domingo, 6 de marzo de 2016

A TREINTA AÑOS DE LA MOVIDA MADRILEÑA: DEL MOVIMIENTO SOCIAL A LAS MANIFESTACIONES CULTURALES
Por: Jorge Luis Gallegos Vargas

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http://cargocollective.com/campamento/La-movida-madrilena
La Europa a finales de la década de los setenta y principios de los ochenta fue un reflejo de los mo­vimientos que se gestaron en la segunda mitad del siglo xx. La entonces decadente Londres acuñó los principales movimientos underground:[1] movimientos punk,[2] skins, los góticos, new romatics, entre otros, se encargaron de empapar, con su ideología, a las principales manifestaciones artísticas y culturales del país ibérico.
Tras la muerte de Francisco Franco, en 1975, la vida de los españoles dio un giro: dejó en la mayoría de ellos un sentimiento de vacío al considerar al Generalísimo como un protector, como el salvador de la patria, como el caudillo que tras la Guerra Civil gobernó mediante un régimen fascista y defendió la identidad de los habitantes de su país. La juventud madrileña adoptó las formas de vida de sus similares de Nueva York y Londres. La cultura de masas formó parte de los jóvenes que dejaron atrás las ideas fascistas que imperaron en el régimen anterior. El alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván, ofreció una amplia libertad de expresión; las calles de la capital española se liberaron, logrando que la vida nocturna se convirtiera en una forma de vida.
El término movida se le dio a un grupo de jóvenes, que entre 1975 y 1985 se encontraban vinculados por afinidades culturales y amistosas, mismos que a través de las creaciones artísticas –música, cine, literatura– emitieron mensajes con una carga semántica política adjunta. Para Borja Casani, movida tiene que ver con estar dentro de “del mogollón.”[3]
Fue hasta 1984 cuando los periodistas bautizaron al movimiento, cuatro años después de haberse iniciado, esto porque sus integrantes no se interesaban por otorgarle un nombre al proceso histórico, político y social abanderando; únicamente buscaban sacudirse la represión de la cual fueron objetos durante el régimen totalitario.

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http://8tracks.com/demode/la-movida-madrilena
Las nuevas generaciones de jóvenes buscaban erradicar las ideas del pasado; indagaron, también, una unidad con las nuevas tendencias culturales, políticas y sociales de Europa y América del Norte; comenzaron a acoger las ideas de la cultura Pop,[4] en cuyas bases se encontraban movimientos como el punk rock, el glam rock y los últimos vestigios de la cultura hippie, abogando por el uso de los psicotrópicos y el reconocimiento de los derechos de la mujer y los homosexuales. Según Paloma Chamorro declaró: “en España estamos jugando al no futuro, nos ponemos las estéticas del Punk, su radicalidad… las cosas en realidad son justamente lo opuesto… Pasamos de tener a Franco a no tener a Franco.”[5]
Almodóvar en Patty Diphusa y otros textos, editado por primera vez en 1991, describe cómo se llevaban a cabo estas reuniones juveniles y cuál era la dinámica de creación en la década de los ochenta; asimismo, da los nombres de los personajes más representativos de este movimiento:
Los Mecano dan una fiesta en un gran chalé para demostrar a los «mass» del mundo que ellos son auténticamente modernos, y os invitan a todos. Por primera vez están reunidos todos los grupos de pop-rock y sucedáneos que trabajaban en Madrid. (…) Carlos Berlanga y Tino Casal, (…) se retiran a la cocina para componer el tema. En un pis-pas crean una melodía que haría enrojecer de vergüenza al jurado de Eurovisión, y lo hacen a propósito. Junto con Nacho Canut, Santiago Auserón, Vicente Molina y Marisa Medina, te concentras en un cuarto de baño para escribir la letra (…) Alaska no ha regresado todavía de Londres, donde se está cortando el pelo. Marisa Medina no se presenta porque pensó que toda aquello era una broma. Carlos Berlanga se ha quedado dormido. Nacho Canut se niega a que cualquier cámara le filme, porque las odia. Santi Auserón no está seguro de que sea coherente con su carrera. Javier Gurruchaga está tratando de adelgazar diez kilos y en esos dos días sólo ha conseguido engordar otros dos. Rubí está con un ataque de nervios en casa de Antonio Alvarado, esperando que termine de coserle el modelo. Los Gabinete se niegan, porque encuentran blanda la canción. Las Vulpes preparan su comeback y quieren hacerlo ellas solas y no junto a tanta gentuza. Bernardo Bonezzi exige un contrato que se le aseguren cien primeros planos con pómulo y, si no, no canta (…)[6]

Con la movida “Surgió (…) la necesidad de conformar la sociedad española con la modernidad y crear mitos y figuras exportables: los jóvenes fueron los candidatos perfectos, porque eran progres, consumistas y se iban acercando a la estética punk, que ya se había difundido en Inglaterra, Italia, Holanda y U.S.”[7]
Los jóvenes encabezaron este movimiento ya que durante la dictadura encontraron un tapón generacional que los limitó a formar parte de la cultura: Eran minimizados al no ser considerados como ciudadanos españoles; se unificaron y promovieron las mismas prácticas: el gusto por la moda de sus países vecinos, consumo de estupefacientes, liberación sexual, aceptación y orgullo por vivir su homosexualidad, repercutiendo en la renovación de la Constitución y en los estatutos del movimiento feminista español.
Rápidamente, España cambió su fisonomía. La juventud se insertó en el nuevo sistema cultural y comenzaron a crear todo tipo de manifestaciones artísticas: música, pintura, escultura, literatura, cine, fotografía, etc.; todos ellos con un común denominador: la vida nocturna en los bares.
Las tendencias políticas y culturales, que llamaban a la liberación de la influencia paralizante del centro, se cristalizaron en la imagen de la “Movida”, en la franja madrileña de los años 70. Era un grupo de amigos entre ellos Pedro Almodóvar, el pintor Guillermo Pérez Villate, el pintor y diseñador gráfico Ceesepe (Carlos Sánchez Pérez), el pintor Costus, el fotógrafo Alberto García Alix, el artista de drag y actor Fabio (de Miguel) McNamara, los músicos Alaska (Olvido Gara) y Ouka Lele, y la productora y directora de televisión Paloma Chamorro. El denominador común de todos estos artistas fue que vivieron una época que no les permitió vivenciar la adolescencia internacional de los años 60 y estaban decididos a vivirlos en los años 80. La gente de la Movida era activa en el underground en forma intensa en diferentes áreas del arte plástico: pintura, libros de cómic y moda, y a la vez música y cinematografía. La movida era la imagen propia de Madrid[8]

A través de la revista La Luna se difundió la ideología de la movida; el discurso ahí manejado se reflejó en programas de televisión como La bola de Cristal o Si yo fuera presidente, en donde figuraron los nombres de Paloma Chamorro y Carmen Maura; asimismo, esta revista sirvió como trampolín para escritores amateurs de cómic como Pedro Almodóvar, quien utilizó este medio para lanzar el personaje que a la postre comenzaría con la tradición de las chicas Almodóvar: Patty Diphusa.
Francisco Umbral hizo lo propio desde su columna en El país. Los diferentes discursos reflejaban la misma tendencia: retratar a la juventud madrileña de finales de los setenta y principios de los ochenta. “La movida no se presenta como discurso oposicional, acepta el discurso de normalidad institucional pero se aparta de él, pretende ignorarlo a pesar de tener la necesidad de interaccionar con él. Por el contrario, hay que considerarla como una lectura negociada.”[9] (Fouce, s/d)
Inmediatamente, las artes comenzaron a adoptar las ideologías provenientes de Inglaterra y Estados Unidos, plasmándolas en las diferentes expresiones culturales. Retomaron las características de artistas como Andy Warhol. Esta imitación, según Pedro Almodóvar, tenía que ver con que
No conocíamos el precio de las cosas, ni pensábamos en el mercado. No teníamos memoria e imitábamos todo lo que nos gustaba, y disfrutábamos haciéndolo. No existía el menor sentimiento de solidaridad, ni político, ni social, ni generacional, y cuanto más plagiábamos más auténticos éramos. Estábamos llenos de pretensión, pero la falta de perspectiva producía el efecto contrario.[10]




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http://elpais.com/elpais/2006/11/29/actualidad/1164786534_850215.html


EL DISCURSO MUSICAL

A pesar de  la pretensión de la no trascendencia, la ideología juvenil dejó un legado en las creaciones de la época. El discurso musical, del que contamos con más referentes, retomó la idea de los movimientos underground. La música fue el detonante para entender la nueva forma de vida nocturna de Madrid; ésta, a su vez, impregnó al cine, el cómic, los medios audiovisuales de información, el diseño, etc.
Así, surgieron agrupaciones como Alaska y los Pegamoides –quienes más tarde se convertirían en Alaska y Dinarama y posteriormente en Fangoria–, Parálisis Permanente, Mecano, Nacha Pop, Las Vulpess, Kaka de Luxe, Gabinete Caligari, Radio Futura, Secretos, Décima Víctima, Refrescos, Los Toreros Muertos, Hombres G, Olé Olé, entre otras bandas que exploraron entre el afterpunk, el rock subterráneo y trasgresor. Reaparecieron cantantes como Joaquín Sabina, Miguel Ríos y Luz Casal.
Aunque el centro del movimiento contracultural fue Madrid, rápidamente abrió horizontes hacia las ciudades más importantes de España. En Barcelona surgen grupos como Los Burros, los Rebeldes y Loquillo; en Galicia: Siniestro Total; en la cordillera cantábrica: Duncan Dhu; en el sur: Danza Invisible, Héroes del silencio, Peor Imposible y  La Unión.
Los sonidos comenzaron a cambiar: se incorporaron a la música ritmos como el techno, el rockabilly, el afterpunk, el reggae, el funk, el pop y el gótico. Radio Futura constituyó el paradigma más importante; con el LP Música moderna, comenzaron a proponer y plasmar las ideas del pop art en líneas musicales, para que tres años más tarde, es decir en 1983, se impusieran como una banda de ideas cuyos discos y entrevistas reflexionaban sobre la cultura popular de España, la urgencia de recuperar tradiciones urbanas, la conveniencia de establecer un diálogo con América (…)”[11]
Especial mención merecen las creaciones musicales de Ignacio Canut y Carlos Berlanga, quienes con sus composiciones, acompañadas con la voz  andrógina e imagen punk de la mexicana Olvido Gara, mejor conocida como Alaska, lograron convertirse en el icono de la movida madrileña. Las canciones interpretadas por Alaska y Dinarama, agrupación nacida hacia 1983, contaron con letras fuertes, irreverentes, agresivas y plagadas de una ideología social basada en la crítica al fascismo, explorando en los terrenos underground, convirtiéndose en estandarte para la juventud española y los grupos minoritarios.
“A quién le importa” se volvió, y sigue siendo, un tema que sirvió como estandarte para los movimientos lésbico-gay:
La gente me señala/ me apunta con el dedo/ susurra a mis espaldas/ y a mí me importa un bledo/ qué más me da si soy distinta a ellos/ no soy de nadie no tengo dueño/ Yo sé que me critican/ me consta que me odian/ la envidia les corroe/ mi vida les agobia/ por qué será, yo no tengo la culpa/ mis circunstancias les insulta/ Mi destino es el que yo decido/ el que yo elijo para mí/ ¿A quién le importa lo que yo haga?/ ¿A quién le importa lo que yo diga?/ Yo soy así, y así seguiré, nunca cambiaré.[12]
Por otra parte, La funcionaria asesina, muestra algunos rasgos feministas:
Me casaron/ me obligaron a estudiar/ y yo obedecía, me sometía/ mi marido era un déspota feroz/ lo quité de en medio, qué remedio./ Mi vocación se reveló/ me fascinó la sangre/ maté al siguiente con un alambre./ De noche soy otra mujer/ voy armada de cabeza a los pies/ soy la funcionaria asesina/ ya no me aburro jamás/ siempre encuentro gente con quien jugar/ soy la funcionaria asesina/ buscada por la policía/ y he degollado a más de cien/ y con mi sierra sé qué hacer.[13]
Otras como Carne, huesos y tú, Vampirela y Mi novio es un zombi, fueron consideradas como canciones de la estética dark y punk.
A pesar de no encajar mucho en el discurso de la movida, Mecano, grupo integrado por Ana Torroja, José María e Ignacio Cano, son referencia obligada de la España de los ochenta, esto por ser una de las agrupaciones que más impacto ha tenido, por lo menos, en Latinoamérica; además marcaron una nueva forma de hacer pop: letras con un trasfondo social, cargada de metáforas.  Es quizá, lo más interesante de Mecano el presentar letras escritas en masculino, todas ellas de los hermanos Cano, e interpretadas por una voz extremadamente femenina, con timbre muy suave, jugando con una imagen andrógina.

EL DISCURSO LITERARIO
La posguerra, también, tuvo repercusión en la vida literaria; las letras de la época se caracterizaron por un “insistente tono confesional, testimonial, lacerado que muestra a un sujeto doliente y llagado por un mundo sumido en el desastre”,[14] esto debido a la ola de violencia vivida antes, durante y después de la caída del régimen franquista.
Los creadores literarios de aquellos años tomaron como fuente de inspiración a la generaciones  del 98[15] y del 50,[16] haciéndose llamar la generación del 68, del 70 o la generación del «lenguaje».


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http://www.somosmalasana.com/exposicion-el-papel-de-la-movida/
Tanto la novela como la poesía estuvieron plagadas de un neosimbolismo que “concedía las formas y estructuras, y descreía del compromiso político e ideológico que debía ejercerse en otros lugares más adecuados.”[17] La literatura poco a poco comenzó a insertarse en los cánones estéticos y vanguardistas, explorando en el pop art, el dadá, el surrealismo, el neosimbolismo, el camp[18] y la creación de una mitología basada en los mass media. Los creadores artísticos lograron acercarse a un campo narrativo cimentado en el lenguaje joyceano, haciendo de la literatura un campo ecléctico equilibrado entre lo tradicional y lo novedoso.
Así, con la caída del régimen fascista, surgen nombres en poesía como Miguel D’Ors, Fernando Ortiz, Rosa Romojano, Ana Rossetti, Abelardo Linares, Justo Navarro, Blanca Andreu, Almudena Guzmán, Álvaro García; en la narrativa: Eduardo Mendoza, Manuel Vázquez Montalbán, Javier Marías, Adelaida García Morales, Miguel Espinoza; en teatro: Fernando Arrabal, Francisco Nieva, Fernando Savater, entre otros.
Los jóvenes tuvieron en Eduardo Haro Ibars a uno de sus principales representantes. Su libro, Gay rock, significó una completa apertura para los homoerotismos literarios; la cantante Alaska declaró al leer el libro: “Mamá, quiero ser un chico para ser maricón.”[19] Haro fue uno de los máximos estandartes de los jóvenes españoles que crearon bajo la máscara de la clandestinidad. La mejor forma de adentrarse al terreno antifranquista era la poesía. Después de Gay rock, aparecieron los poemarios Pérdidas blancas (1978), Empalador (1980), Sex Ficción (1981), En rojo (1985) e Intersecciones (1991)
Haro fue hijo del controvertido periodista de izquierda Eduardo Haro Tecglen, precursor del movimiento gay y de la literatura queer en España. En la cárcel de Zamora coincidió con el poeta, narrador y ensayista Leopoldo María Panero, famoso por ser el primer autor en escribir versos sobre la heroína, con quien sostuvo una relación amorosa.
Eduardo fue conocedor de las vanguardias literarias francesas y estadounidenses. Desde pequeño estuvo en contacto con las creaciones de Lovecraft, Crowell, Burroghs, Rimbaud, entre otros. Él mismo se declaró como “homosexual, drogadicto y delincuente”;[20] también, fue considerado como polisexual, multicoxicómano, consumidor de heroína: “la perfecta vacuna contra la rebeldía.”[21]
El poema Pecados más dulces que un zapato de raso, sirvió como base para la canción más emblemática de Gabinete Caligari, que aparece en el disco titulado Camino Soria: “Gula de tu vientre satinado; / envidia de tu sudor, que/ emana de ti;/ avaricia de tus miradas;/ ira de saberte lejos;/ soberbia de que me hayas/ elegido;/ pereza de vivir sin ti./ Y –sobre todo–: lujuria,/ lujuria abrasadora que/ me hace desear la vida entera/ cuando estoy contigo.” [22]
En El Culo del mundo, aparecido en su libro Intersecciones, habla de la situación de Madrid y de esa gran oportunidad que España tiene de convertirse en un país próspero, deseado por todos: como un culo:

EL DISCURSO CINEMATOGRÁFICO
Por su parte, el discurso cinematográfico vio en Pedro Almodóvar su mayor realización. El cine, antes de la muerte de Franco, contaba historias épicas que exaltaban el amor sacrificado, el paisaje español. Según Carmen Marín Gaite “los jóvenes de la posguerra sabíamos muy bien que una película española o nos iba a contar una historia heroica de las que venían en los libros de texto o nos iba a ensalzar las delicias de un amor sacrificado y decente.”[24]
Durante la dictadura franquista el séptimo arte estuvo supeditado a las órdenes del Generalísimo, dejándoles a los realizadores un estigma de autocensura; asimismo, la industria cinematográfica española se debilitó por la presencia del cine hollywoodense.
cuando el cine  mundial era todavía una industria con un margen de autonomía considerable (económica y artística), el cine español era un cine débil en sus raíces –la producción– y entregado al dirigismo proteccionista con la connivencia de los sectores de distribución y exhibición. Y paradójicamente, cuando empezó titubeante el camino a la libertad, la situación del cine mundial había cambiado radicalmente. La crisis cinematográfica derivada de los cambios internos dentro del mercado del ocio y las industrias culturales, a su vez derivadas de muy precisas mutaciones sociales condujo al cine (…) al carácter de la industria secundaria, la industria protegida a favor de su valor cultural y de la resistencia al abandono de unas vías expresivas autóctonas.[25]

El cine fue la manifestación artística que menos repercusión e impacto tuvo sobre los jóvenes, esto tomando en cuenta que la televisión y la prensa fueron quienes realmente los influenciaron. A la caída del franquismo, el cine español hurgó entre el costumbrismo y una negación a olvidarse del período culminado; comenzó una etapa de apertura temática, en donde el sexo formó parte importante del discurso; en 1976, los guiones dejaron de pasar por una etapa de censura, dando como resultado una etapa de destape. Los tópicos manejados fueron: “las tendencias de moda, (…) turismo, inmigración urbana y emigración exterior, servicio doméstico, consumismo, pervivencia de las viejas tradiciones, etc.”[26]


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Fue en el mismo 1976 cuando la reforma cinematográfica hizo que el séptimo arte virara, sentando las bases para la Constitución promulgada en 1978. Esta reforma cinematográfica consistió en el derrocamiento del control del aparato franquista, erradicando la centralización, la supresión de la censura a guiones, anulación de aparatos sindicales, desaparición del NODO –Noticiero Cinematográfico–, el afianzamiento de la creación de cortometrajes, etc.
Los directores y creadores rápidamente buscaron espacios para la proyección de sus realizaciones. El cine español se convirtió en una ventana para la aparición de documentales, un nuevo cine costumbrista, lleno de imágenes eróticas, así como un espacio de denuncia cívico-social. Temas como el erotismo femenino, la homosexualidad, el fetichismo, el incesto, el porn soft, y el hardocore se incorporaron a las pantallas. Nombres como Carlos Saura, Gonzalo García Pelayo, Bigas Luna y Pedro Almodóvar saltaron a las pantallas.
El discurso manejado por Almodóvar se empapó de los demás, vinculándose con el pensamiento de los jóvenes madrileños, asiduos a fiestas, a la frivolidad, con los que pensaban que Madrid era el centro del mundo. Estas ideas las plasmó en sus primeros filmes: en Pepi, Luci, Boom y otras chicas del montón trabajó con Alaska y los Pegamoides, el pintor Fabio MacNamara y Carmen Maura.
(…) Pedro Almodóvar ya había presentado un catálogo de rarezas sexuales en su primer largometraje Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), prolongadas en el ambiente del sorprendente convento de monjas de Entre tinieblas (1983) y en algunos personajes colaterales de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984). Más incisivos desde el punto de vista erótico son sus siguientes filmes: Matador (1986), estilizada reflexión –con simbolismos taurinos– sobre las relaciones entre sexo, amor y muerte; La ley del deseo (1987), cuyo personaje central es un transexual interpretado por la inefable Carmen Maura y donde las relaciones homosexuales desempeñan un papel fundamental; Átame (1989), sobre unas relaciones a medio camino entre el sadomasoquismo y el amor; y Tacones lejanos (1991), bordeando los territorios del incesto y penetrando en los del travestismo.[27]

A partir de su quinto filme ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, el tema de la juventud se fue agotando y comenzó a retomar temas sociales, significándole un crecimiento, al ser considerado no sólo portavoz de la juventud madrileña, sino también de toda la sociedad española. Almodóvar asegura: “Yo no soy de tribus, voy por libre. Yo soy un itinerante que cruza a lo largo del día por muchas tribus. A mí no me gustan los ambientes concretos.”[28]
La muerte de la movida se dio cuando dejó de ser algo propositivo, ideológicamente hablando, y fue alcanzado por la moda. José María Álvarez del Manzano, en 1991, aseveró sobre la movida lo siguiente: “No hay que enterrarla porque se ha envanecido, ni siquiera tiene cuerpo para enterrar. Era algo etéreo, una propaganda política, no ha dejado sólo un paso. Yo no recuerdo un solo libro, un solo cuadro, un solo disco; nada, de la movida no ha quedado nada”[29]
Además, en la fotografía destacaron: Miguel Trujillo, Alberto García-Alix, Pablo Pérez-Minguez y Ouka Leele; en las artes plásticas sobresalieron pintores como Guillermo Pérez Villalta, El Hortelano, Sigfrido Martín-Bengué, Dis Berlin, Herminio Molero, Costus y Pablo Sycet.
De la movida ha quedado mucho: creadores, ideas, imágenes, formas, e incluso, nos atrevemos a pensar que este movimiento ha influido de gran manera para la conformación de la España actual.

REFERENCIAS
* Bibliográficas
Almodóvar, Pedro; Patty Diphusa y otros textos; 4ª edición, Barcelona, España; Edit. Anagrama, 2005; p.217

García-Posada, Miguel; Poesía Española 10. La nueva poesía (1975-1992); 1ª edición, Barcelona, España; Edit. Crítica, Col. Páginas de la Biblioteca Clásica, 1998; p.9-40

José Agustín; La contractura en México. La historia y significado de los rebeldes sin causa, los jipitecas, los punks y las bandas; 6ª edición, México, Ed. Grijalbo, 1996; p. 103-115

Monterde, José Enrique; Veinte años de cine español (1973-1992) Un cine bajo la paradoja; 1ª edición, Barcelona, España, Edit. Paidós, 1993; p.200


* Discográficas

Berlanga, Carlos; Canut, Jorge; “¿A quién le importa?” en Alaska y Dinarama, No es pecado; EMI-ODEÓN; 1986

---------------; “La funcionaria asesina” en Alaska y Dinarama, No es pecado; EMI-ODEÓN; 1986


* Electrónicas

__________. “VOCES. Eduardo Haro Ibars (1948-1988): no hay pelucas en la eternidad. Breve noticia para los más jóvenes, los extranjeros a ese pedazo del mundo que habitó y, en general, para los no informados” en amputacioneS; http://amputaciones.blogspot.com/2007_01_01_ archive.html; 2007

Baldi, Ángela; “Lenguajes y lengua en la obra de Pedro Almodóvar”. Centro de documentación Pedro Almodóvar. http://sdgoma.uclm.es/uclm/home.html, 2004?

Ben Habib, Liat; “Laberinto español: recepción y elementos culturales en la Parodia de Almodóvar”. Centro de Documentación Pedro Almodóvar. http://sodogma.uclm.es/uclm/home.html

Fouce, Héctor; “La cultura juvenil como fenómeno dialógico: reflexiones en torno a la movida madrileña”. http://www.ucm.es/info/per3/cic/cic5ar16.htm;s.a.

Memba, Julio; “Malditos heterodoxos y alucinados. Eduardo Haro Ibars, el poeta de la movida madrileña” (xviii) http://www.elmundo.es/elmundolibro/2001/09/16/ anticuario/10004706 93.html

Preciado, Beatriz; “Estéticas Camp: performances popo y subculturas “butch-fem”. ¿Repetición y trasgresión de géneros”; http://www.sindominio.net/ karakola/retoricas/camp.html; 2003

Xavalín; “Pecados más dulces que un zapato de raso” en Tal como éramos. http://tal-como-eramos.blogspot.com/2008/01/pecados-ms-dulces-que-un-zapato-de-raso.html; 2007


* Hemerográficas

Blanc, Enrique; “El punk y la anarquía que nos sedujo en Semanal Día Siete”; México; Ed. El Universal, 2007; p. 55

Manrique, Diego A.; “Lo que hicimos con la movida en El País semanal”; Madrid, Número 1492, 2005; p.47






[1] El arte underground se aleja de la cultura oficial para conformar una nueva cultura, en donde los jóvenes son los que se encuentran encabezando los denominados movimientos contraculturales; se aleja de los medios de comunicación oficiales, creando espacios en donde se puedan expresar libremente, sin necesidad de estar al margen de los que el gobernante en turno dicte y alejado del ocio y las banalidades que se ofrecen.
[2] El movimiento punk tuvo su mayor efervescencia durante los años 80 entre los jóvenes europeos, principalmente en Inglaterra, que experimentaban un estado de hastío ante lo planteado por el sistema. Los punk “Primero se vestían con ropa de piel y las mujeres en la moda del sadomasoquismo y de la Mujer Fatal; usaban los cabellos cortísimos y pintados de colores; después vinieron las cabezas con largas puntas, mucho maquillaje en las mujeres, collares de perro, aretes, zapatos puntiagudos y demás.” José Agustín; La contractura en México. La historia y significado de los rebeldes sin causa, los jipitecas, los punks y las bandas; 6ª edición, México, Ed. Grijalbo, 1996; p.103
Ellos consideran al amor como un sentimiento retrógrado y bajo. Este movimiento, a la postre, tuvo influencias sobre el surgimiento de algunos grupos skinheads o fascistoides en diversos países de Europa. El tono anarquista que tomó este movimiento se opuso a “la corriente política encabezada por Margaret Tacher en Inglaterra. Su filosofía era la de provocar a todo sistema establecido. Igual rompía con los movimientos contraculturales vigentes que con las corrientes musicales que dominaban la escena pop.” Blanc, Enrique; “El punk y la anarquía que nos sedujo” en Semanal Día Siete; México,; Ed. El Universal, 2007; p. 55
Aunque el movimiento punk tuvo sus antecedentes con grupos como Velvet Underground, New York Dolls, Ramones y Patty Smith –quien con su LP Horses (1975) declaró que Jesús murió por los pecados de los demás, mas no por los míos, el primer grupo punk que saltó a la escena musical fueron los Sex Pistols, condensando todos los movimientos anteriores. La música fue la primera de las artes en influirse del punk para posteriormente saltar a las demás.
[3] Baldi, Ángela; Lenguajes y lengua en la obra de Pedro Almodóvar. Centro de documentación Pedro Almodóvar. http://sdgoma.uclm.es/uclm/home.html, 2004?
[4] La cultura Pop surge con el florecimiento del arte pop, alimentado por el auge del imperialismo norteamericano, la imposición del modelo de vida estadounidense –american way of life– en donde predomina la cultura de masas consumista. El pop art tiene como origen el expresionismo abstracto y el minimalismo, en los años cincuenta en Inglaterra y posteriormente en Estados Unidos; asimismo, retoma del dadaísmo el espíritu sarcástico; además, impregnó de valor estético a los objetos triviales de la vida cotidiana como carteles, latas, basura, automóviles, etc., dándoles un valor de fetiche a algunos objetos significativos de consumo.  El más famoso representante del arte pop es Andy Warhol, quien en su obra retrató a la sopa Campbell’s, Coca-Cola, Marilyn Monroe, Elvis Presley, entre otros, consiguiendo la desmitificación de imágenes producidas y reproducidas por los mass-media.
[5] Cit. pos. Ben Habib, Liat; “Laberinto español: recepción y elementos culturales en la Parodia de Almodóvar”. Centro de Documentación Pedro Almodóvar. http://sodogma.uclm.es/uclm/home.html
[6] Almodóvar, Pedro; Patty Diphusa y otros textos; 4ª edición, Barcelona, España; Edit. Anagrama, 2005; p.p. 2004-206
[7] Op. Cit. Baldi
[8] Op. Cit. Ben Habib
[9] Fouce, Héctor; “La cultura juvenil como fenómeno dialógico: reflexiones en torno a la movida madrileña”. http://www.ucm.es/info/per3/cic/cic5ar16.htm;s.a.
[10] Op. Cit. Almodóvar; p.p. 8-9
[11] Manrique, Diego A.; “Lo que hicimos con la movida en El País semanal”; Madrid, Número 1492, 2005; p.47
[12] Berlanga, Carlos; Canut, Jorge; “¿A quién le importa?” en Alaska y Dinarama No es pecado; EMI-ODEÓN; 1986
[13] Berlanga, Carlos; Canut, Jorge; “La funcionaria asesina” en Alaska y Dinarama No es pecado; EMI-ODEÓN; 1986
[14] García-Posada, Miguel; Poesía Española 10. La nueva poesía (1975-1992); 1ª edición, Barcelona, España; Edit. Crítica, Col. Páginas de la Biblioteca Clásica, 1998; p.9
[15] Miguel de Unamuno fue de nueva cuenta apreciado, así como Antonio Machado.
[16] La generación de los 50 tenía como principal característica la llamada poesía de la experiencia. Gracias a la influencia de esta generación vieron la luz algunos autores como José Hierro, Blas de Otero y Jon Juaristi.
[17] Op. Cit. García-Posada; p.12
[18] El término camp significa “afeminado en inglés clásico, se comenzó a utilizar a partir de los años 60 para referirse a la teatralización hiperbólica de la feminidad en la cultura gay, sobre todo en relación a una serie de prácticas performativas que adquirieron un carácter de colectivo y político (drag queens, demostración pública de la homosexualidad…) Estas prácticas tenían un enorme potencial subversivo al poner de manifiesto la artificiocidad de las diferencias de género y romper la frontera entre el ámbito cerrado de la representación escénica (o de la recreación doméstica) y  el espacio público de la reivindicación política.” Preciado, Beatriz; Estéticas Camp: performances popo y subculturas “butch-fem”. ¿Repetición y trasgresión de géneros?; http://www.sindominio.net/ karakola/retoricas/camp.html; 2003
[19] Cit, pos Memba, Julio; Malditos heterodoxos y alucinados. “Eduardo Haro Ibars, el poeta de la movida madrieleña” (xviii) http://www.elmundo.es/elmundolibro/2001/09/16/anticuario/10004706 93.html
[20] __________. “VOCES. Eduardo Haro Ibars (1948-1988): no hay pelucas en la eternidad. Breve noticia para los más jóvenes, los extranjeros a ese pedazo del mundo que habitó y, en general, para los no informados” en amputacioneS; http://amputaciones.blogspot.com/2007_01_01_ archive.html; 2007
[21] ídem.
[22] Xavalín; “Pecados más dulces que un zapato de raso” en Tal como éramos. http://tal-como-eramos.blogspot.com/2008/01/pecados-ms-dulces-que-un-zapato-de-raso.html; 2007
[23] Op. Cit.
[24] Op Cit. Baldi
[25] Monterde, José Enrique; Veinte años de cine español (1973-1992) Un cine bajo la paradoja; 1ª edición, Barcelona, España, Edit. Paidós, 1993; p.p. 16-17
[26] Ídem, p. 39
[27] Idem., p. 167
[28] Cit. pos. Op. Cit. Baldi
[29] Op. Cit. Manrique, p.46

miércoles, 17 de febrero de 2016

El mejor invento del mundo

Ariel Abad Muñoz




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Yo solo les di el arma y ustedes deciden si quieren o no apretar el gatillo. Siéntense y pónganse a pensar si hubiera sido su hermana, su hija, su madre las que por algún descuido en este momento estuvieran frías como mármol. Y es que en realidad eso a mí no me preocupa,  en el precioso altar donde habito no me falta nada, vivo como un dios y perdón que lo presuma pero es que lo soy, claro está que las laceraciones que me generan ustedes son inaguantables y por las noches cuando tengo que purgar todas esas muertes me lastiman demasiado, ¡pero es que de verdad son hijos de puta! Mira que darme cerca de mil muertes al día es una bestialidad. Se odian. Se quieren aniquilar.
En una de esas noches infinitas, donde para mis pesares había más de ¡Veinte mil muertes! me detuve, para calmar esa maldita ansiedad en mi cuerpo por las quemaduras que se forman al purgar cada alma, a observar dos cuerpos pequeños. Eran apenas niños, y su futuro era prometedor, no tanto como el mío ya que soy el creador del mayor invento en el mundo, pero tendrían lo que en su espacio lo llaman éxito. Decidí aliviar la decidía explorando un momento su vida y sus recuerdos. Pero qué belleza de vida, qué alegría, qué familia.
Hermanos, Joan y Axel, divinos nombres. Pequeños de seis años, lánguidos y aún de cabezas torpes, tal vez por eso tenían un agujero en medio. Déjenme contar su breve historia, en el amanecer de su último día salieron de casa, inmersos en su propio mundo corrieron tras aquella vieja furgoneta que los llevaría a la escuela, para la suerte de Josep, solo verían las placas traseras, les dije que eran torpes. En la esquina, Josep, un hombre de complexión delgada, una barba tupida y unos brazos llenos de piquetes, espera que el divino pensamiento de utilizar mi invento llegara a él. Joan y Axel decidieron emprender la larga caminata a su escuela, al pasar enfrente de Josep se dieron cuenta que tenía acoplada en la cintura mi invento, tenían una extraña sensación al pensar que esa arma pertenecía a su cuerpo, como si fueran uno mismo.  
¡Vaya que era enorme ese fierro!, ahora entiendo por qué los dos niños sufrieron tanto. Pero bueno, el divino pensamiento apareció, Josep se acercó hacia ellos y sin pensarlo dos veces encañonó el arma y descargó ese metal caliente en sus frentes. Y es que es tan normal escuchar el estallido de un metal caliente salir del tubo, que nadie apareció para ayudar, nadie. Josep se fue, caminando, limpió su arma y se fue.

Qué falta de respeto a lo que ustedes llaman moral, ¡por dios! O bueno es mejor que no use esa referencia. Pero quiero que entiendan, yo solo les di el mejor invento del mundo, y ustedes, para agradecerme, me envían fríos cada noche como si la vida fuera un objeto que se obtiene con su dinero. Yo no maté a esos niños y yo no mataré a Josep, me da igual a quienes matan o dejan vivir.  Yo sólo les di el arma y ustedes deciden si quieren o no apretar el gatillo. 

jueves, 4 de febrero de 2016

El Siglo de las Luces:
El discurso de una revolución europea en un contexto americano

Hugo I. López Coronel

                                 I

Diciembre de 2015
Ciudad de Puebla
Blvd. Atlixcáyotl
Quienes nunca habían visto un trono, 
se lo figuraban monumental y sin fisuras...
Alejo Carpentier

La palabra ideología es un término de uso frecuente en la actualidad, es un concepto que se puede localizar en los diversos discursos políticos, sociológicos, filosóficos, literarios, artísticos y otros. Cuando efectuamos el acto de hablar no lo hacemos al vacío, es decir, sin una previa esquematización de coordenadas determinadas; nunca se habla sin tener un referente o principio relevante sobre el objeto o la situación en discurso. Esta referencia se establece en el marco de las informaciones no expresadas gramaticalmente, sino presentes en el universo general del discurso mismo. Todo acto de comunicación ostensiva conlleva la presunción de su propia relevancia.
Dentro del proceso literario debemos atender, de manera vital, a los procesos de ideologización por una parte, y por la otra, al papel primordial que juega el lenguaje como código convencional de transmisión de las ideas, ya al ocultar o ya al revelar una determinada realidad. Puesto que el lenguaje puede ser un instrumento de comunicación, resulta que no es el único medio necesario e imprescindible de que se sirve la comunicación humana, porque el lenguaje, en cuanto a sistema de representación, es un instrumento esencial para memorizar y procesar información; un ejemplo de esto lo tenemos en la comunicación animal o en varios procesadores electrónicos como la computadora, que necesitan y manejan alguna clase de código, por lo que el lenguaje-código no es una facultad exclusivamente humana. En tanto a lo que discurso se refiere durante el acto literario, es fundamental ejercer la crítica ideológica, tanto en el acto de escribir como en el de leer, porque comúnmente el texto en sus diversas manifestaciones se ideologiza y se refuerza, o aspira a un estatus determinado. De ninguna manera se pretende un hecho literario estéticamente puro y carente de visión y propuesta ante el hecho social e histórico; sólo se señala que el autor y el lector deben ser conscientes de la propuesta ideológica del texto literario porque ambos son seres históricos, construidos históricamente y por lo tanto ideológicamente. En este sentido, Michel Foucault, en una famosa conferencia dictada en el Colegio de Francia, el 2 de diciembre de 1971, establece una oposición básica entre deseo e institución y propone una hipótesis: "En toda sociedad la producción del discurso está a la vez controlada, seleccionada y redistribuida por un cierto número de procedimientos que tienen por función conjurar los poderes y peligros, dominar el acontecimiento aleatorio y esquivar su pesada y terrible materialidad" en seguida, "Las prohibiciones que recaen sobre el discurso revelan muy pronto su vinculación con el deseo y el poder" (Foucault: 1971). Para Foucault el discurso es comparable con el Logos filosófico –cultura-, es ese gran conjunto de narraciones y relatos que dotan de significación a la cultura y que regula las relaciones entre deseo e institución, entre deseo y poder. En "El orden del discurso" Michel Foucault afirma que el poder real se ejerce en y a través del discurso: "El discurso es una violencia que ejercemos sobre las cosas", además, en la dicotomía deseo e institución (deseo y poder), la institución regula la producción del discurso mediante una serie de mecanismos cuya finalidad es hacer que prevalezca el discurso sobre el acontecimiento. Por otra parte, Teun A. Van Dijk (1986: 20) establece una distinción entre discurso y orden del discurso; el primero, se refiere a los actos de lenguaje, escritos o hablados, que constituyen un  razonamiento; en tanto el segundo se refiere a los aspectos ideológicos del discurso.
Una amplia disertación acerca del concepto de ideología nos instalaría en la necesidad de un espacio mucho mayor, y de una serie de lecturas que abarquen a no pocos pensadores y filósofos de los siglos XIX y XX.



Diciembre de 2015
Ciudad de Puebla
Blvd. Atlixcáyotl
II

Siempre es el conocimiento del pasado

el que autoriza a los profetas para hablar del futuro.

Apunte seminario de A. G  [1].

Bajo el gobierno universal de la Palabra el ser humano se embarca sobre el mar de su conciencia, concibe un cosmos en su entorno y se constituye así mismo amalgamado a la historia misma de la Palabra, donde éste -el ser humano-, como urgido innatamente por su misterioso menester se encuentra situado en los linderos del horizonte, del espacio y aún más allá, con las estrellas presentes en un cielo cuyo mero enunciado verbal recobra la aplastante majestad que tiene la Palabra. Como punto de partida la Palabra saturada de la imagen, de la estela de viento que agita el mar de la conciencia, el lenguaje gira alrededor de lo indecible.
El Siglo de las Luces, novela de Alejo Carpentier, es el discurso histórico comúnmente considerado europeo en un contexto americano -la América caribeña-. Desde éste, Alejo Carpentier nos instala en el relato de las convulsiones que sacudieron a Francia, a España y a sus respectivas colonias en el Caribe. Narración de sucesos, visiones románticas, embarcaciones sobre el contoneo de las olas en el que el mar caribeño es transparente como las ideas; de las ideas alzadas como máquina vehemente sobre la proa; pero sobre todo, de la historia de las ideas y de los hombres que luchan, matan y mueren por ellas, las mismas que usan los hombres para sacrificar, y los mismos que son sacrificados por ellas.
Unas tras otras, las palabras se amontonan, en párrafos sin puntos y ni espacios, ni guiones de diálogo para recrear los estremecimientos de la época, el olor del mar, el sabor de la arena pálida con sus granos de sal; y todo esto, convertido en el mundo de la Palabra que tantas cosas ha creado, y ha sido llevada de generación a generación, que esas cosas habían pasado a ser una suerte de patrimonio colectivo, un mundo distante conocido como la Tierra en Espera; la Tierra hecha discurso, solamente constituido por la aparición de la que crea, la que construye a uno y al otro, para luego instalarnos nuevamente en la esfera del mismo origen: la Palabra, que por el nombre de las constelaciones remontábase el hombre al lenguaje de sus primeros mitos...
Alejo Carpentier, novelista, ensayista y musicólogo cubano, influyó de manera notable en el desarrollo de la literatura latinoamericana a través de su estilo de escritura, al que incorpora las dimensiones de la imaginación —sueños, mitos, magia, religión... —, y que en su idea de la realidad defiende lo "real maravilloso" frente a lo "maravilloso surrealista" al que considera artificioso. Alejo Carpentier consideraba a la Historia y a la Geografía ingredientes definitorios de la ficción, porque la naturaleza y la cultura han sido transformadas por el hombre al crear mitologías que tratan de dar un sentido al caos y al cosmos. Éstas, sus ideas, nos sugieren situar al hombre en su pasado porque es necesario situarlo además en el presente, y porque los grandes temas y los movimientos colectivos dan mayor riqueza a la trama y a los personajes. Los dramas y los tiempos individuales ocupan un segundo plano ante los grandes espacios épicos. Pero, cada héroe tiene un papel que cumplir, al precio de una alta tensión que lo hace autosuperarse, descubriendo en sí fuerzas creadoras que dejarán huella de su paso por el mundo, memorias que son una biografía con un marco histórico, memoria y huella que yacen en el espíritu de la Palabra.
El ejercicio de la dialéctica contemporánea está presente en esta historia, pues los tradicionales convencionalismos de los personajes y el argumento mismo, ceden su lugar al lenguaje que está en constante proceso de cambio y es principio y fin en sí mismo. Es conocida la aversión que Carpentier tuvo del racionalismo europeizante que ha generado muchos de los monstruosos frutos de la razón de nuestro tiempo. Como una alternativa al mundo mecanizado propone el Nuevo Mundo que aún no ha sido agotado en sus riquezas mitológicas nativas, o reinventadas por los hombres que fueron forzados como esclavos y que aquí ampliaron sus cosmologías. Para él, la música era la esfera fundamental del conocimiento, y escribir, otra función natural del cuerpo, donde el deseo se impone a la razón: “Escribo bajo los efectos de ciegas iluminaciones”. Y a pesar de haber rechazado al surrealismo, reconoce que éste le había ayudado a ver ciertos aspectos y texturas de la vida latinoamericana que antes no había percibido en sus contextos coetáneos, épicos y poéticos.
Al surgir cambios en el proceso histórico, la cultura también cambia; sin que esto quiera decir que el fenómeno se produce mecánicamente. Las ideas influyen sobre la Historia, y ésta a su vez, sobre las ideas; sin embargo, no podríamos aseverar cuáles son los factores determinantes de dichos cambios. El siglo XVII, conocido por el Gran Siglo en Francia, es la época del esplendor del arte Clásico Francés. Éste estuvo marcado por el largo reinado de Luis XIV, mismo con el que Francia alcanzó la cima de su poder y la hegemonía política y cultural. A esta época le siguió la Ilustración en el siglo XVIII, donde el poder francés perdió fuerza y la energía intelectual de la nación buscó el cambio y la reforma. En el pensamiento artístico de esta época predomina el gusto por los estilos culturales de Grecia, de Roma y del Renacimiento. El Absolutismo, como forma de gobierno, fue testigo del desarrollo científico alcanzado; a este desarrollo se sumaron los pensamientos de Descartes, Leibnitz, Boyle, Priestley y Lavoisier que, motivados por el ideal educativo implícito en la revolucionaria postura intelectual crearon la Enciclopedia, cuya recopilación de conocimientos alimentó el camino que condujo al cuestionamiento de los privilegios seculares de la iglesia y alentó la lucha contra el poder centralizado y conservador de su tiempo. Los artistas, apegados al Racionalismo, persiguieron reglas rigurosas que los acercaron a los modelos de la antigüedad helénica. Tal renacer del arte a la manera antigua fue rigurosamente controlado por las academias, agrupaciones encargadas de vigilar el apogeo normativo y formal a los modelos clásicos aun en detrimento de la libertad del autor. Se puede resumir, como característica más sobresaliente de la llamada Época de las Luces, el predominio del espíritu filosófico en muchos de los ámbitos del quehacer intelectual de aquel contexto. En este sentido, ideas como la de Jean-Jacques Rousseau tuvieron un efecto contundente en el ambiente político de su tiempo; obras como El Contrato Social de Rousseau (1762), cimbraron la concepción misma del hombre al definir que la relación del individuo con la sociedad se concibe como un contrato por el que el individuo pierde sus derechos personales a cambio de obtener la igualdad legal y asistencia mutua; concepción enarbolada por el discurso de los dirigentes de la Revolución Francesa que, reconstruido y justificado, se extendió más allá de las fronteras continentales de su nacimiento.
            El historiador, en su proceso narrativo supone un pasado, y piensa así,  porque es un sujeto histórico. La conciencia histórica es un discurso reconstruido, elegido en lo mejor posible, en donde algunos hechos escapan a la memoria, en tanto otros, simplemente no se recuerdan o no se quieren recordar. Este proceso no es ajeno al escritor. El autor del Siglo de las Luces hace de ésta una historia desdoblada desde un marco histórico, el referente es el hecho revolucionario francés de finales del siglo XVIII, redescribiéndolo según las estructuras simbólicas de la ficción. Por otra parte, de acuerdo con lo establecido por Seymur Menton, El Siglo de las Luces cumple con los rasgos principales de lo que él ha denominado la Nueva Novela Histórica. La distorsión de la historia está presente, ya que basta recordar que Carpentier se basó en un proceso de investigación histórico para demostrarnos que la Revolución fue denominada Francesa, pero que no sólo tuvo efectos en Francia sino en el resto del mundo occidental: Esteban es testigo de cómo se intenta exportar a España, y la mayor parte de la acción trascurre en el Caribe. Hay pues un punto de vista americanista, revelando hechos y acontecimientos que normalmente no entran en los manuales de historia europeos, y muchas veces, ni americano. La influencia de las ideas revolucionarias se sintió bien lejos. Esta influencia, sin embargo, se ve matizada por las realidades americanas: las proclamas de París no siempre se cumplen, sino que se adaptan a menudo a las circunstancias locales. Hay aquí un encuentro entre dos mundos, un encuentro al que se refiere Carpentier cuando narra la historia de los indios caribes buscando su tierra prometida, navegando al norte, más allá del horizonte, sólo para toparse con los españoles que buscan su paraíso terrenal. La historia en El Siglo de las Luces ilustra la diferencia, el choque entre las ideas del Viejo Mundo y las sociedades del Nuevo. Sintetizando, El siglo de las Luces es una descripción de los temblores ideológicos nacidos en la Francia de finales del XVIII y principios del XIX, de sus efectos en las islas del Caribe y del impacto que causaron, que dentro de la novela han sido manejados a manera de intriga, abriéndose así a todas las posibilidades de la ficción.
Otro rasgo pertinente de resaltar es que a diferencia de los historiadores que conciben a la Historia como resultado de las grandes acciones de los reyes, líderes, emperadores o instituciones, en la Nueva Novela Histórica la intriga se cuenta a través de la perspectiva de personajes comunes que están olvidados en la historia, tal es el caso de Víctor Hugues. En este sentido, intentamos abordar la parábola ideológica que traza la obra de Carpentier, atendiendo, más que a sus actos y manifestaciones públicas, a las mismas formas de composición de la obra, partiendo de los contextos históricos en la obra de Carpentier, ya que la historia es una constante en su obra. Específicamente, intentamos resaltar algunas de las características que hacen del Siglo de las Luces un punto para la reconstrucción histórica y las implicaciones ideológicas de dichas formas de composición. La crítica literaria tradicional ha enfatizado “el color local” (detalles, descripción detallada de costumbres, evocación de un ambiente, etc.) como elemento central de la reconstrucción histórica. No obstante, George Lukács, en la crítica que realiza sobre la Novela Histórica del Siglo XIX (1989), establece una tipología cuyo núcleo es la caracterización (proyección e interrelación de los personajes, mayores y menores) como estrategia principal para lograr la auténtica reconstrucción histórica. Así, pues, en Lukács (1983: 43), el objetivo fundamental de la Novela Histórica es “demostrar mediante significados artísticos la realidad en la historia”. Para Edmundo Desnoes (Giacoman, 1989: 309), El Siglo de las Luces no es una novela histórica porque la Novela Histórica, según Desnoes, es un género menor. Y aún para el mismo Carpentier, sin duda alguna, su intención no es imitar viejos modelos literarios, a pesar de que está plenamente consciente de los principios básicos de composición de la Novela Histórica, especialmente en su manejo de Víctor Hugues, uno de sus personajes históricos principales en esta novela. Para Jean Franco (1981: 82), El siglo de las Luces es una Novela Histórica, y, más importante aún, según Franco, la caracterización no es la base de la reconstrucción histórica en Carpentier. De esta manera se puede ver que la reconstrucción histórica en Carpentier está por encima de la caracterización. Los estudiosos especializados en este rubro han privilegiado otros recursos de tipo descriptivo, tan abundantes a lo largo de la narración. Esta situación plantea un problema central, vital para esclarecer la práctica poética de Carpentier en El Siglo de las Luces. Primero, porque la caracterización (distinto a lo que solía ocurrir en la Novela Histórica clásica latinoamericana) no es el eje central de la reconstrucción histórica en El Siglo de las Luces. Esta última técnica, principalmente descriptiva y de carácter estático, constituye un recurso importantísimo para el pleno logro de la reconstrucción histórica; pero no es suficiente en sí misma para insuflar la vida poética a una formación social pasada. La reconstrucción histórica en Carpentier está trabajada con base en dos ejes complementarios: las técnicas centradas en los personajes, las cuales dan razón de ser de los procesos dinámicos de cambio que toman lugar en la base material de la sociedad; y las técnicas que tratan con el ambiente histórico, color local y otros detalles de los cuales contribuyen a la recreación del escenario histórico. De los puntos citados anteriormente, en El Siglo de las Luces, Carpentier examina las relaciones intraburguesas en el contexto de la Revolución Francesa en América. Tres de los personajes principales, Carlos, Esteban y Sofía, son miembros de la oligarquía terrateniente, la cual, al entrar el siglo XIX, viene a convertirse en una élite dentro de las actividades económicas; y el otro personaje central, Víctor Huges, es un aventurero que termina como representante del gobierno francés en las colonias americanas. Hay aquí una perspectiva americanista en el tratamiento de la historia, un deseo de desmitificación y una puesta en tela de juicio de la historiografía oficial.
En resumen, lo que vemos en esta novela es un desplazamiento que va de una amplia interacción de fuerzas sociales a una más reducida interacción social. En otras palabras, la reconstrucción histórica pasa por tres etapas claramente discernibles: a) una amplia y rica plataforma económico-social, en la cual los personajes asumen el papel fundamental de traer al presente una formación social pasada; b) una plataforma política; c) una plataforma ideológica.
En este discurso estilístico, histórico y paradójico inherente a la obra de Carpentier, hay que buscar la raíz de la nueva forma de composición que lo aleja del modelo clásico de la narrativa histórica. A la nueva forma de novelar también contribuyen el afán desmitificador de la Nueva Novela Histórica y la puesta en entredicho de la historiografía oficial, cosas ambas fundamentales en Carpentier. Pero Carpentier es a la vez uno de los primeros, y quizá el único en su estilo, y en esto comulga con la noción de progreso esbozada por Lukács en La Novela Histórica. Distinto a una corriente de novelistas históricos contemporáneos que niegan o pasan por alto la idea del progreso, niegan la posibilidad del conocimiento de la realidad y llegan hasta el punto de inventar subjetivamente los hechos y agentes históricos. Carpentier investiga y se sumerge en las fuentes primarias: es historiador del presente y del pasado. Busca recrear el espíritu, esplendor y decadencia de una formación social pasada investigando hechos y agentes, los cuales rastrea hasta las clases populares. Su visión histórica y su práctica poética son inseparables de los fenómenos sociales de corte popular que están en la base material de nuestras sociedades latinoamericanas. Su óptica pertenece a la periferia -el Caribe- y a las culturas marginadas de ayer y hoy. Y en este sentido, al igual que los clásicos de la Novela Histórica, trae el presente a sus obras sin modernizar la psicología de sus personajes ni estar aludiendo solapadamente a hechos históricos contemporáneos. En su obra hay un puente constante, un proceso de ósmosis entre presente y pasado. Al tratar de presentar la historia como una secuencia de crisis encadenadas que surgen de nuestras estranguladas matrices económicas y complejas formaciones sociales.
La intertextualidad es otro de los rasgos presentes en la obra, pues valiéndose de ella representa escenas con una intención paródica, como sucede en los eventos donde Esteban penetra en el mundo masónico durante su instancia en Francia, las circunstancias con relación a la divulgación de las ideas revolucionarias en España con su posterior traslado a las Américas, los eventos en Haití y otras islas del Caribe, por mencionar algunos.
Finalmente, dentro de estos rasgos se encuentran los conceptos bajtianos de lo dialógico, lo carnavalesco y la heteroglosia. Dichos elementos constituyen parte importante de la novela, puesto que matizan a los personajes y a la época referente de la historia. De esta forma, lo dialógico nos conduce por el conflicto moral de los personajes, específicamente en el caso de Esteban, pero sobre todo, de los pueblos que han sido impactados por los eventos sucedidos allende, hasta el otro lado de la orilla por donde los poseedores de la fuerza conquistadora de éstas tierras llegaron, y que en adelante, los sometidos venerarán las ideas regidoras de la élite vencedora. La heteroglosia viene a reforzar este retablo multicultural que ha sido heredado a través del tiempo, al remarcar esta multiplicidad de discursos: francés, español, inglés, lenguas caribes y latín, lo cual nos refleja una realidad cultural en el que la lengua establece jerarquías. Por último, qué es El Siglo de las Luces sino una verdadera parodia de las élites clasicistas predominantes en las colonias europeas en América, donde Carlos, Esteban y Sofía son tres jóvenes burgueses cuya vida cambiará cuando un extraordinario personaje llame a su puerta. Se trata de Víctor Huges, un personaje histórico, marsellés, que fue un cabecilla de la Revolución Francesa en América, abolió la esclavitud y venció a los ingleses en Guadalupe. Mientras Víctor se dedica a hacer historia, Esteban, que le acompaña en sus periplos, se limitará a padecerla.



III

Una Revolución, ¿francesa?

El discurso de la historiografía francesa ha mitificado el hecho revolucionario de 1789 como la bisagra que marca el giro del proceso histórico que hizo entrar al Mundo Occidental en una nueva etapa que ella misma bautizó con el nombre de "contemporaine". Sin duda, es verdad que aquel fenómeno histórico fue de importancia trascendental, pero también hay que observar que alrededor de esa fecha se produjeron otros acontecimientos que vinieron a reforzar la idea de cambio. En ese mismo año, George Washington fue nombrado primer presidente de los Estados Unidos de América, y también en ese año se instaló la primera máquina de vapor para la industria del algodón en Manchester. Fueron tres acontecimientos que, aunque muy diferentes en importancia, simbolizan el comienzo de una nueva edad impregnada: el conflicto entre las “realidades” vieja y nueva en Francia, el nacimiento de una nación en América y el comienzo del predominio de la máquina para la producción industrial. Con todo esto, la fecha de 1789 prevaleció sólo en los países latinos, entre ellos, por supuesto España, fuertemente influida por la cultura francesa. En tanto en los países anglosajones, al hablar de Historia Contemporánea, se hace referencia más bien al periodo del pasado reciente que se inicia con el siglo XX o incluso, más adelante, con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Todo lo anterior es para ellos Historia Moderna o Modern History. Se utiliza, por tanto, un criterio distinto y se retrae su comienzo a una fecha más reciente. Sin embargo, aun respetando todos los criterios que, de acuerdo con los argumentos de convencionalidad empleados anteriormente, pueden ser perfectamente válidos. Hay razones para justificar que alrededor de los últimos años del siglo XVIII y primeros del XIX, se inicia una nueva era histórica. Todos los movimientos revolucionarios o independentistas que se produjeron durante estas fechas están marcados por una nueva ideología, por ciertas diferenciales que los distinguen de los fenómenos históricos que se produjeron en la Edad Moderna. Hay quienes estiman que estas diferenciales estaban también implícitas en la etapa histórica anterior, pero ello no contradice la realidad incontestable del cambio y por tanto es natural la relación entre las distintas épocas históricas; se ha negado ya la existencia de cortes bruscos en el proceso histórico. Los cambios, aun siendo revolucionarios, no significan la ruptura total con lo anterior, ni la aparición de realidades totalmente nuevas; esto quiere decir que los procesos históricos se realizan paulatinamente y desde diversos contextos, por eso suele suceder que los contemporáneos no tengan conciencia de los fenómenos transformadores. Sin embargo, la observación del historiador, con la ayuda que representa la perspectiva del tiempo, puede fácilmente apreciar el contenido diverso de los distintos periodos en los que se suele dividir el discurso histórico. En efecto, por su contenido, la Historia Contemporánea resulta de más fácil aceptación como unidad monográfica; comprende el desarrollo histórico del Nuevo Régimen salido de la crisis de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, que se contrapone al Antiguo Régimen, anterior a la Revolución. El concepto de Nuevo Régimen fue fijado por los historiadores de la cultura a principios de siglo XX y constituye una realidad histórica coherente, cuyos supuestos políticos, sociales, económicos e institucionales se han mantenido, cuando menos, hasta la Segunda Guerra Mundial.
Es así como Carpentier nos instala en el centro de la tensión virado al marco caribeño durante el devenir de los sucesos. Basado en una exhaustiva investigación histórica acerca de la existencia de Víctor Hugues, ignorado por la historia oficial de la Revolución Francesa, Carpentier nos lleva al contexto colonial caribeño de una forma aguda, magistral e intensa, dejándonos ver aquella sociedad de castas, esclavista, con cierto aire de escrutinio y crítica hacia la moral pertenecientes a esta época de esclavitud, en donde precisamente es Víctor Huges, quien “envestido de poderes” lleva a cabo las ideas revolucionarias aboliendo la esclavitud en estas tierras de paraíso, en donde “Dos tiempos históricos, inconciliables, se afrontaban en esa lucha sin tregua posible, que oponía el Hombre de los Tótems al hombre de la Teología. Porque súbitamente, el archipiélago en litigio se había vuelto un archipiélago Teológico. Las islas mudaban de identidad integrándose en el auto sacramental del Gran Teatro del Mundo”. (Carpentier, 2004: 293)   


IV

No hay más Tierra Prometida que

la que el hombre puede encontrar en sí mismo.

Alejo Carpentier.

El término "lo real maravilloso" inventado por Carpentier y divulgado en el prólogo a su novela El Reino de este Mundo ha servido para tipificar su propia novelística. Es un símil del llamado "realismo mítico" incorporado a la descripción de la realidad hispanoamericana, la realidad y el sueño, la razón y la imaginación, la historia y la fábula, la vida y la muerte entretejen sus lazos narrativos hasta llegar a conformar una especie de tapiz suntuoso, mágico y alegórico, conceptual y, por momentos, culterano.
En el año de 1976, la BBC de Londres (BBC, 2004) realiza en sus estudios, una entrevista a Alejo Carpentier. En ésta, Carpentier explicó en qué consistía lo que él denominaba "lo Real Maravilloso". De esta manera, en palabras del mismo Alejo Carpentier:

(…) lo real maravilloso, en América Latina, se encuentra en vuelta de cada esquina, en el desorden, en lo pintoresco de nuestras ciudades... en nuestra naturaleza... y también en nuestra Historia.
El artista se coloca ante una tela y al representar una calle de una ciudad moderna la llena de elementos misteriosos, extraños, contrastados, en una atmósfera exenta de aire, exenta de espesor, transeúntes misteriosos que nunca se miran a la cara, que nunca dialogan... es un mecanismo fabricado, un elemento maravilloso fabricado, un realismo mágico fabricado. Los surrealistas también, en la mayoría de los casos, producían lo maravilloso combinando objetos en una mesa, creando contrastes. Es decir, es un mundo maravilloso fabricado, premeditado.

Las características de lo Real Maravilloso que definen la obra literaria son reivindicadas por Carpentier como constantes del espíritu: lo barroco (universal) y lo real maravilloso (americano). Ambas expresan una realidad en movimiento. ¿Por qué es barroca la realidad latinoamericana? Primero, afirma el mismo Carpentier, “el barroco se manifiesta donde hay transformación, mutación, innovación; (…) el barroquismo siempre está proyectado hacia delante y suele presentarse precisamente en expansión en el momento culminante de una civilización o cuando va a nacer un nuevo orden en la sociedad. Las revoluciones son radicalmente (de raíz) barrocas”. (BBC, 2004). Segundo: en palabras del mismo, “toda simbiosis, todo mestizaje engendra barroquismo. Los grandes movimientos históricos sólo pueden ser aprehendidos por una mirada totalizadora, esencialmente épica. Los libros de caballería se escribieron en Europa, pero se vivieron en América". (BBC, 2004).
Las revoluciones son sucesos épicos, en las que lo imposible se torna posible; constante de lo americano que expresa el carácter revolucionario, real maravilloso, de su historia. En lo real maravilloso se unen dos realidades: lo racional europeo y la vitalidad desbordada de lo americano. No recurre a los actos “mágicos” para retratar la realidad de la cultura hispanoamericana. El fondo real no se transforma en otra cosa, sino que se ve, simplemente, con los ojos maravillados ante la grandeza prodigiosa; éste, es el lenguaje que nos hereda Carpentier, éste es el lenguaje que nos instala ante las páginas de El Siglo de las Luces.
Los procesos expresivos que constituyen la puesta en escena de El Siglo de las Luces incluyen imágenes y símbolos que resaltan uno de los aspectos más relevantes de esta obra: la visión crítica proyectada sobre el referente histórico de la novela -La Revolución Francesa y sus consecuencias en América-. En este orden, y gracias a la polisemia de imágenes y símbolos, pueden generarse diversas reacciones del lector sobre algunos términos confrontados en el mundo de la obra y en su referente contextual, entre otros: la negatividad del suceder racionalista en el contexto histórico europeo y la riqueza mágica y telúrica del espacio natural americano, la incoherencia entre los principios universales proclamados en Francia y la extensión en sus colonias de ultramar; la persistencia hegemónica europea sobre la periferia del planeta, a pesar de que el acontecer de la Revolución Francesa sembrara la esperanza de una liberación; en fin, la puesta en escena de las nuevas condiciones generadas por la Revolución en América como un nuevo factor de poder y de intervención externa en nuestro continente.
Una primera imagen significativa que aparece es la denominada como Máquina, que no es, sin más, la Máquina de ejecución que el Estado, la Ley y el Orden han alzado contra la existencia humana. Esta Máquina corresponde a la guillotina, pero también equivale a la Cruz, a la Horca, al Fusilamiento, al Terrorismo Cultural, a la Tortura o a todo medio usado por quienes han creído poseer la única verdad política, social o religiosa, o de la clase que fuera, para exterminar a sus detractores o disidentes. El trato aprensivo con que se alude a esta Máquina "como una presencia que nos concernía a todos por igual" (Carpentier: 25), nos instala en el suceso histórico central de las ejecuciones masivas realizadas por todas las revoluciones; lo que abre la discusión sobre la legitimidad del poder y el uso de su fuerza y, en especial, sobre el ejercicio dictatorial revolucionario o contrarrevolucionario aplicado en contra de opositores, aun cuando la Revolución Francesa, como todas las revoluciones, haya prometido poner fin a la violencia y generar la liberación humana sobre la base de la plena justicia social.  Esta Máquina, es la paradójica y violenta expresión legitimada por la Revolución con el fin de ejecutar a todo opositor a las ideas de Libertad, Fraternidad e Igualdad. Es el símbolo instrumental de la "justicia revolucionaria", utilizada en este caso por la burguesía liberal emergente que necesita derribar las restricciones económicas y políticas de las monarquías y de las clases sociales que las sustentaban. Recordemos que Víctor Hugues, durante aquel viaje victorioso de regreso a las colonias francesas de ultramar, puso un marcado cuidado a esa Máquina. En esta actitud, es evidente cómo él se apoya en este instrumento para su futuro desempeño político, como si esa guillotina fuera una extensión de su cuerpo y de la idea libertadora de la Revolución y de las decisiones que adoptará desde su nuevo cargo. En efecto, el conspirador revolucionario se transforma, una vez "Investido de Poderes", en violento dictador de aquellas colonias por las cuales pasan las proclamas europeas sin enraizarse en sus territorios.
Una segunda imagen polisémica que puede citarse en este ámbito de la visualidad expresiva es la del cuadro predilecto de Esteban: Explosión en una catedral. Se trata de una columnata esparcida en múltiples fragmentos, suspendidos e inmóviles en el aire, como una fantasmagórica catástrofe, activa y estática a la vez, cuyo derrumbe pétreo aterroriza a los seres de esa tela. Esta imagen, valorada por Esteban antes de la Revolución Francesa, anuncia el inminente quiebre de un sistema ideológico que ya no puede sostenerse en la Historia: la monarquía y sus instituciones. La preferencia manifestada por este personaje revela su percepción puntual del tiempo que vive y su capacidad visionaria de las transformaciones que se avecinan con la llegada de las ideas revolucionarias. En una posible descodificación inmediata de la imagen, se implica la destrucción de la máxima edificación católica por la antirreligiosidad de la Revolución Francesa, la cual identifica a esta ideología como sustentadora del sistema monárquico, desde el momento que sostuvo el origen divino del poder dinástico. En este sentido, la Iglesia Católica representó para la Revolución Francesa un enemigo político, como ha ocurrido bajo otras formas, en otras revoluciones. Junto a este aspecto, surgen intrínsicamente otros frentes polémicos entre ambas tendencias adversarias, tales como el libre pensamiento opuesto al dogmatismo, o la educación religiosa confrontada a la educación laica. Sin embargo, no es posible limitar esta significación de la imagen a esta limitada descodificación, pues su polisemia nos remite a descubrir en los aspectos activos y estáticos de la explosión catedralicia, la naturaleza indefinida e irresuelta de la nueva época abierta por una revolución que brindara, a pesar de sus contradictorios caminos, posibilidades de participación individual y social. El cuadro simboliza la violencia, la ruptura de la Revolución Francesa, la cual destruiría todos los paradigmas del siglo XVIII y, a la vez, por su inmovilismo, representa la condición durativa del fenómeno que se extendería hacia los siglos posteriores en términos de una lucha histórica interminable. Así, la preeminencia de esta explosión en la novela constituye el ingreso a una intensa dinámica de cambios propios de nuestra época, generadora de las inestabilidades que siguen suspendidas sobre la humanidad en la actualidad. El mismo Esteban había partido colmado de esperanza hacia Europa y había regresado a su tierra natal, cansado y decepcionado de su búsqueda "vengo de vivir entre los bárbaros", le había dicho a Sofía al llegar a la casa familiar; reencontrando, sin embargo, en los espacios antillanos, su plenitud vital, su unión con la naturaleza, el sentido de su existencia y de su inscripción histórica en Latinoamérica. Aquella Catedral en explosión perpetua, y la aspiración utópica por un Mundo Mejor, siguen expresando el desafío constante de la humanidad, que sigue luchando por su liberación, por la superación del dogmatismo y de la intolerancia aún persistente en nuestra contemporaneidad. A estas alturas, el pensamiento liberador de nuestra época, en sus diversas manifestaciones, ha ganado la conciencia de una libertad que expone un campo abierto a la creatividad; este mismo vacío posibilita el persistir en la búsqueda de ese Mundo Mejor, objetivo permanente de la humanidad. Plenamente responsables de nuestros destinos como individuos y pueblos surgidos de estas tierras, este tiempo hermoso y confuso -con todas sus problematizaciones- sigue ofreciendo ríos por descubrir, cimas por alcanzar, posibilidades de constituirnos efectivamente en "sujetos partícipes" de nuestra Historia, nutridos por la energía de una revolución espiritual que debe nacer y desarrollarse dentro de cada uno; será una nueva luz sin sombra, alguna sobre el rostro que debe transformar primero, a la persona, antes de expandir su voz hacia la comunidad . Libres de fundamentalismos, sólo involucrados con la inextinguible vida de las raíces histórico-culturales latinoamericanas, seguimos buscando esa Tierra de Promisión, que no es un lugar físico como lo soñaran los antiguos, sino un espacio mental y social donde el hombre nuevo -proclamado en vano por todas las revoluciones del mundo- podrá transitar un día, tranquilo, sereno, en paz con sus iguales. El arte prodigioso de Alejo Carpentier consiste en darle vida a todos los tiempos del hombre. En recordarle a Europa que aquí como allá el pasado tiene un futuro, el futuro tiene un pasado y sin esta conjunción, el presente carece de sentido.
Arribado en este punto, cito el trabajo de Danto y Ricoeur, el que han denominado “la imaginación histórica”, la cual es propia de todo historiador e inevitablemente necesaria para la construcción de su historia. Este concepto nos dice que el historiador no se remite a contar una historia, sino a transformar todo un conjunto de hechos y eventos para establecer una interpretación de la Historia, y ésta obedecerá, tal vez esa sea la labor más importante del historiador, a selección de aquello que considera relevante para el desarrollo de su historia, y podrá estar influido por su propia construcción histórica como sujeto, por su interés y perspectiva moral, porque no olvidemos que antes de que la Historia nos pertenezca le pertenece a ella.
Como podemos observar, a diferencia de otras obras, la novela de Alejo Carpantier no rellena los huecos de la historia, sino más bien como hemos mencionado se desdobla a partir de su referente que es la Historia, para crear una imagen diferente de ésta, ésa que habla de los hombres comunes y corrientes que fueron olvidados en el transcurso del tiempo. En términos de Jitrik, la novela de Carpentier parte de un “referente”, un discurso establecido, para llegar a un “referido”, que es aquello que es construido a partir de lo establecido, y así crear una “representación”, que es un modo de los muchos existentes para entablar una relación con las cosas y el mundo. En este punto, nos atrevemos a afirmar que el escritor como constructor, es aquel que realiza una labor parecida al historiador, con la gran diferencia que se permite la libertad de las reglas de la ficción y deja de un lado la pretensión de verdad. El escritor, al igual que el historiador, narra, teniendo en cuenta que al narrar organiza y da una interpretación que está sujeta a posturas ideológicas o morales, escribir ya supone poner en orden una idea, con lo que necesariamente nos lleva a la conclusión de Ricoeur: tanto la Historia como la Literatura comparten una estructura narrativa inherentes a ellas; tanto la Historia como la Literatura tendrán que seguir fluctuando en la delimitación de su territorio: una, contándonos la memoria de los días, y otra, lo que tal vez nunca debiéramos olvidar.




BIBLIOGRAFÍA


BETHELL, Leslie. (1990). Historia de América Latina, Vol. 3. América Latina colonial: economía. Ed. Crítica. Barcelona.
CARPENTIER, Alejo. (2005). El Siglo de las Luces. Edit. Siglo XXI. México.
COLMENARES, Rafael. (1986). De la Prehistoria a la Historia. Ediciones Quinto Sol. México.
DANTO, Arthur. (1989). Historia y Narración. Ediciones Paidos. Barcelona.
DIJK, Teun Van. (1986). Estructuras y funciones del discurso. México: Siglo XXI.
FOUCAULT, Michel (1971). L’ordre du discours. Lección inaugural en el Collège de France dictada el 2 de diciembre de 1970. Paris: NRF, Gallimard.
GIACOMAN, Helmy F. (1989) Homenaje a Alejo Carpentier. Las Américas Publishing. Nueva York.
GÓMEZ, Lino (1977). Evangelización y Conquista. Ed. Porrúa. México.
GONZÁLEZ Y GONZÁLEZ, Luis. (1989). Todo es historia. Ed. Cal y Arena. México
GUTIÉRREZ VERA, Daniel. La textura de lo social. En publicación: Revista de Ciencias Sociales 13. Centro de Investigaciones Sociales, FCS, Universidad de Puerto Rico. Diciembre. 2004. ISSN 0034-7817. Disponible en la World Wide Web:
http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/pr/cis/rcs/13/textura.pdf
JEAN, Franco (1981). History and Myth: Seminar on Twentieth Century Latin American Narrative. Stanford University. Winter. U.S.
JITRIK, Noe (1995). Historia e Imaginación literaria. Editorial Biblio. Buenos Aires.
LARROYO, Francisco. (1979). Introducción a la filosofía de la cultura. Ed. Porrúa. México.
LUKÁCS, George (1983). The Historical Novel. Lincoln and London. University of Nebraska Press. U.S.
MENTON, Seymur (1993). La Nueva Novela Histórica de América. FCE. México.
PONS, Cristina. (1996). Memorias del olvido. La Novela Histórica del siglo XX. Siglo XXI. México.
RICOEUR, Paul (1994). Relato: Historia Y Ficción. Ed. Dos Filos, México.
WHITE, Hyden (1992). Metahistoria. FCE. México.
BBC. http://news.bbc.co.uk


[1] Seminario de Historiografía impartido por la Dra. Aída Gambetta Chuck. Colegio de Lingüística y Literatura Hispánica. FFyL - BUAP. Puebla, otoño 2005.

domingo, 17 de enero de 2016



 Una coincidencia transparente
Noviciado del reasombro

Por: Víctor Flores Anzaldo

Aristóteles afirma que “los hombres comenzaron a filosofar –ahora y desde el principio- al quedarse maravillados ante algo, maravillándose en un primer momento ante lo que causa extrañeza y después, al progresar poco a poco, sintiéndose perplejos también ante cosas de mayor importancia, por ejemplo, ante las peculiaridades de la luna, el sol, los astros y ante el origen de Todo”. (Cf. Metafísica I, 2) El Estagirita –nació en Estagira, Aristóteles- continúa con su disertación bajo la argumentación de que la ciencia y en especial el científico tienen por principio la admiración porque se afanan en el conocimiento. No obstante, esa capacidad parece estar disminuyendo hoy día, tal vez provocado por la sobre estimulación de los sentidos, por los medios electrónicos y por la vida tan agitada; llegando a pensar que con la ciencia y la técnica se contestan todas las preguntas, cuando en realidad se generan nuevas. Más, no es tarde para reparar en esa capacidad, reasombrarse es una prioridad ante la adversidad.

Fuente de imagen:
http://cronicasubterranea.blogspot.mx/2009_05_01_archive.html
De 1947 (el estrellamiento del OVNI de Roswell) al sesenta y dos (Discurso de Mac Arthur en la Academia de West Point, donde dijo “Ustedes ahora enfrentan un nuevo mundo, un mundo de cambios. La inteligencia en el espacio exterior…marca el conocimiento de otra historia de la humanidad…Ahora nos enfrentamos, no sólo con las cosas de éste mundo, sino con las ilimitadas distancias así como los insondables misterios del universo…del conflicto final entre una raza humana unida y la siniestra fuerza planetaria de alguna otra galaxia”.), los eventos inspiraron a los más connotados artistas norteamericanos, pero en 1968 se estrena en EUA “2001: Odisea del espacio” de Stanley Cubrick, que fue un rico caldo de cultivo de ficción y aventuras de la humanidad. La trama en cuatro partes, describen las apariciones de unos monolitos ortoédricos, que en diferentes épocas de la humanidad le han ayudado, con su sola presencia, a evolucionar en su inteligencia, los monolitos son creados y enviados estratégicamente a diferentes épocas y lugares por una inteligencia extraterrestre. El clímax de la película es impuesto por la rúbrica del tema de orquesta “Así habló Zaratustra”, poema sinfónico y simbólico de 1896 por Richard Strauss –no confundir con Strauss el de los valses-, en su opus 10, inspirado en la obra homónima del filósofo Federico Nietzsche, que en esencia trata del anunciamiento de una nueva forma de autoconsciencia e inteligencia del ser humano. En el aspecto musical el poema sintetiza, igual que la obra de Nietzsche: misterio y conocimiento. El Oscar de la Academia y varias nominaciones presagiaban que el día que una manifestación extraterrestre fuera evidente, entonces, la gente ya no se espantaría, ni intentaría suicidarse, como en la obra de H. G. Wells: “La Guerra de los Mundos”, al contrario, se asombraría, curiosearía, etc., acerca de ese nuevo aspecto de la realidad. No obstante, los actos de encubrimiento y contrainteligencia, principalmente del gobierno norteamericano, los hechos acerca de presencia extraterrestre (abducciones e implantes en humanos, disecciones de ganado, etc.) quedaron profundamente minimizados y ridiculizados. Aunque, como si de una operación de contrapropaganda se tratara, algo del pasado resurgió. Un círculo de cosechas o agroglifo, representado en un panfleto en latín del siglo XVI, llamado “El demonio de segar”, que representa un ser humanoide formando un círculo en un campo de siembra con un instrumento parecido a un siete al revés, el panfleto es una reacción de un terrateniente al cobro excesivo de los segadores de aquél lugar, el mensaje en latín expresa que “preferiría que el diablo segara el campo y pagarle antes que a los abusivos segadores.” Entonces, surgió el moderno agroglifo. Para 1976, en Winchister, Reino Unido, aparecen grandes círculos en sus campos de cultivo; por medio de dos embusteros de nombre Doug Bower y Dave Chorley en 1991 se declaran los artífices de los círculos de Winchister, para sorpresa de ellos y de los gobiernos encubridores en toda Europa se dan a conocer la aparición de nuevos círculos y cada vez más complejos; las autoridades ahora tratan de atribuirlos -por sus voceros oficiales (astrónomos, meteorólogos, pilotos, etc.)- a vórtices de aire, al clima y otras causas ambientales, también a imitadores de Doug y Dave. Pero en el año 2001 (¿ !) –sic- una réplica del mensaje lanzado desde Arecibo por Drake, Sagan y otros, apareció cerca del observatorio Chilbolton, norte 51° 8’ 39.80’’, oeste 1° 26’ 26.64’’. La réplica muestra la forma de vida de una civilización extraterrestre y la conformación de su biología, etc., para que los imitadores lograran el mensaje, debían tener conocimientos de biología molecular, astronomía, código binario, etc.; el quid del asunto es que el mensaje replica la información de una comunicación auténtica con seres inteligentes y de una tecnología muy avanzada. ¡¿No es acaso una transparente coincidencia que Nietzsche y Strauss gustaran de anunciar un nuevo despertar de la consciencia humana y, que ambos infundieran ese espíritu a sus obras respectivamente, a la vez, que inspiraran a Kubrick para fijar una coordenada futura, en apariencia ficticia y que en la fecha, una nimiedad, porque pudo ser 2003, 2004, etc., fijara el año en que recibiríamos un dato de tal magnitud como, finalmente, que 2001 haya sido promocionada “El año en que hacemos contacto”?! Llamémosle como deseemos, es el noviciado de un reasombro o admiración aristotélica, tradición de una civilización en la cual se forjó Occidente y que estaba perdiendo vigencia para las masas de esa misma tradición de pensamiento.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Esto de ser humano
En un solo acto

Hugo I. López Coronel

Escenario: (Una habitación oscurecida. Una luz tenue alumbrando una silla al centro. Una mesa en el costado y sobre ella un espejo y un cinturón).

Fuente de imagen:
http://www.javierdelapeza.com/tag/el-ser-humano/
Personaje: (Él viste con suéter negro. Entra a escena, camina lentamente con el rostro hacia abajo como buscando algo en el piso. Recorre el espacio, mirará al público en lapsos de tiempo cortos pero con actitud escrutadora. Llega hasta el umbral de la puerta, se sienta y dirigiendo su diálogo hacia la silla con tono firme pero sereno).
Lo encontré sentado al umbral de la puerta.
(Pausa) (Se pone en pie e inicia el diálogo, con un discreto lenguaje corporal acompaña el diálogo) Estaba desaliñado y su rostro describía las malas noches que ha vivido en los últimos días. (Pausa) (Va hasta la silla y se sienta. Da la espalda al público).
Me senté frente a él y pedí una disculpa por la tardanza, (da tono exclamativo a sus palabras)  ¡le expliqué que el tráfico y la contaminación han hecho que el pavimento de las calles se niegue a recibir la sonrisa del astro! (Pausa. Tono aseverativo) El que brilla más allá en las alturas. Su piel se cuartea obstruyendo la risa de los neumáticos. (Pausa) (Mira su reloj) Son más de las diez. (Pausa)
Creo que ahora si está cansado. (Pausa)
Ha volteado la mirada, (Extiende el rostro hacia uno de los costados) sus ojos de pupilas lánguidas se clavan en los míos. Los dos guardamos por sólo un instante aquella convicción de ser peces en medio del desierto. (Pausa) (Se pone en pie y toma el espejo que está sobre la mesa, mirándose en él)
Resulta tan triste esto de ser humano, esto de comer para después sentirte culpable, (Voltea hacia el público) ¿habrá mucha diferencia entre la carne y esto que llamamos civilización?, (Pausa) (Regresa el rostro al espejo y continua el diálogo) cuando vivimos en estados de miedo constante, queriendo ser máximos depredadores en una cadena sin eslabones, donde hay sólo un rey y ya no son tan románticas las ideas y promesas de los que gobiernan en este estado de miedo, (Pausa) (con tono afligido) y esos millones de seres en espera de la mañana siguiente para revisar el menú y agregar más sal a las migajas de pan, y tomar rayos de sol a la orilla de las enormes lenguas hechas carreteras.
(Pausa) (Pone el espejo sobre la mesa y da unos pasos hacia el umbral de la puerta) (Respira profundamente. Voltea nuevamente hacia la silla, con tono melancólico y con voz fuerte). En dependencia de mi, del aire y del viento, del sol, del agua, de las crisis políticas y sociales, de las ruedas del supermercado, los precios, la tele, la guerra y el hambre de pan.
(Pausa) Alguien me ha enseñado a vivir así, a despertar para ver los amaneceres entre la niebla de verano, del frío y del silencio. (Nuevamente en el umbral. Se mira las manos) Benditas las manos que tocan pieles y los besos que saben a dolor.
¡Va!, sorda fragancia, te veo virar sin compasión, agazapada en la nostalgia enterrada en el fondo del adiós, del que nunca me abandona.
(Se pone en pie y va hasta la silla. Se sienta) (Pausa) Entonces calló. Permaneció mucho tiempo más sin decir palabra. (Pausa) (Sus ojos están extraviados en el cielo de la habitación). (Mirando hacia arriba) Puedo percibir claramente aquella confusión que lo hace presa fácil del terror de la incertidumbre. (Pausa) (Se pone en pie y va hasta la mesa, toma el cinturón y s lo pone, se acomoda los lentes frente al espejo) (Dirigiéndose al umbral de la puerta, se asegura de cerrarla).
(Dirigiéndose al público, con tono preocupado)
Necesito azúcar y café. Mañana compraré galletas.
(Sale del escenario)


Valle de la Cuetlaxcoapan. Enero de 2003

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Dafne desvanecida

Por: Blanca Flor Cipriano Santiago


Fuente de imagen:
https://www.todocoleccion.net
Considero que el ser humano siempre buscará estigmatizar parte de su vida en la sociedad, con acciones como la creación de un monumento, un puente, una pintura, una guerra, la connotación de una ideología, una teoría, o por otra parte, alguna composición musical, una película o una obra literaria.
En esta ocasión y con fundamentos relativos a los conocimientos previos que he obtenido respecto a las obras de José Carlos Samoza, expreso más allá de una forma de concebir su novela Dafne desvanecida, un contraste de discursos y la manera en que pueden percutir en los lectores, respecto a la obra citada y La dama número trece, texto también escrito por él.
Samoza tiene una expresión verbal literaria muy particular, ya que considera en sus escritos signos y símbolos que la humanidad ha logrado trascender durante generaciones, es elocuente al escribir y por ende posee la exacta sensibilidad para lograr que el lector se sienta parte de la novela. En La dama número trece, hace ver estas cuestiones, mientras que en Dafne desvanecida, pocas de ellas. No digo que esta segunda narración sea mala, lo que postulo es que como todo autor, sus trabajos no llegarán a pesar y a tratar de temas y tramas similares.
Sin embargo, los receptores –diferentes al momento de inmiscuirse en su literatura y con un contexto forjado correspondientemente- tendrán una perspectiva desigual. ¿Por qué? Quizás se deba a que los que aglomeran una gama de conocimientos en la expresión escrita y el análisis del discurso esperarán cada vez más de los textos que lleguen a sus manos, mismos que no desean, tengan solo un valor significativo por cuestiones monetarias, sino más bien, por la calidad de los elementos con los que el escritor los “conquista” –mi caso-; y a los otros, por el hecho de que la hegemonía a educado para satisfacer necesidades ficticias y no tan realistas (aunque el concepto de realidad ni siquiera se sepa describir) les parecerá fascinante.
Repito: no se puede calificar la inspiración de un redactor  con “es buena” o “es mala”, creo que el asertivo en tales casos, es un “me gusta” o “no me gusta” explicando las razones por las cuales se llega a esa conclusión.
Particularmente, rescato mi postura y la sustento, ahora de forma escrita, Dafne no me convence, es narración poco extensa en la que igualmente se dice poco de mucho que se pudo expresar, o esperé que tal trabajo de literatura superara el referente mental que tengo del mismo narrador/escritor. Contribuye a este hecho, el que en la actualidad mis gustos de lectura sean diferentes, más críticos.
            Sin más, termino este texto incitando a, sí que se lea, a leer, pero con mayor relevancia a comprender lo que se lee y forjar en cada uno de nosotros una perspectiva crítica con bases y no solo con cuestiones meramente emotivas.