jueves, 2 de octubre de 2014

La Poesía [Escritura] y su relación con el Delirio [Verdad] como expresión del Ser [Inconsciente estructurado como un lenguaje]


Por: Pablo Garay Marín
Colaborador

Allí donde Ello era, Yo debe advenir.
S. Freud.
Ahí donde me pienso no soy y donde soy no me pienso.
J.  Lacan

I.
¿Pueden tener el mismo cimiento estructural  la Poesía y el Delirio?

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Miguel Escabernal

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Sin ánimo de pretensión teórica,  la respuesta que intentaremos elaborar la obtendremos desde el ámbito Psicoanalítico y Filosófico. Ahí de donde la Verdad, sólo es presentada como un desocultamiento, donde la Escritura es el molde de la subjetividad, donde lo Inconsciente se estructura como un lenguaje y habita al Sujeto, ahí donde lo hace presa de éste, donde es Sujeto de lo Inconsciente. Y no únicamente hablando de la teoría, sino desde quien escribe este artículo. Porque de qué otra forma se puede escribir, si no es arriesgando el propio Ser.
De esta forma, la línea que recorreremos será la de establecer qué relación guardan la Poesía y el Deliro como formaciones de lo inconsciente. Cómo pueden tener cierto rasgo de semejanza dos cosas aparentemente opuestas; por un lado, una que obedece más a un “arte” a una “estética” y por otro lado, un aspecto que obedece a una insensatez, a una enfermedad. Paralelamente procuraremos establecer [aventurar] la relación que pueden guardar los términos antes mencionados con la noción de Verdad (Heidegger) Escritura (Derrida) y Lenguaje (Lacan). Ambicioso; tal vez. Cumplible; es la apuesta. Honesto; indudablemente.
Partamos del hecho de asemejar el delirio y la poesía. Como ya mencioné en otro lugar[1], la concepción del primero ha sido y es, sin duda, la concepción como algo enfermizo, denigrante al propio logocentrismo occidental y por qué no, hasta diabólico; mientras que el segundo se asocia más a la belleza del Ser, la armonía de los versos al amor y la grandeza del espíritu humano ¿Dónde entonces se pueden asemejar tales constructos análogos?

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He aquí lo formidable del hecho, se pueden asemejar por sus analogías, es decir; que más belleza que la creación humana del delirio por el amor utópico, pasional; de la armonía humana y sus vicisitudes cotidianas por lograr el tan anhelado momento mítico de la Nirvana existencial; que más armonía que la de los versos que emanan de un espíritu hablante, rebelde, contestario a la realidad asfixiante de nuestros propios esfuerzos de sistematización humana o mejor dicho, de los amos que nos hemos creado a la medida; qué fuerza más endemoniada, aquélla que nos hace vibrar con el amor carnal, el odio y los celos de la salvaje cultura corporativista-mercantil que vivimos a través de nuestras organizaciones capitalistas. Cómo defender, que lo que llamamos Cultura, no puede ser sino un delirio humano. Cómo saber que lo que llamamos humano no es más que un delirio ancestral.
Afortunadamente para los poetas, efectivamente el delirio puede ser poético y ellos aspirar a ser aquellos locos que mueven los hilos de la vida. Afortunadamente tendremos siempre poetas contestatarios –entre muchos- como Saramago y su izquierda, Sor Juana y su manifiesto contra aquellos que acusáis sin razón a la mujer…; un Sade o Cristina Rivera que nos traslade al erotismo sin necesidad de 8 mm; lo picaresco de una noche con Sabina y vino tinto; la profundidad de Benedetti, el bunburismo cínico de Wilde y tantos locos que han respondido a esto que llamamos Razón-Sentido y que ha abierto brecha en la rebeldía del Ser, en la incontenible Verdad del Sujeto.
Y me sigo preguntando ¿Aún es posible sostener que no hay relación entre ambos?

II
La Escritura del Ser

La historia que vivimos es una escritura
Octavio Paz


La primera lectura que haremos con respecto a la Poesía como escritura, es a partir del término de Escritura de Jacques Derrida ¿Es necesario esta lectura? Por supuesto, si es que tratamos de demostrar que la poesía es una escritura, pero no una cualquiera, sino una Escritura del Ser. Situémonos primeramente sobre la polémica de la que participa Derrida, al criticar cierto logocentrismo que subordina la escritura a la expresión oral, entendida como la palabra que además es irrumpida por el pensamiento, de ahí el logocentrismo. A esto sumado el trabajo de Saussure con respecto al significado y significante. Pero qué es lo que retomamos de Derrida, para fijar los cimientos de nuestra homologación teórica de la poesía y el delirio.
¿Por qué la Poesía es la Escritura del Ser? Derrida afirma que la escritura no puede estar subordinada por la expresión oral, tampoco afirma lo contrario. Simplemente asevera que la realidad no puede ser abarcada ni por la palabra escrita ni menos por la expresión oral. Para él, la escritura es un intento banal de la adecuación de la realidad, tan sólo es un agente de significantes que los organiza y origina, lo que conocemos como lenguaje. Para Derrida la palabra plena nunca será un acceso a la realidad, debido al hecho de la no-correspondencia entre significado y significante, contrario al planteamiento saussureano. Según Derrida (1989) hay un hecho importante al que denomina Difference, de la cual desprende que es absolutamente necesaria esta Difference en la creación de significado. Afirma que la consecuencia del juego entre conceptos y palabras deja como resultado el hecho de que no haya presencia pura, que como dice él en el texto de Escritura y Diferencia (1989) no existe palabra plena ni existirá jamás. Por lo que el anhelo de un signo que describa plenamente la realidad es un sueño imposible.
Qué queda de ello. La Ausencia diría Derrida. Esto es justamente la materia prima del poeta, hablar de las ausencias, hablar de lo que no está físicamente, hablar de lo que por su dificultad de aprenderlo se hace objeto de metaforizarlo. Y no sólo es asunto de establecer estructuras gramaticales, sino de dejar o mejor dicho vaciar esta imposibilidad de abarcar dicha realidad que sólo el poeta observa y relaciona en versos que -con o sin- estructura gramatical ad hoc puede delinear a modo de darnos una idea –cercana quizás- de lo que está observando, de lo que está viviendo.  

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Y esto es justo a lo que Lacan se refiere al asegurar, que la palabra es aquello que padece por el significante, aquello que se pierde en la significación, a saber la Verdad o en términos de Derrida; la palabra plena.
Por esto mismo la poesía no la hacen todos, sino sólo aquellos que se dejan poseer por esta ausencia de significado y la rellenan de sus propios significados. La poesía es escritura hecha por aquellos que logran acuñar ciertos significantes en torno a un significado. Aquello que está en su mente y solo a ellos responde. Ese es el valor del Significante Lacaniano.
De otra forma, cómo imaginaríamos –por ejemplo- el “amor” significado por el Sr. Pérez o García solamente. La belleza de ese concepto es que cada quien le atribuye una experiencia propia y un cúmulo de significantes propios, que en su conjunto estructuran lo que podríamos decir; un poema. Por supuesto no todos escriben lo que sienten, ni todos tienen el bagaje de significantes para hacerlo, pero no por ello cada sujeto es presa de sus propios significantes para sentirlo-vivirlo, aspecto fundamental en la lectura de la poesía. De esta forma la poesía es arma de dos filos; arma de seducción para quien se atreve a escribirla y filo seductor para quien se deja seducir por la lectura de ella.

III
La Verdad como estructura del Ser.

La Verdad tiene estructura de ficción.
Jacques Lacan

Ya hablamos del hecho de que ningún significante logra producir la significación en sí mismo. Afirmamos la no-existencia de una palabra plena, con base en Derrida. Comentamos acerca de la diferencia que queda después de producida la precipitación de significado en torno a un simple molde, a saber; la letra, la escritura en sí misma. Sin embargo cabe la pregunta acerca de qué es entonces para un sujeto ese “resto” que no alcanza a ser aprendido por el signo ni por el habla. A saber; la Verdad.
A menudo confundimos el término Verdad, como acierto-sabiduría-conocimiento validado y por lo general se dice de la Verdad, como algo inaccesible para el sujeto y justo por inaccesible es también misterioso y enigmático. Sin embargo, no es la única concepción y en esta ocasión haremos uso del término, desde la lectura que Martin Heidegger tiene al respecto y que más adelante usará el mismo Lacan para fines de la teoría psicoanalítica.
¿Qué es la Verdad? Heidegger (1971) afirma al respecto de la Verdad, que sólo puede ser concebida como un desocultamiento o para ser más exactos, él la denomina: Aletheia.
Heidegger asevera la imposibilidad del hombre de acceder a lo absoluto de la Verdad, sin embargo tampoco está exento de ella, es por eso que propone la idea de que sólo a través de pequeños instantes, los cuales denomina como sagrados, es posible acceder a ella ¿y por qué desocultamiento? Justamente en la medida en que se des-oculta, en que algo de la naturaleza de la Verdad es arrancado del ocultamiento y se manifiesta para después volverse a ocultar y permanecer como un enigma. De otro modo no sabríamos nada de ella.
Esto resulta más claro en la medida en que imaginamos el mundo de las ciencias sociales y la variedad de corrientes de pensamientos dónde ninguna por sí sola, ha logrado aprender eso que denominamos realidad y que nos llevaría a explicar la Verdad de la esencia humana, basta preguntarse  ¿qué es lo humano? Y el cúmulo de teorías dónde nos explicarían –unos más que otros- cuál es el significado de ello, teniendo en cada una parcialidades de dicha respuesta, o bien imaginar cualquier paradigma científico dónde no haya sido la suma de investigaciones la que nos permite llegar a afirmar algún dogma que años mas tarde se sabe que será sustituido. No es mas que esas “parcialidades” de verdad, que se nos van des-ocultando. Incluso Heidegger (2001) también llega a afirmar al respecto, que aquello de la Verdad del sujeto solo es manifestado a través de lo que denomina “sendas  verdades”, refiriendo a que no existe ni siquiera una sola Verdad sino que, es solo la Verdad que cada sujeto construye a partir de su experiencia.
¿Qué ocurre en la experiencia del Sujeto al hablar de Verdad?

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Aplicando aquí algunas categorías psicoanalíticas, diremos que cuando Lacan importa este concepto de Verdad heideggeriano, lo hace para explicar que toda manifestación de lo inconsciente, sólo puede entenderse a partir de la idea del des-ocultamiento, como lo refiere Jorge Alemán (1998) El ser se (des)oculta, brota como apariencia, aparece, se presenta.  
             En el seminario Encore (1975) Lacan afirma que la Verdad sobre el deseo -que es inconsciente- es a menudo expresado a través de actos fallidos, tales como lapsus, sueños, síntomas, etc. Si seguimos a Lacan en su lectura, podemos darnos cuenta que en realidad, dicha idea proviene del mismo Freud, quién en su Interpretación de los sueños (1900) nos propone la lectura de éstos, de una manera diferente, aquella dónde cada significante de un sueño no necesariamente corresponde a los significados universales sino a los significados de cada Sujeto. Uno de los aspectos que divide a Freud de Jung y a Lacan de Saussure. Dichos conceptos de Verdad, Verité y Aletheia  apelan –desde la lectura psicoanalítica- al hecho de que aquellas manifestaciones de lo inconsciente serán siempre momentos sagrados –ya lo mencione antes- los cuales se manifiestan solo por pequeños instantes y que están ahí para ser leídos por el sujeto que emite dicha palabra, a título de mensaje –para ser leído- y que es a través de esto, que Freud denomina; formaciones de lo Inconsciente, dónde el Ser del Sujeto se manifiesta para inmediatamente después, difuminarse en la sabia expresión de la negación; ups! me equivoque, no fue lo que quise decir, etc.
        Si hablamos de la Verdad del Sujeto, precisamente nos referimos a que es sólo a través de lo que denominamos como formaciones de lo Inconsciente, como se puede tener noción del propio Ser, que se despliega a través de los sueños, los lapsus, los síntomas, las mentiras y efectivamente en el Delirio, que es el núcleo central de nuestro trabajo.
Y aquí nos encontramos con la critica que hace Lacan a Saussure, mientras este afirma que el significante es el elemento fonológico del signo, su imagen mental acústica que significa un significado. Lacan afirma que es cosa contraria y que cada significante no significa nada en sí, sino a través de la mediación del Sujeto es que se carga de significado y es entonces que un árbol puede ser a la vez un árbol de levas como también un árbol genealógico o incluso ambas, según el sujeto que lo enuncia.

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       En este contexto, qué es entonces un Delirio; palabras burdas e insensatas que no tienen ningún sentido para quien las oye ó bien; una creación lingüística donde cada significante está lleno de los propios significados del delirante en turno y quizás por accidente o con intención, son acomodados de una forma tal, que generan un Texto, dónde la diferencia –de la que nos habla Derrida- queda subyacente-suspendida como niebla en la estructura de dicho texto delirante, pero que sin embargo, es ahí donde reside la Verdad de dicho Ser, que se des-oculta en cada significante del delirio y que si tiene suerte, alguien llegará al intento de leerlo ¿Dónde marcar la diferencia de la poesía?   
Y justo es el punto en que Freud, se atreve a cambiar la concepción del Delirio, como una tentativa de cura, que solo a través de su lectura es posible estabilizarlo. Lo que Lacan denominaría muchos años más adelante como el Sinthome.
          Viene a mi mente, un ejemplo que bien puede ilustrar esto, a saber; el tan citado caso del Presidente Daniel Paul Schreber, el cual tras ser nombrado Juez de la Suprema corte de Dresde, le sobreviene el delirio sobre, qué se sentiría ser una mujer en el momento del acoplamiento y de ahí desarrolla dicho delirio, en que él puede ser la mujer de Dios, del cual nacerá una nueva especie humana ¿Este argumento futes puede significar lo mismo para quien lo escucha que para el Dr. Scherber? Sin duda alguna no. En el caso clínico de El Sr. De los lobos de Freud, la imagen “V”, juega un papel importante en su alucinación y nadie podría atribuirle un significado tan sólo por verlo. Ese es el punto de la significación en psicoanálisis, en el cual no existe un tesoro de los significantes universal que explique todo, sino que cada sujeto produce sus propios significantes en torno aquello que –cree- que es su Verdad. De aquí deriva que la clínica psicoanalítica no es aplicar leyes patógenas a cada síntoma psicológico, sino que cada sujeto construya su propio edificio de Verdad, dónde los significantes adquieran un valor y una lógica propia. Sin duda esto puede generar más angustia, que meramente aplicar un diccionario médico. Es como descender al infierno acompañado de la mano delirante de Dante. 
      
IV. Poesía y Ser

Poetizar es nombrar una palabra para el oficio
de hablar del ser; inventarle a un vulgar
físico sonido, el oficio de hablar del ser.
J.D. García Bacca



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En párrafos anteriores empezamos a dilucidar esta relación desde la lectura psicoanalítica y hasta ahorita hemos aseverado la relación de  la poesía como producción literaria íntimamente ligada al campo de la Verdad, entendida esta como Verdad del Sujeto, en tanto que es expresada a través de las formaciones de lo inconsciente, las cuales son pequeñas manifestaciones que se desocultan en la medida que se retienen como ocultamiento.
Realmente esta relación en la tradición psicoanalítica, no la inicia Lacan con Heidegger, viene desde el mismo Freud. Como mencionamos anteriormente, en Interpretación de los sueños (1900) ya inicia una manera diferente de analizar los sueños, los lapsus e incluso los mismos síntomas y no porque el sueño o cualquier otra manifestación de lo Inconsciente sea poética por su estética, sino mas bien es poético por su arquitectura, ya sea del sueño o del Delirio podríamos afirmar que tanto uno como otro, son escritura poética del deseo, que quizás no están apegados a las leyes de la métrica, sino a las leyes de la pasión –si es que existen-. La poesía “clásica” implica tal vez rima y métrica, la poesía leída desde el psicoanálisis implica “estallido” y es además una guerrillera del sentido
            La poesía métrica acomoda las palabras ordenadamente de acuerdo al sentido que quiere significar; el poeta que hace poesía, por el contrario, es aquel que se deja poseer por la Palabra y de la cual hace texto, dónde las palabras se revelan, irrumpen, se convierten en a-dicción, dónde van y vienen en una pasión marítima, dónde la ola que revienta por la noche, hace que los significantes se precipiten en torno a un texto, texto a partir de la experiencia de quien se arriesga a hacerlo. De ahí su Verdad, de ahí la Verdad de su Decir, que lo implica y que lo hace quizás mi-ser-hable, en la medida que es sabedor, de que nunca vendrá la Palabra que logre capturar su propio deseo, su propia Verdad.
Por lo tanto, si argumentamos lo que una formación inconsciente tiene de naturaleza poética, luego entonces, cabe la pregunta ¿Cómo es la arquitectura de una formación de lo Inconsciente? Según LaPlanche y Pontalis (1993) las formaciones del Inconsciente se definen como aquellos fenómenos en los cuales las leyes del inconsciente se ven con mayor claridad, a saber; el chiste, los síntomas, los lapsus y aquí distingo el delirio. Freud denomina estas “leyes” como la condensación (conjunto de distintas imágenes en una sola) y el desplazamiento (imagen que es desplazada por otra) que Lacan redefine como metáfora y metonimia. En ambos casos –Freud y Lacan-  lo que denominan dichos conceptos, son las irrupciones involuntarias en la existencia del sujeto, que siguen procesos lógicos e internos del lenguaje y que permiten registrar el deseo. Inconsciente estructurado como un lenguaje (Lacan 1966)
          Tal es el caso de los síntomas. Por citar alguno; en el síntoma histérico por ejemplo, la imagen inconsciente –trauma dirían algunos- es reemplazada por una nueva imagen que representa a la anterior y dónde se concentran varias representaciones de tipo inconsciente. El síntoma se presenta por ejemplo en el dolor de piernas o en alguna dermatitis por citar alguna patología específica ¿Qué función tiene dicho síntoma? Representar para el sujeto una vivencia que fue dolorosa o penosa, a partir de una imagen que resulte ajena. En este caso la zona del cuerpo, que por alguna razón asociativa, se convierte en la receptora de todo ese cúmulo de significados que en principio son enigmáticos para el sujeto, que solo sabe que sufre.
        En este caso, tanto el síntoma como la zona del cuerpo se conjugan en una sola representación, la cual se convierte en metáfora de un proceso inconsciente, que llevo a fusionar ambas y que tras la experiencia analítica, al sujeto se le revela un significado. En este caso es dónde Lacan afirma que no existe la correspondencia entre significante y significado. Un dolor de piernas no necesariamente puede ser una mera artritis sino más bien puede ser el dolor de caminar, de caminar en la vida… Nótese la resonancia de posibles significados; caminar en la vida… cómo se convierten en la metáfora de un cúmulo de significados propios de quién lo padece.
         ¿Qué ocurre en el delirio? Bajo esta perspectiva el deliro es el juego de significantes en movimiento constante –metonímico- los cuales dejan de tener un solo significado lingüístico y adquieren el significado que cada sujeto le asigna. De esta manera, un delirio se nos presenta no solo como algo extravagante e insensato, sino también como algo loable y digno de todo el respeto posible, como la paz del mundo. En resumen, el delirio como toda formación del inconsciente, expresa la verdad del sujeto. La estructura del lenguaje –que preexiste al sujeto- es su condición, la que lo estructura. En este sentido, el lenguaje en psicoanálisis será siempre vinculado a la búsqueda de la verdad –del sujeto mismo- aunque esta se revele en la estructura de la ficción, misma ficción o realidad, que leemos en los múltiples poemas de aquellos que escriben o bien de aquellos que trascienden la experiencia analítica.   
            En este sentido, entendemos el delirio como el juego de significantes que el sujeto articula en un discurso y en dónde cada significante tiene un papel y significado propio. La poesía es en cierto sentido lo mismo; la armonización de un cúmulo de significantes en dónde cada uno es revelado a modo de enigma, a veces hasta del mismo creador.
En ambos casos –delirio y poesía- están ahí siempre para ser leídos, pero siempre ocultando la fibra intima de su significado (Des)ocultándose y por eso mismo, nunca se decodifican o acaso algún poeta explica el porqué de una palabra en lugar de otra.      

VI
Conclusión

Definitivamente pensar que el oficio de la escritura o de hacer poesía esta descrito solo por haber hecho algunas líneas de reflexión en torno a ella, sería más que presunción, una insensatez absoluta. El asunto aquí fue argumentar una hipótesis, en torno a qué tanto el delirio como formación del inconsciente –estructurado como un lenguaje- puede encontrar las mismas coordenadas artífices de la poesía como actividad humana. Ambas son producciones un tanto espontáneas, inexplicables en función de su momento creativo y en definitiva implican a quien lo produce, a veces más a veces menos, pero en definitiva vaya que un poeta como un sujeto, están jugados en su creación, llámese esta; novela, poema ó bien lapsus, síntomas o discursos delirantes. Cabría la pregunta sobre quiénes en realidad pueden escribir poesía, considerando que todos, de alguna manera somos sujetos de lo inconsciente. Mucha gente es asidua lectora a la literatura, pero sin embargo no tienen el oficio de escribir poesía. Me parece una respuesta tan enigmática y misteriosa como un poema mismo.
       Queda abierto el elemento, acerca de cómo se juega específicamente el delirio psicótico y su relación con lo Real lacaniano y la creación poética, incluso podría reflexionarse sobre esta misma perspectiva, a partir de aquello que el psicoanálisis lacaniano entiende por lo femenino y su relación con lo Real, con la creación artística y sobretodo con la poesía.
             Asemejar el arte de la poesía con la clínica psicoanalítica es muy fructífero pero a la vez muy arriesgado, pues es mezclar “lo bueno” con “lo malo”, sin embargo esa era la apuesta. Lo que si debe quedar claro es que a partir de la pluma de Freud, el psicoanálisis abrió una brecha insoslayable entre la interpretación y la decodificación, entre el significado y el significante, en la cual gana únicamente quien pierde, a saber; el sujeto, como sujeto de lo inconsciente y esa es la mal-dicción del Psicoanálisis.  

      La realidad es un manojo de poemas sobre los cuales nadie reclama derechos de autor. Debajo de cada piedra, de cada baldosa, se esconde un poema.
M. Benedetti.


REFERENCIAS.
Aleman, J. & Larriera, S. (1998) Lacan:Heidegger. El Psicoanálisis en la tarea de pensar. España: Ed. Miguel Gómez Peña.
Derrida, J. (1989) La escritura y la diferencia. España: Anthropos. 
Freud, S: (1996) La interpretación de los sueños. Tomo IV. Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S: (1996) De la historia de una Neurosis Infantil (Hombre de los Lobos) Tomo XVII. Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S: (1996) Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (Dementia Paranoides) descrito autobiográficamente. Tomo XII Buenos Aires: Amorrortu.
Heidegger, M. (1971) El Ser y el Tiempo. México: Fondo de Cultura Económica.
Heidegger, M. (2001) Introducción a la Filosofía. Univesitat de Valencia, España: Frónesis Cátedra.
Lacan, J. (1966) Función y campo de la palabra y el lenguaje en Psicoanálisis. Escritos I. Buenos Aires: Siglo XXI Ed. 
Lacan, J. (2001) La instancia de la Letra en el Inconsciente ó la Razón desde Freud. Escritos I Buenos Aires: Siglo XXI Ed. 
Lacan, J. (1975) El Seminario, libro 20 “Encore”. Buenos Aires: Paidós. 
La Planche, J. & Pontalis, J. (1993) Diccionario de Psicoanálisis. España: Ed. Labor.



[1] Garay, P. (2012) El Delirio: entre la locura y la poesía. Revista Amanecer Universitario, (135), 4-5

martes, 2 de septiembre de 2014

Sucinto repaso por la oscuridad de Lezama Lima
Por: Omar Kuri Vidal[1]
¡Ya yo sabía que alguna noche
se rompería el ala sobre la frente herida!
Del poema Yo ya sabía

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http://hoy.com.do/jose-lezama-lima-y-la-isla-vacia/
Con José Lezama Lima (1911), las letras cubanas sellaron su vigor cosmopolita y decidieron entrar por la puerta grande al movimiento literario llamado boom latinoamericano. Así, en la tierra de los héroes esclavos, Lezama Lima se leyó  como un experimento místico y parabólico desde una poética erudita, lúcida. Poeta, novelista y ensayista precavido, supo desarrollar los temas que antes habían sido prohibidos por las estéticas independentistas y tiempo después, revolucionarias: homosexualidad, erotismo heurístico, hedonismo del imaginario colectivo. Pero Lezama también fue el reflejo de una acendrada representación de la cultura europeizante que privaba ya por entonces a las vanguardias españolas e incluso, su escritura se vio en los cauces de la pionera imaginería de los análisis estructuralistas, contraponiéndose por mucho a la tradición de la poesía bucólica, hasta cierto punto nacionalista, y sin duda alguna, extremadamente sociológica, la cual era encarnada todavía por la voz de José Martí. Formador de escritores y gestor de las consciencias poéticas de su época, Lezama aprendió rápido el oficio de editor, explorador y emprendedor de las propuestas literarias más avezadas materializándose en su obra magna: Paradiso, publicada en 1966. Cabe decir que la raíz de hábitos y costumbres militares derivadas de su progenitor, no marcó en él frutos de ignorancia ni tampoco de prejuicios. Al contrario, luchó por la democracia política, social y por supuesto, cultural. Alegórico, los símbolos en la poesía de Lezama son códices secretos, enigmas de la sensibilidad y de la intuición, donde los significados advierten una profusa indecisión del ser, el restablecimiento de la fe pero ensimismada ésta en el abismo de las cosas que han perdido sentido. La poiésis del escritor, quien de igual modo vivió en México por largas temporadas, es la de un rapsoda parado en la plataforma de lo inusual porque es barroco, con imágenes que renombran objetos, situaciones, personajes y lugares con la finalidad de imprimirles nuevas concepciones, tomando el papel de un profeta de la escritura hermética, aunque su carácter endogámico se hace visible paradójicamente para permitir al lector sobre todo, poder desentrañar la otredad de un mundo heterónimo en cualidades y defectos; de dioses bastardos y demonios copartícipes del triunfo y el prestigio; y de los cielos más obtusos e infiernos menos ciegos. Acercarse a la lírica de Lezama Lima (fenecido en 1976)  a más de cien años de su nacimiento, invita a restituir la lectura del más intelectual de los poetas escondidos, rechazados y con prontitud, hay que señalarlo con bravura, del gran autor del sigilo, del desprendimiento órfico, del hechizo en contra del realismo literario.





[1] El autor es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UAM y maestro en Literatura Mexicana por la FFyL de la BUAP. Es catedrático en diversas universidades y colabora para distintos medios impresos. 

sábado, 23 de agosto de 2014

El Greco y Dostoievski en José Revueltas

Por: Linén Rojas Romero[1]

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Álbum: Ordinary Finding Vol. 18
Gio McCluskey
Igor Morski
          Este año se cumple el centenario del natalicio de uno de los escritores más disidentes de México: José Revueltas (1914-1976). Es conocido por su activismo político como militante del Partido Comunista Mexicano (PCM), la manifestación más clara de su afán por combatir la injusticia y la desigualdad en nuestro país. Su inmensa producción novelística y ensayística es más que una obra panfletaria, es una literatura comprometida y crítica, aun de sus bases ideológicas. Hecho que, en 1943, lo expulsó de las filas del PCM. El presente texto quisiéramos dedicarlo a uno de los elementos constituyentes de la obra revueltiana, nos referimos a sus influencias artísticas.En especial a dos: Doménikos Theotokópoulos -El Greco- y Fiodor Mijailovich Dostoievski presentes en Los días terrenales (1949). Donde realiza una profunda reflexión en torno a dos aspectos que se vinculan: el arte y la política, de esta última, formula una crítica al PC y a su ideología. La novela es considerada una respuesta a sus antiguos camaradas.           Razón por la que recibió opiniones desfavorables por parte de la izquierda latinoamericana, entre ellos, Pablo Neruda. Como resultado, la novela fue retirada de mercado y el autor ordenó que no volviese a editarse: “En la historia de la literatura mexicana no se ha presentado todavía un caso similar al de Revueltas cuando pidió a sus editores retirar de la circulación Los días terrenales” (Ruiz Abreu 227).
          Los días terrenales narra las historias de varios personajes, cuyas acciones, sentimientos y reflexiones convergen en el PC del que todos son militantes. El personaje principal es Gregorio Saldívar, con quien abre y cierra el relato. Es enviado como delegado a Acayucan, Veracruz, para organizar a los pescadores y alinearlos al PCM. Sin embargo, luego de que Epifanía, una prostituta, mate a Macario Mendoza, sicario de los caciques, para proteger la vida de Gregorio a quien ama, este último se ve obligado a incluir el suceso en el informe que debe enviar al PCM. Como consecuencia, el Partido le ordena volver para ser juzgado pasando por alto los motivos en torno al asesinato y etiquetándolo como crimen pasional. Al final es puesto a prueba ordenándole encabezar la “marcha del hambre”, la cual parte de la ciudad de Puebla a la Capital. El texto concluye con el encarcelamiento de Gregorio en la Ciudad de México.
          Múltiples son las influencias y las relaciones de intertextualidad que la obra revueltiana ofrece; pero el caso que nos ocupa se manifiesta en un pasaje concreto del texto: la pesca de los juiles. Realizada por los devotos de la virgen de Catemaco, quienes aprovechan la madrugada, cuando aún duermen los peces, para emboscarlos en un recodo del río. El trabajo en medio de las sombras y las siluetas estilizadas permiten asociar el acontecimiento con el cuadro El entierro del conde de Orgaz (1588) del Greco, el cual conmemora el milagro en el que los santos Agustín y Esteban aparecen frente a la multitud para depositar en la urna funeraria al señor de Orgaz. El milagro tuvo lugar en la iglesia de Santo Tomé, Toledo, en 1323. La semejanza es propuesta por Gregorio, que además de activista es un antiguo estudiante de pintura. La asociación entre los elementos avanza al punto de que Saldívar se compara con el segundo monje, de izquierda a derecha del cuadro, el que porta el sayal más oscuro y habla con el otro monje mientras extiende la palma de la mano hacia arriba. La asociación será determinante como veremos más adelante pues resumirá la visión que Revueltas concibió en su novela sobre el comunismo. Sin embargo, para que la semejanza sea completa falta un tercer elemento: el cuerpo del Conde. El texto entonces hace aparecer, en medio del agua, el cuerpo de un hombre ahogado. Se trata de Macario Mendoza. Revueltas reflexiona en torno a la muerte, uno de los temas que más le apasionaban. No obstante, no nos detendremos ahí. Pues queremos llevar la muerte al punto en que está relacionada con el milagro y la religión. La muerte del Conde como la de Macario ya no les pertenece pero están obligados a permanecer en sus puestos por el simple hecho de estar muertos. Su muerte ahora pertenece a aquellos que la contemplan aunque no les importe. En el caso del Conde, a sus amigos y protegidos. En el de Macario, a la gente del pueblo de quien abusaba. Es necesario señalar cómo Revueltas se detiene para señalar el modo en que los otros asumen la muerte ajena, con indiferencia pero también con placer, con bienestar de saber que ellos no son los muertos. Finalmente, es una muchedumbre indiferente que alberga deseos propios y lejanos al acontecimiento mismo.
          Al respecto del milagro y la religión, quisiéramos abordarlos en su relación con el socialismo. En la novela, los miembros del partido son vistos como sacerdotes, el caso de Fidel: “Como un cura. Fidel era como un cura” (Revueltas 34). Ambas instituciones, la religiosa y la política, alcanzan un punto en el que importa una rectitud escalofriante que desdeña la naturaleza humana como una debilidad. El milagro desempeña entonces un siniestro papel, el de convencer a los feligreses. En la novela, el milagro está representado por la muerte de Mendoza, represor del pueblo y representante de la justicia de los hacendados. El pueblo, ante el acontecimiento mismo de la muerte se reúne, al darse cuenta de quién es el muerto, se alegra: en principio por no ser ellos los muertos y luego porque ha perecido un enemigo. “La satisfacción de todos por la muerte del odiado jefe de las Guardias Blancas se palpaba en el aire” (81). Este “milagro” ha sido operado, aunque los comunistas lo rechacen, por el mismo comunismo que desde el principio reunió a los pescadores en el río. Gregorio es quien ha ocasionado la muerte del asesino a manos de Epifanía. Remitiéndonos al cuadro del Greco, no sería gratuito el hecho de que San Agustín sea quien toma entre sus manos al Conde, en tanto, a distancia, uno de los representantes de su Orden juzga los acontecimientos fríamente. Así, Gregorio seguiría siendo el fraile agustino que habla con el franciscano.
          El comunismo como asociación religiosa, desde el punto de vista de sus militantes, tiene una misión sagrada: lograr reunir bajo su manto a todos los habitantes del mundo, a pesar de ser estos buenos o malos a pesar de su falta de solidaridad. Algo semejante es expresado por el propio Gregorio hacia el final de la novela:
No era improbable [...] que la última revolución de la humanidad, una revolución de los hombres sin clases, dentro de un mundo comunista, fuese la revolución contra el remordimiento. Las grandes masas idiotamentte felices, ebrias de la dicha conquistada, ajusticiarían a los filósofos, a los poetas, a los artistas, para que de una vez las dejaran en paz, tranquilas, prósperas, entregadas al deporte o algún otro tóxico análogo (200).
          Desde esta perspectiva, los comunistas son el grupo elegido para salvaguardar la felicidad de toda la humanidad a cambio de ser los únicos que están conscientes de ello, racional y aterradoramente conscientes de la necesidad del milagro. El milagro puede, y es, una mentira necesaria que permitirá a los comunistas reunir a todo la humanidad en torno de ellos. Por eso, probablemente, el fraile es agustino y se encuentra en el mismo espacio en que su patrono (San Agustín) carga al Conde de Orgaz para depositarlo en la tumba: Gregorio es el fraile agustino rodeado por los creyentes.
          La idea de un número limitado de elegidos sobre los que recae la responsabilidad del bien común había sido desarrollada por Dostoievski en El Inquisidor General. Ahí se desarrolla la idea de la misión asumida por los padres de la Iglesia romana que consiste en ofrecer a los hombres la felicidad absoluta aunque para ello sea necesario el sacrificio de los elegidos quienes han abandonado a Cristo y entregado su causa, engañando al hombre y despojándolo de la libertad. De acuerdo con el relato, la libertad es una pesada carga proporcional a la alta estima en que Cristo tiene al hombre. El texto parte del pasaje bíblico en que el diablo tienta a Cristo en el desierto. Tomando como base las tres tentaciones, Dostoievski da cuenta de los tres instrumentos por medio de los cuales, la Iglesia somete al hombre. Siendo uno de esos instrumentos es el milagro porque al ser contundente y ocurrir a los ojos de las personas, ya no se tiene derecho a elegir sino a rendirse ante la evidencia de que Dios verdaderamente existe.
          Dostoievski propone que el cristianismo debe estar basado en el derecho a la libertad del hombre para que éste puede elegir seguir a Cristo o no.
Nos someterán los secretos más penosos de su conciencia, nosotros resolveremos todos los casos y ellos aceptarán nuestra decisión con alegría, pues ella les ahorrará la grave preocupación de escoger libremente por sí mismos. Y todos serán dichosos; millones de criaturas, salvo un centenar por cada mil, los directores salvo nosotros los depositarios del secreto. Los dichosos se contarán por millares, y habrá cien mil mártires encargados del conocimiento maldito del bien y del mal. ( Dostoievski 232).
          Y aunque las figuras de la libertad son distintas en Revueltas y en Dostoievski, significan lo mismo. En el caso del escritor ruso, los Padres traicionan a Cristo; en el de Revueltas, los comunistas traicionan la libertad del hombre.

Bibliografía:
Dostoievski, Mijaíl. Los hermanos Karamazov. Edivisión, México, 1999.
Revueltas, José. Los días terrenales. Era, México, 1949.
Ruiz Abreu, Álvaro. José Revueltas: los muros de la utopía. Cal y arena, Mazatlán, 1992.




[1] La autora es Licenciada en Lingüística y Literatura Hispánica y candidata a maestra en Literatura Mexicana por la FFyL de la BUAP; colaboradora en Óclesis, Víctimas del Artificio.

lunes, 28 de julio de 2014

Artificio: Breve esbozo de la teoría queer

Queer es arte: artefacto, artificio, artilugio y artesano.
Sejo Carrascosa

Por: Jorge Luis Gallegos Vargas.[1]

Óclesis
           
Fuente de imagen:
http://esemendiola.com/2009/05/contextos/
La teoría queer cuestiona los paradigmas estructuralistas, binarios y heterocentristas impuestos por la sociedad occidental. Las sexualidades periféricas son aquellas que rompen las fronteras entre lo correcto y lo incorrecto socialmente; las que trasgreden la monogamia, la heterosexualidad, ésas que sostienen relaciones entre personas de distinta clase social, raza, religión y edad; es decir, cuestionan los valores tradicionales y asumen la trasgresión desde lo marginal y la discriminación.
El vocablo inglés queer es empleado para designar todo aquello que tiene que ver con lo homoerótico. Esta teoría ve al género y al sexo como artificio o actos performativos resultado del discurso autoritario; la performatividad alude a la necesidad de darle sentido al poder del discurso para realizar lo que se enuncia y reflexionar cómo el poder hegemónico heterosexuado actúa creando realidades socioculturales en las que el sujeto se circunscribe.
Los pensamientos posestructuralistas de Michel Foucault, Teresa de Lauretis, Judith Butler, Donna Haraway y los modelos psicoanalíticos de Jacques Lacan explican la identidad descentrada y en la deconstrucción de estructuras lingüísticas binarias y conceptuales de Jacques Derrida. El papel de los teóricos ha sido el de examinar la oposición heterosexualidad/homosexualidad operante en los discursos patriarcales, homófobos y antihomofóbicos y de aquellos que rechazan la transexualidad, la intersexualidad y demás formas sexo-genéricas; es decir, busca deshacer cualquier idea de género e identidad y dar libertad al individuo de ser a partir de sus deseos; sin apegarse o alinearse a convenciones o estereotipos.
También, desafía los fracasos de la representación identitaria de la exclusión a los grupos silenciados y marginados, añadiendo a los estudios de género la creación de imágenes de hombres y mujeres homosexuales, con el fin de incorporarlos a las esferas artístico-literarias, vigilando que el uso de las significaciones generadas en el discurso homoerótico sean cercanas a la verosimilitud. Asimismo, verifica las articulaciones que existen entre género, sexo y deseo sexual, presentándolas en un modelo de transgresión, tomando en cuenta que la sexualidad se hace a partir de los significados culturales, alejándose de los estudios homosexuales y lesbianos.
La teoría queer hace inteligible las identidades que han sido incomprendidas por la historia de la sexualidad haciendo referencia al reordenamiento de la noción de sexo y género, confrontando las nociones, significados y significantes que la cultura ha dotado a lo masculino y lo femenino, apoyando la hipótesis de la performatividad.
La perspectiva queer surge como un espacio para especificar orientaciones, prácticas sociales y sexuales, de comportamiento e identitarias frente a una postura binaria de representación lésbico-gay, para convertirse en un espectro donde los sujetos convergen como entes en discursos de identidad centrados en ideales de los grupos activistas gay, con una clara tendencia hacia la izquierda; además de servir como ventana para la reivindicación de lo 'anormal', de lo 'torcido', de lo 'antinatural', de lo excluido.



[1] Sobre el autor: es licenciado en lingüística y literatura hispánica por la FFyL de la BUAP, licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Escuela de Comunicación y Ciencias Humanas y maestrante en Literatura Mexicana por la FFyL de la BUAP. Es miembro activo del grupo académico Óclesis, Víctimas del Artificio.
La filosofía marxista del lenguaje, según Jean-Jacques Lecercle
Por: Francisco Hernández Echeverría
Óclesis


Fuente de imagen:
http://www.artpane.com/Books/B1049.htm
El lenguaje ha sido definido de diversas maneras: como un órgano mental, una capacidad cognitiva, un estado de la mente, como un sistema de signos, un procedimiento computacional, como medio de comunicación o un medio de describir la experiencia, entre otros. Todas estas definiciones captan las características vitales del lenguaje, sin embargo, ninguno de ellas es (ni puede ser) completa. Además, se aproximan al lenguaje propuesto por el estructuralismo, el funcionalismo, el generativismo y el cognitivismo (concentrarse únicamente en las escuelas más importantes del pensamiento lingüístico del siglo XX) que en muchos aspectos son incompatibles. Como ha señalado Thomas Kühn, a menudo es imposible comparar las teorías debido a los diferentes usos de las nociones fundamentales, y las diferentes definiciones del lenguaje de hecho proporcionan apoyo a su tesis de la inconmensurabilidad. Por obvias razones, una situación similar se puede observar en la lingüística y, por extensión, en la filosofía del lenguaje, que tradicionalmente se ocupa de la naturaleza subyacente del fenómeno que los lingüistas estudian.
Jean-Jacques Lecercle estudió en la École normale supérieure de Paris. De 1999 a 2002 fue profesor investigador en el Departamento de Inglés en la Universidad de Cardiff. Actualmente es profesor de inglés en la Universidad de Nanterre. Entre sus obras tenemos: Philosophy Through the Looking-Glass: Language, Nonsense, Desire (Problems of Modern European Thought) (1985); The Violence of Language (1990); Philosophy of Nonsense: The Intuitions of Victorian Nonsense Literature (1994); Le dictionnaire et le cri (1995); Interpretation As Pragmatics (Language, Discourse, Society) (1999); Deleuze and Language (2002); L’Emprise des signes: Débat sur l'expérience littéraire (en colaboración con Ronald Shusterman, 2002); Une philosophie du langage marxiste (Una filosofía marxista del lenguaje, París, 2004); The Force of Language (Language, Discourse, Society, en colaboración con Denise Riley, 2005); Badiou and Deleuze Read Literature (2010) y  Architecture and Philosophy: New Perspectives on the Work of Arakawa & Madeline Gins (en colaboración con Francoise Kral y Fran Oise Kral, 2010).
En Una filosofía marxista del lenguaje Lecerque tiene el propósito de dar un significado preciso a la fórmula: “el inglés es la lengua del imperialismo”. Entender esta aseveración implica una serie de nuevas definiciones y reformulaciones, y una crítica vehemente de los dominantes enfoques contemporáneos no marxistas, tanto en el campo de la lingüística (el libro tiene un capítulo criticando el programa de investigación de Chomsky) como en la filosofía del lenguaje (el libro tiene un capítulo evaluando la filosofía de la acción comunicativa de Habermas).
            Para Piotr Stalmaszczyk, el libro de Lecercle “es sin duda provocativo”. Se compone de siete capítulos, una conclusión con glosarios, lista de referencias y un índice. El libro se orienta hacia la construcción de un enfoque marxista tanto del lenguaje como de la filosofía del lenguaje.
Dado que no es común encontrar una fuerte tradición de pensamiento sobre el lenguaje desde el marxismo, Una filosofía marxista del lenguaje ofrece una visión general de la cuestión del marxismo en el lenguaje (desde el folleto de Stalin al libro de Voloshinov, incluyendo un ensayo de Pasolini) para ir construyendo un número de conceptos de la filosofía marxista del lenguaje. El libro pertenece a la tradición de la crítica marxista de las ideologías dominantes. Debe ser especialmente útil para aquellos que, en los campos de estudios de idiomas, literatura y comunicación, han percibido que el lenguaje no es sólo un instrumento de comunicación.
Diferentes vueltas en filosofía del lenguaje fueron motivadas por contemporáneos enfoques formales de lógica y lenguaje (Frege, el primer Wittgenstein, Russell), los estudios de “lenguaje ordinario” (el último Wittgenstein, Austin, Grice, Searle), y, más recientemente, los estudios del lenguaje no-literal, especialmente la metáfora y la ironía (Lingüística Cognitiva, la Teoría de la Relevancia). El enfoque de Lecercle, por otro lado, está motivado ideológicamente. El autor se describe a sí mismo como un “viejo marxista althusseriano, y su filosofía del lenguaje es, sin duda althuseriana, definida como “un instrumento con el cual se trazan líneas de demarcación, como una intervención política en el campo de la lengua”. Este enfoque requiere una redefinición del concepto básico, es decir, el lenguaje mismo, concebido por Lecercle “no como un estable sistema detenido, sino como un sistema de variaciones”, y, sobre todo, como un fenómeno político. En otra parte, también encarna una visión del lenguaje (en marcado contraste con el “órgano mental” de Chomsky) como “una actividad, una práctica”, y un fenómeno histórico, social, material y político. En fin, es un libro que esperamos ver ya publicado en castellano, y que seguramente abrirá nuevas aristas de investigación dignas de abordar y ampliar nuestro panorama en los vericuetos del universo lingüístico.

miércoles, 16 de julio de 2014

Del por qué no llega un libro de poesía a tus manos
La inesperada poesía

Por: Andrés Cisneros de la Cruz[1]

Fuente de imagen:
http://andrescisnerosdelacruz.blogspot.mx
Para algunos soy uno más de los ambulantes. En ocasiones, me han llegado a ver como el hermano que distribuye las Atalayas. No ha faltado quien me ha dado una “limosna” y ha huido convencido de su buena obra, sin detenerse siquiera a ver lo que traía en las manos. Llegan a haber los que piensan que robo y luego revendo. O que compro y luego subasto. Varias personas aseguran haberme visto en más de un lugar a la vez. Dicen, soy muchos. También me han visto como vendedor de Jafra o de Andrea. Una ocasión en un vagón, en la estación más profunda del Metro, atorado entre la gente, leía poesía en voz alta, gritando contra el ruido mudo del silencio, y hubo un señor de sombrero que dijo “eres un héroe”. Me han abucheado, pero también aplaudido en los camiones; en el micro más de dos personas han llorado con un poema, y otras tantas se han dormido. Para los microbuseros soy “el poeta” o “el joven” (algunos piensan en la diferencia); los policías me ven como para darme una suculenta mordida, pero al final terminan con dos libros bajo su brazo (y “quién sabe”, se preguntan ellos, “para qué”). Los ambulantes me ven con rareza, me confunden con “universitario”; pero en la universidad me quieren ver “fuera de reglamento”. He declamado poemas de poetas conocidos y desconocidos, y al cabo lo que se llevó la gente fue la poesía. Soy el encargado de llevarte poesía, a las manos, al oído, a los ojos, a la mente; sin embargo hay cafeteros que insisten en verme como una mosca que molesta al cliente; señoras de la cultura que imaginan soy un paria necesitado de una sonrisa; directores de centros culturales que me enaltecen como a un polizonte dentro de sus barcos blancos y estancados. Una vez un hombre odió mi trabajo, por considerarlo poco elegante, pero al año volvió a comprarme un libro. Un indigente, de entre  112 personas con auto y comida, me compró un libro y lo leyó. 300 personas me dijeron “no”, 134 me dieron la espalda; 60 me escucharon; 30 asintieron y me dieron la mano; 20 compraron un libro; 10 lo leyeron; 5 lo regalaron; sólo 1 lo guardó y recordó mi nombre.



[1] Acerca del autor: Andrés Cisneros de la Cruz es poeta, editor y promotor cultural, tiene 6 libros publicados, ha recibido múltiples premios por su obra poética, es creador del Torneo de poesía Adversario en el Cuadrilátero y organizador del Debate Independiente de Crítica poética. Actualmente es editor de Verso Destierro.