domingo, 11 de diciembre de 2016


Artificio: Breve esbozo de la teoría queer


Queer es arte: artefacto, artificio, artilugio y artesano.

Sejo Carrascosa

Por: Jorge Luis Gallegos Vargas[1].
Óclesis
           

Fuente de imagen:
http://revista-amauta.org
La teoría queer cuestiona los paradigmas estructuralistas, binarios y heterocentristas impuestos por la sociedad occidental. Las sexualidades periféricas son aquellas que rompen las fronteras entre lo correcto y lo incorrecto socialmente; las que trasgreden la monogamia, la heterosexualidad, ésas que sostienen relaciones entre personas de distinta clase social, raza, religión y edad; es decir, cuestionan los valores tradicionales y asumen la trasgresión desde lo marginal y la discriminación.
El vocablo inglés queer es empleado para designar todo aquello que tiene que ver con lo homoerótico. Esta teoría ve al género y al sexo como artificio o actos performativos resultado del discurso autoritario; la performatividad alude a la necesidad de darle sentido al poder del discurso para realizar lo que se enuncia y reflexionar cómo el poder hegemónico heterosexuado actúa creando realidades socioculturales en las que el sujeto se circunscribe.
Los pensamientos posestructuralistas de Michel Foucault, Teresa de Lauretis, Judith Butler, Donna Haraway y los modelos psicoanalíticos de Jacques Lacan explican la identidad descentrada y en la deconstrucción de estructuras lingüísticas binarias y conceptuales de Jacques Derrida. El papel de los teóricos ha sido el de examinar la oposición heterosexualidad/homosexualidad operante en los discursos patriarcales, homófobos y antihomofóbicos y de aquellos que rechazan la transexualidad, la intersexualidad y demás formas sexo-genéricas; es decir, busca deshacer cualquier idea de género e identidad y dar libertad al individuo de ser a partir de sus deseos; sin apegarse o alinearse a convenciones o estereotipos.
También, desafía los fracasos de la representación identitaria de la exclusión a los grupos silenciados y marginados, añadiendo a los estudios de género la creación de imágenes de hombres y mujeres homosexuales, con el fin de incorporarlos a las esferas artístico-literarias, vigilando que el uso de las significaciones generadas en el discurso homoerótico sean cercanas a la verosimilitud. Asimismo, verifica las articulaciones que existen entre género, sexo y deseo sexual, presentándolas en un modelo de transgresión, tomando en cuenta que la sexualidad se hace a partir de los significados culturales, alejándose de los estudios homosexuales y lesbianos.
La teoría queer hace inteligible las identidades que han sido incomprendidas por la historia de la sexualidad haciendo referencia al reordenamiento de la noción de sexo y género, confrontando las nociones, significados y significantes que la cultura ha dotado a lo masculino y lo femenino, apoyando la hipótesis de la performatividad.
La perspectiva queer surge como un espacio para especificar orientaciones, prácticas sociales y sexuales, de comportamiento e identitarias frente a una postura binaria de representación lésbico-gay, para convertirse en un espectro donde los sujetos convergen como entes en discursos de identidad centrados en ideales de los grupos activistas gay, con una clara tendencia hacia la izquierda; además de servir como ventana para la reivindicación de lo 'anormal', de lo 'torcido', de lo 'antinatural', de lo excluido.



[1] Sobre el autor: es licenciado en lingüística y literatura hispánica por la FFyL de la BUAP, licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Escuela de Comunicación y Ciencias Humanas y maestrante en Literatura Mexicana por la FFyL de la BUAP. Es miembro activo del grupo académico Óclesis, Víctimas del Artificio.

Salvarse[1]

Oscar O. Chávez Rodríguez[2]

“…caminar entre obleas de tiempo”

Se salva uno, nadie puede hacerlo en nuestro lugar. Salvarse significa haberse encontrado, reconocer aquellos límites dentro de los cuales nuestra vida transcurre. Lo cual no significa que está uno limitado, sino que está uno situado. Circunstancia o situación que da a cada parte de nuestro ser su lugar. Y con ello el tiempo, perfilando el espacio de la posibilidad, del futuro siempre al punto de dibujarse en todo su colorido y profundidad.
Anda uno extraviado, confundiendo el parecer con el ser y, por lo mismo, viviendo entre accidentes, entre apariencias que van desgastando la vida, nublando el horizonte. Nublarse que ciega la mirada, que aleja de ella el sol que tras las nubes resplandece.
¿Cómo salvarse? Nunca en otro, nunca en algo, nunca en el consuelo que dan unas manos o unos brazos, nunca en una voz ajena que nos da aliento. Nadie sabe del fondo que late en nuestra vida más que nosotros mismos. Por ello el salvarse no es nunca consuelo, ni mucho menos un compadecerse. Salvarse es reconciliarse con uno mismo, reformular, replantear y, a fin de cuentas, cambiar. Cambio que surge cuando uno se ha perdido. Perderse que es un cultivo ontológico y existencial de uno mismo, acción –tal será siempre– que en el curvarse del tiempo señala hacia el fondo esencial en el cual nos habitamos; perderse que no es desorientación por cuanto requiere, lo señaló Benjamin, aprendizaje.[3]
“Hoy estoy perdido…” en esta frase van ocupando su lugar cada uno de los aspectos de nuestra vida, los vamos aquilatando, valorando y estableciendo en nuestro horizonte. Y en el perderse, la prefiguración de la salvación al reconciliarnos. Reconciliación es por ello la palabra tras la mirada que ha logrado asomarse, en los momentos de más profunda crisis, al fondo esencial de nuestra vida. Mirada que se va abriendo hasta lograr que el horizonte la penetre totalmente.
Salvarse es, por ello, haber logrado que un horizonte nos habite, nos llene en plenitud. Y en este habitar la reconfiguración de una existencia, el cambio de una forma de ser que busca otorgar con cada una de las acciones que realiza, tras ese replanteamiento, plenitud a los seres que le rodean. Salvarse es vivir, o revivir en una condición distinta, más sincera o, mejor dicho: plenamente humana.
Salvación y reconciliación hacen el rostro distinto, el paso seguro y los sentimientos reales y compartidos. Reconciliación que se ofrece en la mirada y se da con las manos: “Mis manos están aquí… aguardándote” es una forma de mostrarle a alguien, al mundo, que uno al salvarse ha cambiado y con el cambio se ha reconciliado.
Tras un infinito por metafórico interrogar, en la hendidura del pensar, entre los intersticios del pensamiento y el recuerdo emerge, en fugaz relámpago, el rumor, que insinuación es, de un nombre propio que ayuda a vivir. Vivir que en la precisa extensión del horizonte ofrece un "perderse", grieta existencial que permite encontrarse. A esto se enfoca la vida cuando es transparente, cuando ha logrado limpiarse de cada mancha que en el duro trabajo de los días la ha cubierto. Vida transparente cuya límpida forma trasluce, deja ver, el alma.
Alma reconciliada y vida plena que ofrecen ese horizonte encontrado en una palabra, en un gesto o una sonrisa que expresan el amor que se ha encontrado en esta búsqueda. Perderse para encontrarse y salvarse por el amor que late siempre, que siempre nos aguarda para retomar un camino y continuarlo con un sentido nuevo: ser feliz y digno humano, ser compañero y amigo, amante y confidente.
“Me salvo” porque encuentro una razón que soy yo, un yo que interpela, llama a un tú a un horizonte nuevo. Salvarse es abrir un espacio a la oportunidad de ser felices y morir reconciliados.





[1] Fue incluido, un fragmento, en Venir a cuentas, 9 de junio de 2014. Ahí, va acompañado de la siguiente nota al pie: “Lo aquí escrito –hace ya algunos años y reproducido sólo un fragmento– constituye una suerte de prólogo a un libro que tratará el tema de la Metafísica de la existencia. Es, por lo tanto, algo preliminar”.
[2] Licenciado en Filosofía y Economía, Maestro en Ciencias Políticas, estudios realizados en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, institución en la cual se desempeña como Profesor–investigador adscrito a la Facultad de Economía; actualmente realiza estudios de Doctorado en Ciencias Sociales y Políticas en la Universidad Iberoamericana, Cd. de México.
[3] Se trataría, en cierto modo, de una epistemología existencial que apertura a una historicidad metafísica en la cual el horizonte se vuelve escenario del perderse.

lunes, 28 de noviembre de 2016

CON BROCHE DE ORO
Por: Saúl Gaboa

El pasado 26 de noviembre se llevó a cabo el gran cierre del XXV aniversario del festival Vaniloquio en el municipio de san Pedro Cholula.
Desde sus inicios hasta la fecha, ha tenido el fin de promover la cultura y dar un festival de calidad a los habitantes así como atraer el turismo y consolidar a este hermoso municipio como una entidad turística y sobre todo de muy buena calidad.
Este año se cerró con broche de oro con la presencia de Yuridia Valenzuela Canseco mejor conocida como Yuri, un cantante de calidad y de 38 años de carrera artística, el gran concierto inició a las nueve de la noche abriendo con el ya típico concierto de campanas donde iglesias como la Santísima, la Magdalena, San Pablo Tecámac, Jesús Tlatempa, santuario de nuestra Sra. De Guadalupe y San Matías Cocoyotla, entre otras, formaron parte del concierto y en el que sonaron sus campanas acompañadas de fuegos artificiales, que durante 30 minutos los espectadores de este hermoso cierre pudieron disfrutar. Dando así entrada al gran concierto que cerraría la noche. 
La presencia de Yuri al escenario estremeció y en galardonó al pueblo Choluteca, abriendo con el tema Este amor no se toca que es del año 1981, del álbum Llena de dulzura pero que por supuesto encantó a los espectadores con la nueva actualización musical. La presentación inició a las 9:40 de la noche, teniendo una duración de 1:30 horas y en la cual cantó temas que motivaron al público como El apagón, Invencible, Maldita primavera, y Qué te pasa. Así como temas de su nuevo álbum y gira en curso “Invencible”.

Para finalizar el concierto, el edil de San Pedro Cholula, José Juan Espinoza Torres, otorgó un reconocimiento a la cantante y agradeció su presencia para ese gran cierre, así como también al pueblo Choluteca por asistir y seguir formando parte de dichos eventos, los cuales se llevan a cabo año con año

jueves, 24 de noviembre de 2016

¿Por qué nos da miedo morir?

Por: Alejandro Barradas


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https://eltemplodelaluzinterior.com
Se acerca el tiempo, nuestro tiempo, no nos alegramos ni reímos, sino lloramos, al final, al tener que dejar esta vida; pero por qué llorar, por qué sufrir, si al fin descansaremos. Lloramos porque nos da miedo dejar esta vida, estamos acostumbrados a un mundo material, tangible y que podemos sentir; nos da miedo morir, pero no por saber qué nos espera, sino por saber que dejamos aquí, en la tierra; sin embargo, no sabemos, que, al irnos, podríamos encontrar algo mejor, algo inesperado.
Así como lloramos al nacer, lloramos al morir. Al nacer, se dice que lloramos porque no queremos dejar nuestra antigua vida e irónicamente lloramos al nacer porque no queremos dejar nuestra actual vida, ésa que un día no queríamos tener. Tenemos una, dos, tres o cientos de vidas, no sabemos; sin embargo, no queremos dejar la actual porque nos acostumbramos a un mundo material.
Las religiones, las corrientes filosóficas, todas nos hablan de un mundo al que llegaremos, unas nos muestran un mundo de paz y amor, otras de una vida eterna, de un nirvana, de portal a un mundo real superior, e inclusive de la reencarnación; sin embargo, son formas para que aceptemos que tenemos que dejar este mundo algún día, en algún momento, pero también deben ser formas de enseñar que tenemos que disfrutar de esta vida, puede ser la única, la última, la primera o una más pasajera; tenemos que aprender que ésta es nuestra vida hoy, y que disfrutar es nuestra única opción veraz y tangible.
Llora porque dejarás esta vida, porque ese mismo llanto que un recién nacido suelta, es el mismo llanto de un anciano al dejar la vida; lloramos para vivir, cuando también estamos llorando para morir. Pero ¿por qué nos da miedo morir? Nos da miedo porque sabemos que al final de todo estaremos solos otra vez.

Daniel Alejandro Barradas De Ita
(Federico Bachmann)


sábado, 19 de noviembre de 2016

Sumergida de deseo
Por: María José Pérez García.

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http://www.fantasymundo.com/articulos/3052
Hay millones de preguntas que han resurgido mientras descubría quien era Blanca, haciendo de mí una persona que ha quedado manchada por cierta culpa al disfrutar de esta lectura, en donde “ritual” se convirtió en mi palabra favorita, pero ¿acaso no son los rituales un símbolo de adoración o festejo?, ¿No es un ritual aquel que se manifiesta derivado de una creencia que se adopta?, O bien, ¿Pueden ser simplemente acciones especiales que salen de lo cotidiano?, he quedado sumergida de deseo por un ritual, un ritual tan gráfico, tan claro, tan erótico pero a la vez tan lleno de intriga, culpa y soledad.
La sexualidad, un tema –tan– “tabú” hoy día, un tema en donde las personas con doble moral levantan en lo más alto del asta su bandera, un tema en el que todos negamos con la cabeza como si se estuviera presenciando un partido de tenis y no entendemos que, según Alexander Lowen, “La sexualidad no es distracción o una actividad de medio tiempo. Es una forma de ser”.[1] Concuerdo con dicho autor, ya que la sexualidad no es más que un conjunto de condiciones, fenómenos y prácticas asociadas a la búsqueda del placer sexual, logrando de esta forma satisfacer alguna necesidad, misma que nació de un deseo, el cual cada persona desarrolla de una manera diferente.
¿Es entones el “deseo sexual” una necesidad errónea?, ¿Una necesidad que no merece ser satisfecha?, “algo” tan mío que aspira a ser compartido con alguien más, me parece es la forma más exquisita de desear, pero según la sociedad y Verónica Arcos debo sentir vergüenza y culpa por querer complacer una de las necesidad que todo ser humano tiene y obtener como respuesta que “no me miren, se levanten y caminen hacia la puerta” (Somoza, 1996), tan exquisito es esto que me siento pecar, haciendo de esta forma que el pecado y yo “bailemos con la sinceridad del deseo” (Somoza, 1996).
Todos somos conscientes de que soñamos y fantaseamos con aquella Blanca silenciosa, una fantasía que sólo nosotros conocemos, siendo socorrida por nuestros deseos más carnales y primitivos, hago énfasis en la palabra silenciosa porque si esa fantasía nuestra pudiera ser exteriorizada miles de Blancas morirían y cientos de Lazaros “se alejarían dignamente con un silencio poderoso” (Somoza, 1996).
Tomo como profesores a Héctor, y a Aschenbach, personaje del libro Muerte en Venecia escrito por Thomas Mann, cuando se refiere a que el deseo es algo que se apodera de uno mismo, es algo que no se pide, es algo que sin darte cuenta te posee cual demonio y se hace dueño de tu ser, porque existe ese “…terror sagrado que invade al hombre de sentimientos nobles cuando se le presenta un rostro semejante al de los dioses, un cuerpo perfecto y fuera de sí, apenas si se atreve a mirarlo…” (Mann, 2011), porque junto con ellos soy testigo de que “…la belleza es a la vez visible y digna de ser amada…” (Mann, 2011). Ambos personajes se embelesan por la belleza y adolescencia de sus respectivos personajes secundarios.
Es la adolescencia la etapa en donde el comportamiento sexual despierta y estos se transforman en seres sexuales, muchos de nosotros fuimos Elisa alguna vez, temerosos de hacer algo que nuestro cuerpo pedía a gritos y llenándonos de dudas sobre si lo que estábamos haciendo, pensando o sintiendo estaba bien o mal lo que queríamos hacer, o fuimos un Lázaro repletos de culpa por disfrutar de algo como la sexualidad a tan corta edad o tal vez una combinación de ambos.
No puedo llamar a Héctor culpable, de la misma forma en la que no puedo llamar a Elisa y a Lázaro víctimas, pero tampoco puedo llamar a Verónica prejuiciosa porque estaría siendo hipócrita con mi forma de pensar, fue el deseo el que los hizo actuar de la forma en la que lo hicieron. Siendo honestos, ¿Quién no ha sentido atracción por alguien, que de acuerdo al punto de vista de la sociedad, “no es adecuado”? Debemos comprender que el deseo sólo es el anhelo de saciar un gusto, es algo que nace desde el fondo de nuestro ser y,  a veces, incluso es imperceptible para nosotros, y cuando nos damos cuenta de que existe, ya no hay vuelta atrás, y nos sentimos obligados a satisfacer ese deseo incontrolable.
Espero que algún día, todos podamos experimentar algo tan revelador como un  ritual de la ceguera.

Trabajos citados

Mann, T. (2011). muerte en venecia. México: grupo editorial tomo, S.A de C.V.
Somoza, J. C. (1996). silencio de blanca. Madrid: suma de letras .




[1] Adriana Gonzalez. (2013). Sexualidad: ¿Qué es?, ¿Cómo la expreso?, ¿Es una forma de vincularse? Recuperado de: http://bsexcurious.blogspot.mx/2013/09/sexualidad-que-es-como-la-expreso-es.html),

martes, 11 de octubre de 2016

Ella

Hugo López Coronel


Obra gráfica
Isis Samaniego y Valencia
Ella girando, al centro de la habitación, deja escapar algunas risas. Los girones lejos de las puntas de los pies, sobre el eje que precisa la figura de ella, con rostro alegre. Ella sonríe. Ella gira. Ella estira los brazos, da un salto, vuelve a girar. Ella ríe.
          - No hagas ruido. Sabes que se molesta si te ve aquí.
Ella ignora la voz, continúa dando vueltas y saltos; y ríe. Un tono de pausa.
- ¡Qué importa!... Jamás entenderá-. Y vuelve a los saltos, a los giros, a las risas. Ángela se pone en pie y va hacia la puerta; pasa el seguro. –Sí, pero… a veces logra convencerme… y me da miedo… No me gusta oírlo. ¡He pensado que deberíamos irnos de aquí!-.
Ella detiene su danza y mira sorprendida a Ángela.
– ¿Qué dices? Sabes que no puedo dejar esta casa. Es lo único que queda de mi madre-.
Ángela baja la mirada, va hacia la cama y se sienta en la orilla.
– Perdona. A veces lo olvido-.
El silencio se hace. Ella vuelve a sonreír, regresa al centro de la habitación y gira, su risa es más intensa. Ángela, desde sí, la mira con cierto dejo de complacencia. Sonríe. Su rostro se ilumina y tímidamente sonríe.
Toc. Toc… Toc. Toc… Angustiada Ángela voltea la mirada hacia la puerta, ve que la manija se mueve de arriba abajo. Ángela vuelve el rostro.
– Te lo dije… Es ella otra vez-.
Su voz crepita en un solo instante toda su existencia. Ella, de inmediato, deja de girar y riendo corre hacia al armario.
- ¡Ángela! ¡Abre la puerta!
Lenta y temblorosamente Ángela quita el seguro. Da unos pasos hacia atrás. La puerta se abre.
– ¡Debes terminar con esto!-.
Ángela quiere interrumpir, pero su voz se enreda en la garganta y se ahoga. Entonces el llanto la domina, pone las manos sobre su rostro y se sienta en la orilla de la cama.
–Debes aceptarlo Ángela. Es por tu bien-.
El tono de la voz es suave, comprensiva.
En un instante, Ángela deja de llorar y levanta la mirada.
-¿Entonces…
-Sí Ángela… ¿Cuándo le dirás que ella no es real?
        


Santa Lucía, Puebla. 21 de febrero de 2009