace muchos años como libros de cabecera para los estudiantes de preparatoria y universidad, cuando todavía la educación se tomaba en serio, destacan Metodología del marxismo (1962) e Introducción al estudio de Marx (1964). El primero se basa en una conferencia que Garaudy dictó el 14 de febrero de 1962 en el Teatro Conrado Benítez, del Ministerio de Educación en Ciudad Libertad, Cuba, destacando una frase que debería de retumbar en estos momentos de crisis ideológica y de crisis política del Estado como quiebra de la legitimidad, como han denominado algunos especialistas a la situación de la democracia occidental actual: “El objetivo común a todos los marxistas es el que Lenin fijaba cuando decía: ‘El comunismo se realizará cuando cada ama de casa sea capaz de dirigir el Estado’, es decir, cuando cada ciudadano piense y actúe como hombre de Estado, con el sentido de su responsabilidad personal en el porvenir de todos” (Garaudy, 1978: 19).
En el caso de Introducción al estudio de Marx la propuesta garaudiana se enfoca en abrir el marxismo hacia un humanismo nuevo, afirmado en lo concreto, que abarque no sólo el conocimiento de las necesidades materiales del hombre sino además cuestiones en apariencia menos tangibles como la libertad, la vida interior, la creación intelectual. En pocas palabras, paralizar el dogmatismo oficial en la Unión Soviética y destacar la importancia de los factores subjetivos en la historia.
Sea esta colaboración un sencillo homenaje que el colectivo Óclesis. Víctimas del Artificio hace a un hombre que fue visto durante años como alguien que simbolizaba el “diálogo entre civilizaciones”.

________________________

DUPLEIX, André (1971): Le Socialisme de Roger Garaudy et le Problème religieux. Toulouse, Francia: Privat.
GARAUDY, Roger (1970): Lenin (la vida de un militante). México: Grijalbo (Trad. de Francisco Fernández Buey).
____ (1978): Metodología del marxismo. México: Universidad Autónoma de Sinaloa.
____ (1971): Introducción al estudio de Marx: México: Era (Trad. Julieta Campos).
SACRISTÁN, Manuel (1969): “Sobre el Lenin de Garaudy”. Nous Horitzons (Cataluña, España), nº 17, Segundo Trimestre, pp. 53-54.



[1] El autor es Maestro en Educación Superior por la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP. Actualmente es docente en la Universidad del Valle de Puebla, plantel Puebla. Así mismo, es coordinador académico de Óclesis, Víctimas del Artificio, A.C.

lunes, 13 de agosto de 2012

Mujer – Pez

Y mis palabras golpearán tus oídos hasta que las entiendas
W. Whitman


Para Sofía González de la Calleja


 
En mi morada no hay angelus.
Me avergüenzo de mí
de mi miseria
de esos molinos de viento que son tus miedos
nuestros miedos
Mujer – Pez, ¡si pudieras olvidar las afrentas!

Cuerpo desolado
                        Laberinto
Encrucijada de donde
nadie sale vivo
No tienes culpa
                                   Piadosa
                                   O
                                   Ramera
Mujer – Pez
Cuerpo que antes fue Musa
                                       Hoy
Venus destruida y sin brazos
                                   con los que arrullabas al mundo
                                    con los que regabas la tierra
No cargues culpas
No alimentes cuervos
                        Los muros con los años han caído
                        Que el orgullo no sostenga tu estirpe
                        Que la soberbia no te dé duermevelas

            Mujer – Pez
Si tan sólo pudieras olvidar las afrentas.

Isis Samaniego y Valencia


Texto publicado en Revista Óclesis número 2.

domingo, 12 de agosto de 2012

Valores morales en el Romanticismo


Por: Hugo Coronel
Óclesis

La ética es la teoría o ciencia del comportamiento moral de los hombres en sociedad, es ciencia de una forma específica de conducta humana que responde a la necesidad de un tratamiento científico de los problemas morales. La ética es parte de cierto tipo de hechos tratando de descubrir sus principios generales, y aunque parte de datos empíricos, no puede mantenerse al nivel de una simple descripción o registro de ellos, sino que los trasciende con sus conceptos, hipótesis y teorías. No existe una moral científica, pero sí hay un conocimiento de la moral que puede ser científico. Lo científico radica en el método, en el tratamiento del objeto y no en el objeto mismo. Pero si no hay una moral científica de por sí, puede darse una moral compatible con los conocimientos acerca del hombre, de la sociedad y, en particular, acerca de la conducta humana moral. Todo individuo humano se enfrenta a la necesidad de ajustar su conducta a normas que se tienen por adecuadas o dignas de ser cumplidas. Esas normas son aceptadas íntimamente y reconocidas como obligatorias; de acuerdo con ellas, los individuos comprenden que tienen el deber de actuar en una u otra dirección. Acerca de este comportamiento, fruto de una decisión reflexiva, los demás juzgan conforme también a normas y se formulan juicios morales, tanto los actos como los juicios morales presuponen ciertas normas que señalan lo que se debe o no hacer.
Imagen extraída de
http://lacrestadecicirro.blogspot.mx/2008/06/el-romanticismo-pintura.html
El Romanticismo, -algunas veces más que una actitud que desborda los límites del movimiento artístico que lleva ese nombre- tuvo una fuerte carga de idealismo y emociones. Por reacción al neoclasicismo y al llamado “Siglo de las Luces”, en los que imperó la razón rectora, el despotismo ilustrado, la disciplina clasicista, un afán universalista y las formas rígidas, el Romanticismo proclamó una libertad total, un culto a lo irracional, lo instintivo, lo pasional y lo onírico. Reivindicó afanes de libertad en contra de las formas opresivas del gobierno y reclamó el valor de lo nacional como distintivo frente a las variedades de lo universal y sobre todo, la autonomía del individuo frente a las seriedades que buscaban unificar su sentir. Avaló la expresión de la angustia y excitación del amor y los ideales individuales y nacionales. El movimiento también produjo un clima de insatisfacción que se manifestó en rebeldías individuales y revoluciones sociales y artísticas. Energía, imaginación y sensibilidad son los ingredientes que necesitaron los románticos para elevarse por encima de los estruendos de los cañones, sin descuidar los intereses políticos y sociales de sus países, a tal grado que la mayor parte de los escritores románticos desempeñaron un importante papel como pensadores sociales; rebeldía, inconformidad, protesta, indisciplina, valoración de lo individual y subjetivo; nueva posición frente a la vida; otros caminos para decir las cosas; todo está mal, todo es defectuoso; protesta contra tanto artificio en el arte; rebeldía contra todo, contra la política, ya que el Romanticismo aparece en Europa casi al mismo tiempo que el régimen constitucional; “Todo nace perfecto de manos del creador, todo degenera en manos del hombre”, dice Rousseau, precursor del Romanticismo en Francia; y las “víctimas de la sociedad” no son culpables, puesto que significan consecuencia de esa sociedad defectuosa, mal organizada. El Romanticismo reacciona en forma violenta: es verdad que el hombre, el individuo significa la máxima perfección, pero sobre su razón está su emoción, su sentimiento. Dos hombres podrán pensar de la misma manera, pero jamás sentir en forma idéntica, porque el sentimiento es lo más personal, íntimo, inaccesible y valioso que el hombre tiene. Así piensan los románticos y bajo estos valores morales se rige la ideología romántica.
Entre las características más notables de la ideología romántica, encontramos la búsqueda de identidad en el pasado, es la Edad Media la que sirve de fuente de inspiración, de donde la literatura romántica toma valores tales como lealtad, belleza, interioridad emocional inspirada en lo caballeresco, en la naturaleza como parte del ser, la subjetividad, la imaginación. Es el Romanticismo una ideología contradictoria, se debate entre valores subjetivos, heterogéneos que responden más a los sentimientos que a la razón, el Yo vs el rescate de lo social, el refugiarse en el individualismo ante la realidad cruel que observa el romántico de su sociedad. El romántico antepone el subjetivismo ante el racionalismo neoclásico; el estado nostálgico ante el empirismo; la idea de lo espiritual, la intuición y la virtud del mundo interior contra el hedonismo; su mundo exótico ante lo estático. Toman de la Edad Media modelos que les son útiles, virtudes como la virginidad, amor, lealtad, olvido de la realidad y refugio interior, despiertan su interés por mundos desconocidos, mundos distantes e imaginarios. El alma del hombre es su enemigo interior, identificable con una obsesión incurable por lo imposible, que priva del goce de la vida al individuo y hace que ésta le sea adversa. El alma romántica no es dada desde fuera al individuo, sino que éste la crea cuando tiene conciencia de sus sentimientos. Convierte al individuo en singular y universal, de modo que el Universo sólo es posible concebirlo partiendo del conocimiento de sí mismo, pues el hombre es la imagen del macrocosmos. El reino de la libertad absoluta es el ideal romántico, el principio de toda ética romántica: libertad formal en el arte, entendida como necesidad del individuo para explorarse y explorar el mundo exterior y para lograr la comunicación del Uno con el Todo en una marcha progresiva hacia la infinitud. El romántico se concibe como un ser libre, el cual se manifiesta como un querer ser y un buscador de la verdad. No puede aceptar leyes ni sumisión a ninguna autoridad. Muchos románticos heredaron la crisis de la conciencia europea que la Ilustración provocó al cuestionar, en nombre de la razón, los dogmas religiosos. La libertad, como el infinito, es más una aspiración que una realidad, a través de ella cree el romántico poder superar los límites del Yo y reconciliar sujeto con objeto. El romántico asocia amor y muerte, como ocurre en el Werther de Goethe. El amor atrae al romántico como vía de conocimiento, como sentimiento puro, fe en la vida y cima del arte y la belleza. Pero el amor acrecienta su sed de infinito. En el objeto del amor proyecta una dimensión más de esta fusión del Uno y el Todo, que es su principal objetivo, pero no alcanzará la armonía en el amor. El romántico ama el amor por el amor mismo, y éste le precipita a la muerte y lo hace desearla descubriendo en ella un principio de vida y la posibilidad de convertir a la muerte en vida: la muerte de amor es vida, y la vida sin amor es muerte. En el amor romántico hay una aceptación de la autodestrucción, de la tragedia, porque en el amor se deposita la esperanza en un renacer, se encarna toda la rebeldía romántica: "Todas las pasiones terminan en tragedia, todo lo que es limitado termina muriendo, toda poesía tiene algo de trágico" (Novalis). En la muerte, el alma romántica encuentra la liberación de la finitud.
Las posturas románticas acerca de la religión son variadas. No obstante, en general la creencia no la fundan los románticos en ninguna norma establecida, en ninguna moral instituida, sino en un sentimiento interior y en una intuición esencial de lo divino que conduce a una unión mística con Dios. Lo que hay de esencialmente nuevo en la religión de los románticos es este sentimiento interior. El intercambio o comunicación entre el individuo y el universo denota una vida superior y la primera condición de la vida moral. La conciencia de pertenecer a un todo, de formar parte de él desde la propia individualidad conlleva una responsabilidad moral. Para todos los románticos no existe Dios fuera del mundo y del hombre, y debemos actuar motivados por el entusiasmo y el amor "sintiéndose lleno de Dios" (F. Schlegel).
El advenimiento de la modernidad está contenido en el Romanticismo, por cuanto éste supuso una regeneración o una reconstrucción frente a la decadencia estética del Neoclasicismo. Pero el Romanticismo no sólo supuso la irrupción de la modernidad a principios del siglo XIX, sino la creación de la esencia de lo moderno incluso tal como se entiende hoy en día, por cuanto legitimó la libertad de la forma artística, concibió al hombre como una unidad en el seno de una unidad superior y le hizo aspirar al infinito mediante la reconciliación de su mundo interior con el mundo exterior. Todo el arte actual deriva en cierto modo de la revolución que supuso el Romanticismo. La clave unificadora del complejo fenómeno que es el Romanticismo radica en que éste invierte el orden de aproximación humana a la realidad. El individuo modela el mundo, lo interior condiciona lo exterior sin admitir nada que de fuera constriña el Yo. Libertad interior, libertad, meta suprema. Esta libertad ha presidido el proceso libertador del mundo actual hasta hoy mismo: liberación del individuo frente a la sociedad, de la mujer frente al hombre, de la región frente a la nación, de la colonia frente a la metrópoli y del obrero frente al burgués. Liberación en la palabra, admitiendo lo vulgar y aun lo soez. Liberación en la religión, admitiendo la convivencia de cultos. Liberación en la educación, permitiendo el desarrollo de la personalidad. Pero toda esta liberación tiene un precio, que suele ser un hondo sentimiento de soledad y vacío. Romper con un orden, con una seguridad, con una obediencia lleva consigo ese doloroso desgarramiento en que el individuo se encuentra de pronto consigo mismo, sin nadie más. Aquí radica sin duda el pesimismo, la angustia, la melancolía, el "mal del siglo" con su insatisfacción imposible de colmar, que tan admirablemente expresaron los románticos y que tras ellos sigue expresando la cultura occidental moderna. La herencia romántica está presente en las actitudes que se siguen manifestando en literatura, música, pintura, etc. El término se sigue utilizando y sus connotaciones han evolucionado, a veces vanalizándolo. 

sábado, 11 de agosto de 2012


Instinto lobo

Flor D. García Dávila



Regidas por la marea
las lenguas de Natura se tragan la tierra que me hizo


De la madeja que soy
            escapa un hilo a contraviento
            donde jamás lo que cae vuelve

                                   escupe su masa
            vuelca en el polvo
                                   la víscera deshecha
                        el ojo vidrioso con su angustia contráctil
                                   la herrumbre aroma

Y Crece
                                                                             recrea
                                                                                        el nudo

                                   la maraña espiral que marcó mi carne delta

                                                                                        cerradura


Así lo explicaron mis antecesores
       le llamaron sin nombrarlo
                                                 instinto
potencia destinada a vencer a la muerte

                                               de quererlo

                                               de querer la vida
                                                           se detendría


pero Ella arrancará
            de propia mano

      mi memoria



Texto publicado en la Revista öclesis número 2.
El arte de escribirse

Por: Karina Fascinetto Zago.

Óclesis

Vuestra razón y vuestra pasión son el timón y las velas
de vuestra alma viajera.
Khalil Gibrán

Ciertamente, a través de la historia el ser humano se ha percatado de que no existe mejor cura para el alma viajera que el acto de escribirse. Duccio Demetrio considera que son cinco las condiciones o poderes para sentirse bien con la propia historia:

1)      La evanescencia: que consiste en sentir el placer de recordar.
2)      La convivencia: como bienestar que aporta el relato del pasado al ser compartido con los demás.
3)      La recomposición: entendida como el beneficio del recuerdo o del relato cuando éstos nos transmiten la sensación de “unificarnos”.
4)      La invención: como forma de observar y analizar nuestra vida en segunda o tercera persona a través de la escritura.
5)      La llamada despersonalización: comprendida como el acto de ocuparnos de una historia ajena, en plena disposición de realizar una autobiografía con las herramientas más sofisticadas que poseamos.

Fuente de imagen: Google. 1100 × 767 -
 ... calígrafo español que dio y publicó reglas sobre el arte de escribir.
En Las paredes oyen, Juan Ruiz de Alarcón no se convierte en un fiel servidor de la página en blanco o de una trama imaginaria, más bien se nombra protagonista y traza la historia en un espejo al sentir el placer de recordar y con la misma pasión se torna “uno” con Don Juan, otredad que nace de la invención de un ente que permite al poeta despersonalizarse, mas nunca desligarse de “sí mismo” en el “otro”.
Oye señora no leas // que la carta viva soy. // Lo animado en la obra no es sólo la carta que envía el personaje “unificado” sino la obra en sí. Estas palabras parecieran ser una advertencia dirigida al mundo de ficción y al lector mismo: Oye “lector” no leas // que la “obra” misma soy. // Así pues, se puede pensar en una manifestación ficcionalizada del autor y del lector como personajes; ambos, asumiendo las mismas características que las otras entidades en un mundo paralelo al mundo real: el universo de ficción.
Quiero... Sólo sé que os quiero, // y que remedio no espero, // viendo lo que merecéis // [...] Y así no os ha de ofender // que me atreva a declarar, // pues va junto el confesar // que no os puedo merecer. //
En el discurso del personaje se observan datos autobiográficos de Alarcón como son la pureza, hondura y sencillez que se hacen evidentes en su lenguaje, junto con el matiz de saberse físicamente distinto de las personas que lo rodeaban. No obstante, aunque cree que no puede aspirar al ser humano amado, no se niega la oportunidad de arriesgarse seguida del perdón por la osadía; no nos sorprendería que hubiera vivido una experiencia así, ya que de él sabemos que amó mucho, y que fue correspondido. Sin lugar a dudas, al escribirse efectúa el ejercicio catártico de comunicar lo recordado, recomponiéndose así al inventarse y despersonalizarse en “otro”: “yo” encarado y triunfante.
De acuerdo con Aldo Giorgo Gargani:

Dotar de un texto a la propia vida o realidad es dar un texto no a la historia, sino a la misma presencia que es ese texto: el texto se opone a la sucesión del tiempo, el texto es el antitiempo, el texto es el despliegue de la presencia como testimonio de mi realidad indiferente al antes, al ahora y al después; mi presencia es mi realidad que se desprende de la historia.

El poder que profesa el seguimiento de la escritura como purificación es visible en un sinnúmero de artistas que si bien no se basaron en los pasos que desentraña Duccio Demetrio, sí los intuyeron haciéndolos parte de su vida.
Ahora bien, si el arte de escribir permite crear una presencia que hasta ese momento “no existía” como ser independiente de nosotros mismos, no es indiferente el hecho de que ese “otro yo” no es sino un fase del “yo mismo” despersonalizado, que rememora la contemplación del mundo en la propia contemplación, en el propio entendimiento; que existe para no olvidar que el “mirase a uno mismo”, en el nacimiento de la escritura, es renacer.


Testo publicado en la Revista Óclesis 1.
Volición

Por: Hugo I. López Coronel

Óclesis

                         I

Toca mi piel y dime lo que sientes
Toma mi mano
                        muéstrame
la mirada que vendrá,
las letras escritas
                           el instante,
la barca, el viaje y algo
de otra verdad.

Se acomodó el cabello. Corto. Notas musicales navegan por la habitación, invaden con imágenes de aromas ya extraños. Los restos del nido arácnido pegados a los vidrios, el instante de las lágrimas de la aurora, las damas y los caballeros, la palabra maula, los ataúdes, los salones de armas y los rizos dorados de las Diosas. Ahora, se construye el tiempo para iniciar la danza de las horas líquidas que son parte de la llovizna, de la ausencia que enseña a perder cuando se estrena corazón con las gotas de aire colgando a los pies.
Repasa la línea negra de sus ojos. Su silueta presa por la luz se refleja: es escote amplio, faz pulida, piel apacible, senos erguidos y casi menos dolor por callar. Da unos pasos hasta la ventana. Mira su reloj. Movimientos, son ligeros, delicadamente. Vuelve la vista.
Cierra los ojos. La oscuridad, la distancia. Viaja, se aleja en la infinita melodía. Los sueños gravitan. El aroma de la noche la envuelve. Los labios guardan silencio comiéndose a la lengua en pequeños trozos llamados palabras y escritas. El sabor de las sábanas la agitan, desliza los dedos sobre el cuello y el paladar lo hace entre los dientes. Monta vuelo sobre las simas del poniente. Abre sus ojos. Vuelve a poner la mirada. La luz se fragmenta en el reflejo, casi ciego al otro. Casi mudo al otro, casi horas de amor por crear.

II
A mi lado,
           mirando mis ojos.
Quizá sólo conté círculos,
 quizá fingí estar dormido.

Sólo fue una taza de café y pagó la nota al salir. Había que dar pasos, cruzar calles y encontrar hojas esparcidas en las historias. Los mensajeros siempre habían regresado para entregar los paquetes.
Aquella tarde tenía que salir, resultaba ya el último día. Caminó de regreso. Una esquina, la misma esquina, una esquina y la misma esquina, es otra, esquina.
Rostros infragantes, moléculas de polvo, teces malvas de bípedos perdidos, acaudalados en curtidas pieles milenarias de civilización insolente y a cuestas. Detiene el paso y ya nadie lo mira, otra vez, nunca, lo miran. Encuentra la llave, apenas, cierra la puerta y olvida el olvido. La vida son inversos por armar. El frío es el instante neutral antes de parir al Dios y sentir estar en pie. Aquí ya hay conciencia, llegó en acuse de recibo.

III

Conviene, en siluetas nocturnas
                        revolver el tiempo.
                    Sanear el cuerpo
 en sangrías malhechas
                                                          y tan necesarias.

Al entrar la encontró con el atuendo callado. Él, otra vez envejece con los nombres mordidos y pare la Era cuantas veces las ganas se lo exigen. Es extraña esta tarde, no hay nada, sólo la realidad que se puede respirar ahogada en los pinceles de este creador.
El atuendo callado responde nuevamente y él trata de ignorarlo. Pierde la mirada en los muros en compañía del hambre de la luz por devorarlo todo.
No quiere la sentencia, no quiere sujetar los velos mientras ella espera al alba, enroscada en pequeñas teclas hechas de vaho y repletas de hilos que amarran multitudes de instantes en el sosiego. Permanece en silencio consultando los muros, esperando las figuras de los vidrios del alma. Sintió tanto miedo al saberse que sería nombrada. Se aferró al atuendo e intentó distraer  nombrando a la tarde extraña. Ella, quería pinceles.

IV

Que no baste sólo caer
el polvo también lo hace.
Hubo días.
Habrá noches.

Tomó el final y lo hizo perdido. Decidió instalarse en un rato de ausencia. Pareció haber vivido. Arrojó la pluma. No le pondrá nombre. Ahora cierra la palabra.


Texto publicado en Revista Óclesis número 1.
Murió Stephen Covey, pero nos hereda sus 7… 8 hábitos

Por: Mtro. Francisco Hernández Echeverría

Óclesis


Fuente de imagen: Tomado del sitio de imágenes de Goole
El pasado 16 de julio murió Stephen Richards Covey en un hospital de Idaho Falls (Idaho, EEUU) a causa de un accidente que meses atrás le había provocado una hemorragia cerebral.
                Fértil escritor, consultor y mormón, Covey es un autor indispensable en cualquier disciplina universitaria, por lo que en los planes y programas de estudio de la Universidad del Valle de Puebla es un autor de cabecera para casi todas sus carreras, en virtud del fuerte impacto que causan sus recomendaciones de autoliderazgo tanto en el mundo corporativo como en la vida personal.
Nacido el 24 de octubre de 1932 en Salt Lake City, Utah (EEUU), Covey realizó estudios de licenciatura en administración de negocios en la universidad de su pueblo natal, después una maestría en Administración de Empresas en la Universidad de Harvard y un doctorado en historia y doctrina de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, otorgado por la Universidad Brigham Young (Provo, Utah). En ésta última se desempeñaría como profesor, destacando por el carisma y pasión que ofrecía en sus enseñanzas. Fundó el FranklinCovey Company, una firma consultora que a la fecha vende cursos y seminarios cuya especialidad consiste en comercializar libros, casetes y videos que sirvan como herramientas para aumentar la productividad y gestionar el tiempo, tanto para individuos como para organizaciones en más de 123 países.
En 1989 publica Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, libro que lo lanza a la fama como el pionero del género de la autoayuda, además de colocarlo en la lista de los 25 estadounidenses más influyentes de la revista Time.
Con el éxito obtenido por Los siete hábitos se desencadenó toda una serie de “Los siete hábitos...” igualmente exitosa en la que sobresalen los títulos Los siete hábitos de las familias altamente efectivas, con más de un millón de ventas a nivel mundial y Los Siete Hábitos de los adolescentes altamente efectivos, libro dedicado especialmente a los universitarios.
Fue asesor de multinacionales como Sears Roebuck y Black & Decker, así como de agencias gubernamentales como el Servicios de Recaudación Interna y la NASA. Entre otras obras suyas tenemos: Liderazgo centrado en principios, El 8º hábito (2004); Dayly, Meditaciones diarias para las personas altamente efectivas (1994), Primero lo primero (1997) y La tercera alternativa (2011).
                Los Siete Hábitos propuestos por Covey se pueden considerar como un método claro, puntual y eficiente, pero no mecánico, sino capaz de adaptarse a nuestra personalidad y aplicable libremente a todos los ámbitos de la vida empresarial.

Hábito 1: Proactividad. Es elegir libremente una respuesta a los estímulos del medio ambiente.
Hábito 2: Comenzar con un fin en mente.  Generar una visión lograble para que nuestra vida tenga razón de ser.
Hábito 3: Primero lo primero. Priorizar, comenzar por las cosas urgentes y después las importantes.
Hábito 4: Pensar en ganar/ganar. Quitarse la idea común de que cuando alguien gana es porque alguien tiene que perder, más bien es buscar el beneficio mutuo.
Hábito 5: Buscar comprender primero y después ser comprendido. Es la esencia del respeto a los demás.
Hábito 6: Sinergia. Si cultivamos el respeto tendremos la habilidad y la actitud de valorar la diversidad.
Hábito 7: Afilar la sierra. Es renovarse con el fin de balancear todas las dimensiones de nuestro ser, a fin de ser efectivos en los diferentes papeles (roles) que desempeñamos en nuestra vida.

A estos siete, agregó un octavo hábito: aprender a oír a la voz interior. Averiguar por qué estamos aquí y ayudar a los demás mediante el trabajo en equipo.
Independientemente de los que voten a favor o en contra de los libros de superación personal, mientras exista la necesidad en las mayorías de que alguien les diga como pasarla, esto será inevitable, y de nada servirá el fastidio de aquellos que no les gusta que les digan que son valiosos, que dios cierra una puerta pero abre una ventana, que son seres especiales, etc. Ambos bandos tienen su pertinente justificación. Lo que sí es verdad, siendo objetivos, es que todo libro promueve, en cierta medida, la construcción de una mejor sociedad, de lo contrario se tendría que tirar también a la basura libros de autores como Erich Fromm, Sigmund Freud, Friedrich Nietzsche o al propio Karl Marx, así como aquellas famosas novelas de la literatura universal. Por otro lado, en el ejercicio de la libertad individual, sólo cambia el que quiere cambiar, con o sin necesidad de ser motivado exteriormente (Véase el sitio http://todolopuedeslograr.blogspot.mx/2009/08/el-fraude-de-la-autoayuda-y-del.html). Así que los dejó con una frase de Covey, una de las que llega más hondo: “En el liderazgo personal efectivo, las técnicas de visualización y afirmación surgen naturalmente de un fundamento mental bien conocido, a través de propósitos y principios que pasan a ser el centro de la vida individual”.