lunes, 28 de noviembre de 2016

CON BROCHE DE ORO
Por: Saúl Gaboa

El pasado 26 de noviembre se llevó a cabo el gran cierre del XXV aniversario del festival Vaniloquio en el municipio de san Pedro Cholula.
Desde sus inicios hasta la fecha, ha tenido el fin de promover la cultura y dar un festival de calidad a los habitantes así como atraer el turismo y consolidar a este hermoso municipio como una entidad turística y sobre todo de muy buena calidad.
Este año se cerró con broche de oro con la presencia de Yuridia Valenzuela Canseco mejor conocida como Yuri, un cantante de calidad y de 38 años de carrera artística, el gran concierto inició a las nueve de la noche abriendo con el ya típico concierto de campanas donde iglesias como la Santísima, la Magdalena, San Pablo Tecámac, Jesús Tlatempa, santuario de nuestra Sra. De Guadalupe y San Matías Cocoyotla, entre otras, formaron parte del concierto y en el que sonaron sus campanas acompañadas de fuegos artificiales, que durante 30 minutos los espectadores de este hermoso cierre pudieron disfrutar. Dando así entrada al gran concierto que cerraría la noche. 
La presencia de Yuri al escenario estremeció y en galardonó al pueblo Choluteca, abriendo con el tema Este amor no se toca que es del año 1981, del álbum Llena de dulzura pero que por supuesto encantó a los espectadores con la nueva actualización musical. La presentación inició a las 9:40 de la noche, teniendo una duración de 1:30 horas y en la cual cantó temas que motivaron al público como El apagón, Invencible, Maldita primavera, y Qué te pasa. Así como temas de su nuevo álbum y gira en curso “Invencible”.

Para finalizar el concierto, el edil de San Pedro Cholula, José Juan Espinoza Torres, otorgó un reconocimiento a la cantante y agradeció su presencia para ese gran cierre, así como también al pueblo Choluteca por asistir y seguir formando parte de dichos eventos, los cuales se llevan a cabo año con año

jueves, 24 de noviembre de 2016

¿Por qué nos da miedo morir?

Por: Alejandro Barradas


Fuente de imagen:
https://eltemplodelaluzinterior.com
Se acerca el tiempo, nuestro tiempo, no nos alegramos ni reímos, sino lloramos, al final, al tener que dejar esta vida; pero por qué llorar, por qué sufrir, si al fin descansaremos. Lloramos porque nos da miedo dejar esta vida, estamos acostumbrados a un mundo material, tangible y que podemos sentir; nos da miedo morir, pero no por saber qué nos espera, sino por saber que dejamos aquí, en la tierra; sin embargo, no sabemos, que, al irnos, podríamos encontrar algo mejor, algo inesperado.
Así como lloramos al nacer, lloramos al morir. Al nacer, se dice que lloramos porque no queremos dejar nuestra antigua vida e irónicamente lloramos al nacer porque no queremos dejar nuestra actual vida, ésa que un día no queríamos tener. Tenemos una, dos, tres o cientos de vidas, no sabemos; sin embargo, no queremos dejar la actual porque nos acostumbramos a un mundo material.
Las religiones, las corrientes filosóficas, todas nos hablan de un mundo al que llegaremos, unas nos muestran un mundo de paz y amor, otras de una vida eterna, de un nirvana, de portal a un mundo real superior, e inclusive de la reencarnación; sin embargo, son formas para que aceptemos que tenemos que dejar este mundo algún día, en algún momento, pero también deben ser formas de enseñar que tenemos que disfrutar de esta vida, puede ser la única, la última, la primera o una más pasajera; tenemos que aprender que ésta es nuestra vida hoy, y que disfrutar es nuestra única opción veraz y tangible.
Llora porque dejarás esta vida, porque ese mismo llanto que un recién nacido suelta, es el mismo llanto de un anciano al dejar la vida; lloramos para vivir, cuando también estamos llorando para morir. Pero ¿por qué nos da miedo morir? Nos da miedo porque sabemos que al final de todo estaremos solos otra vez.

Daniel Alejandro Barradas De Ita
(Federico Bachmann)


sábado, 19 de noviembre de 2016

Sumergida de deseo
Por: María José Pérez García.

Fuente de imagen:
http://www.fantasymundo.com/articulos/3052
Hay millones de preguntas que han resurgido mientras descubría quien era Blanca, haciendo de mí una persona que ha quedado manchada por cierta culpa al disfrutar de esta lectura, en donde “ritual” se convirtió en mi palabra favorita, pero ¿acaso no son los rituales un símbolo de adoración o festejo?, ¿No es un ritual aquel que se manifiesta derivado de una creencia que se adopta?, O bien, ¿Pueden ser simplemente acciones especiales que salen de lo cotidiano?, he quedado sumergida de deseo por un ritual, un ritual tan gráfico, tan claro, tan erótico pero a la vez tan lleno de intriga, culpa y soledad.
La sexualidad, un tema –tan– “tabú” hoy día, un tema en donde las personas con doble moral levantan en lo más alto del asta su bandera, un tema en el que todos negamos con la cabeza como si se estuviera presenciando un partido de tenis y no entendemos que, según Alexander Lowen, “La sexualidad no es distracción o una actividad de medio tiempo. Es una forma de ser”.[1] Concuerdo con dicho autor, ya que la sexualidad no es más que un conjunto de condiciones, fenómenos y prácticas asociadas a la búsqueda del placer sexual, logrando de esta forma satisfacer alguna necesidad, misma que nació de un deseo, el cual cada persona desarrolla de una manera diferente.
¿Es entones el “deseo sexual” una necesidad errónea?, ¿Una necesidad que no merece ser satisfecha?, “algo” tan mío que aspira a ser compartido con alguien más, me parece es la forma más exquisita de desear, pero según la sociedad y Verónica Arcos debo sentir vergüenza y culpa por querer complacer una de las necesidad que todo ser humano tiene y obtener como respuesta que “no me miren, se levanten y caminen hacia la puerta” (Somoza, 1996), tan exquisito es esto que me siento pecar, haciendo de esta forma que el pecado y yo “bailemos con la sinceridad del deseo” (Somoza, 1996).
Todos somos conscientes de que soñamos y fantaseamos con aquella Blanca silenciosa, una fantasía que sólo nosotros conocemos, siendo socorrida por nuestros deseos más carnales y primitivos, hago énfasis en la palabra silenciosa porque si esa fantasía nuestra pudiera ser exteriorizada miles de Blancas morirían y cientos de Lazaros “se alejarían dignamente con un silencio poderoso” (Somoza, 1996).
Tomo como profesores a Héctor, y a Aschenbach, personaje del libro Muerte en Venecia escrito por Thomas Mann, cuando se refiere a que el deseo es algo que se apodera de uno mismo, es algo que no se pide, es algo que sin darte cuenta te posee cual demonio y se hace dueño de tu ser, porque existe ese “…terror sagrado que invade al hombre de sentimientos nobles cuando se le presenta un rostro semejante al de los dioses, un cuerpo perfecto y fuera de sí, apenas si se atreve a mirarlo…” (Mann, 2011), porque junto con ellos soy testigo de que “…la belleza es a la vez visible y digna de ser amada…” (Mann, 2011). Ambos personajes se embelesan por la belleza y adolescencia de sus respectivos personajes secundarios.
Es la adolescencia la etapa en donde el comportamiento sexual despierta y estos se transforman en seres sexuales, muchos de nosotros fuimos Elisa alguna vez, temerosos de hacer algo que nuestro cuerpo pedía a gritos y llenándonos de dudas sobre si lo que estábamos haciendo, pensando o sintiendo estaba bien o mal lo que queríamos hacer, o fuimos un Lázaro repletos de culpa por disfrutar de algo como la sexualidad a tan corta edad o tal vez una combinación de ambos.
No puedo llamar a Héctor culpable, de la misma forma en la que no puedo llamar a Elisa y a Lázaro víctimas, pero tampoco puedo llamar a Verónica prejuiciosa porque estaría siendo hipócrita con mi forma de pensar, fue el deseo el que los hizo actuar de la forma en la que lo hicieron. Siendo honestos, ¿Quién no ha sentido atracción por alguien, que de acuerdo al punto de vista de la sociedad, “no es adecuado”? Debemos comprender que el deseo sólo es el anhelo de saciar un gusto, es algo que nace desde el fondo de nuestro ser y,  a veces, incluso es imperceptible para nosotros, y cuando nos damos cuenta de que existe, ya no hay vuelta atrás, y nos sentimos obligados a satisfacer ese deseo incontrolable.
Espero que algún día, todos podamos experimentar algo tan revelador como un  ritual de la ceguera.

Trabajos citados

Mann, T. (2011). muerte en venecia. México: grupo editorial tomo, S.A de C.V.
Somoza, J. C. (1996). silencio de blanca. Madrid: suma de letras .




[1] Adriana Gonzalez. (2013). Sexualidad: ¿Qué es?, ¿Cómo la expreso?, ¿Es una forma de vincularse? Recuperado de: http://bsexcurious.blogspot.mx/2013/09/sexualidad-que-es-como-la-expreso-es.html),

martes, 11 de octubre de 2016

Ella

Hugo López Coronel


Obra gráfica
Isis Samaniego y Valencia
Ella girando, al centro de la habitación, deja escapar algunas risas. Los girones lejos de las puntas de los pies, sobre el eje que precisa la figura de ella, con rostro alegre. Ella sonríe. Ella gira. Ella estira los brazos, da un salto, vuelve a girar. Ella ríe.
          - No hagas ruido. Sabes que se molesta si te ve aquí.
Ella ignora la voz, continúa dando vueltas y saltos; y ríe. Un tono de pausa.
- ¡Qué importa!... Jamás entenderá-. Y vuelve a los saltos, a los giros, a las risas. Ángela se pone en pie y va hacia la puerta; pasa el seguro. –Sí, pero… a veces logra convencerme… y me da miedo… No me gusta oírlo. ¡He pensado que deberíamos irnos de aquí!-.
Ella detiene su danza y mira sorprendida a Ángela.
– ¿Qué dices? Sabes que no puedo dejar esta casa. Es lo único que queda de mi madre-.
Ángela baja la mirada, va hacia la cama y se sienta en la orilla.
– Perdona. A veces lo olvido-.
El silencio se hace. Ella vuelve a sonreír, regresa al centro de la habitación y gira, su risa es más intensa. Ángela, desde sí, la mira con cierto dejo de complacencia. Sonríe. Su rostro se ilumina y tímidamente sonríe.
Toc. Toc… Toc. Toc… Angustiada Ángela voltea la mirada hacia la puerta, ve que la manija se mueve de arriba abajo. Ángela vuelve el rostro.
– Te lo dije… Es ella otra vez-.
Su voz crepita en un solo instante toda su existencia. Ella, de inmediato, deja de girar y riendo corre hacia al armario.
- ¡Ángela! ¡Abre la puerta!
Lenta y temblorosamente Ángela quita el seguro. Da unos pasos hacia atrás. La puerta se abre.
– ¡Debes terminar con esto!-.
Ángela quiere interrumpir, pero su voz se enreda en la garganta y se ahoga. Entonces el llanto la domina, pone las manos sobre su rostro y se sienta en la orilla de la cama.
–Debes aceptarlo Ángela. Es por tu bien-.
El tono de la voz es suave, comprensiva.
En un instante, Ángela deja de llorar y levanta la mirada.
-¿Entonces…
-Sí Ángela… ¿Cuándo le dirás que ella no es real?
        


Santa Lucía, Puebla. 21 de febrero de 2009

domingo, 25 de septiembre de 2016

Decisiones éticas en la investigación científica

Por: Noé Cano


Fuente de imagen:
https://www.youtube.com/watch?v=RX6ZbVc7Ubs
La ética tiene como materia de estudio a la conducta humana, los actos consientes y voluntarios de que es responsable el individuo, pero en ese actuar cotidiano la línea que divide lo que debe ser de lo que no, es muy tenue, es decir, las cosas son como son, no como deben ser, he ahí el dilema, el hombre actúa y se relaciona con el otro con base en lo que él piensa que es lo correcto, pero en qué proporción la conducta del individuo le permite entablar relaciones exitosas con otras personas sin afectarlas, sin dañar a terceros, sin perturbar a la sociedad.
Vivir es convivir, pero vivir en sociedad muestra una faceta complicada, al entrar en contacto con otros sujetos compartimos gustos costumbres, tradiciones, creencias y un sinfín de conocimientos que a veces no compaginan con el otro, he ahí cuando se empieza a buscar un punto de apoyo para guiar las acciones de los individuos y su relación entre ellos, después del siglo XVII, la ciencia basada en la razón permite estabilidad y seguridad al conglomerado social uniformando pautas culturales, como menciona Luis Lezama:

“Solo cuando la razón se impone y se rescata como única vía para asegurar la permanencia de la sociedad, el respeto a la vida adquiere un sentido y se destaca la importancia de los miembros del grupo. Nace así la idea moderna de sociedad; el triunfo de la razón se traduce en contrato que asegura a cada uno la propiedad de determinados bienes. Pero este contrato de sociedad origina el contrato de dominación que somete la voluntad individual a la razón de estado”. (Lezama, 1998, pág. 23)

Esto mismo sucede en el campo académico, el avance en el campo de la ciencia y la tecnología ha permitido a la humanidad crecer a ritmos agigantados, las grandes civilizaciones dejan sentir su poder en diversidad de terrenos: transporte, comunicación, entretenimiento, educación, etc., pero esta es un arma de dos filos si no se ocupa adecuadamente, el conocimiento ayuda en gran medida a la humanidad, pero también se puede ocupar en prejuicio suyo, el manejo del conocimiento debe de estar regulado para garantizar el beneficio social mediante un contrato, actualmente, el nombre de ese contrato social es la ética.
En la actualidad, los constantes cambios motivados por la globalización, el desmedido uso de la tecnología, la educación deficiente, el poco o nulo apoyo gubernamental y las nuevas modalidades de titulación a nivel licenciatura ha motivado el descenso en el desarrollo de investigaciones y la calidad de las mismas, problema que se viene arrastrando desde el nivel medio superior por el poco aprecio y profundidad que se le dan a las clases de metodología de la investigación, análisis de la información e investigación documental y redacción, además del poco rigor metodológico que se le pone a las demás asignaturas a la hora de crear habilidades específicas.
En el caso de las ciencias sociales, naturales o exactas, ¿Cuáles son las reglas que se siguen para el desarrollo de las investigaciones?, la investigación científica debe de ser válida y confiable en los resultados que presenta, para esto el investigador independientemente del campo de conocimiento en que se desenvuelva debe de tomar en cuenta los siguientes elementos: “el acceso al escenario, las estrategias de entrada, el contacto con las fuentes de información, la presentación de la propia investigación, la identificación de los informantes clave, la adopción de un rol, el grado de participación y el abandono del escenario de investigación.” (Aguilar Rodríguez, 2011, pág. 22)
La ética profesional en la investigación se pasa por alto en aspectos tan triviales pero tan fundamentales que es necesario hacer mención de ello, por ejemplo “el plagio”, el robo de ideas es un elemento de poco interés que en muchas partes no se le da la atención adecuada, en una nación como es el caso de México, que no se preocupa por la lectura y el desarrollo de investigaciones, se hace el pan de todos los días el utilizar frases prestadas y postearlas sin la mayor preocupación de quien, cuando y donde se dijo, ya ni se diga del uso del modelo APA (apellido, fecha, página), esa acción que los docentes descuidan y los estudiantes practican en secundaria, bachillerato y universidad es solo un ejemplo del problema que enfrenta la educación en México, es más, ni siquiera la tiene contemplada una gran cantidad de docentes que imparten cátedra no importando el nivel educativo en el que se desempeñan, a pesar de que por lógica y formación deberían de dominar estrategias de investigación en su campo de acción.
Pero el plagio no es el único problema que se enfrenta en el campo de las ciencias, en el nivel superior, se dan muchos problemas al momento de pasar por las materias de Metodología de la Investigación, Seminario de Investigación o de Tesis, la deficiencia de herramientas metodológicas por parte del docente a lo largo de toda su formación académica impide que el alumno pueda leer y redactar adecuadamente, por lo que no puede mostrar resultados óptimos mediante resúmenes, síntesis, opiniones personales críticas, citas de autores con fundamentos, hacer graficas o utilizar estadística descriptiva básica, el resultado final en el mejor de los casos es un trabajo deficiente, pero puede ser más complicado, la falta de habilidades metodológicas y de lectoescritura conlleva a cuadrar resultados o falsearlos y presentarlos como un trabajo de investigación que le va a dar al estudiante sin el merito correspondiente el grado académico de licenciado o ingeniero, pero eso no es lo más grave, el problema es que la investigación resultante denominada Tesis, va a formar parte del cumulo de cocimientos almacenados como validos, fidedignos, objetivos, críticos y de calidad que se presentan en el nivel superior, y que pueden ser utilizados para fundamentar otros trabajos serios, “lo peor es que la información inventada tal vez vaya a ser usada de buena fe por otros, lo que puede conducir a muchos trabajos infructuosos.” (Aguilar Rodríguez, 2011, pág. 24)
Un tercer punto a tratar con respecto a la investigación es la publicación de resultados, hay dejar claro que los avances que ha tenido la ciencia en los diversos campos de conocimiento se debe a la prueba-error, y no como lo pinta actualmente la ciencia en donde sólo se ve éxito por todos lados, esas son patrañas, gran parte de los logros científicos han llegado después de muchos errores cometidos, como lo menciona Thomas Kunt en su libro la estructura de las revoluciones científicas, por lo que el investigador también tiene la obligación ética de dar a conocer la otra cara de la moneda para así mostrar a la ciencia como lo que es, un quehacer cotidiano al que se dedica el hombre con el fin de resolver problemas y necesidades que se le presentan, así se le sacaría del velo de  perfección del que está cubierto y permitiría no esperar tanto de ella.
La ética del investigador es esencial para el avance social como lo muestra Rubén Maraví, por lo tanto “…debe evitar describir los descubrimientos como el producto de una estrategia analítica cuidadosamente planeada cuando no fue así, porque muchos descubrimientos llegan en forma inesperada. Ello es deshonesto. La ciencia avanza con honestidad y franqueza, los egoísmos y los engaños la retardan.” (Mesía Maraví, Enero-junio 2007, pág. 140)
Tomando la definición de ética como “de conformidad con las normas de conducta de una profesión o grupo” (Mesía Maraví, Enero-junio 2007, pág. 139),  y si esta definición se utilizara en la práctica profesional de la investigación, así como se supone se usa en la vida diaria, las cosas podrían dar un cambio en nuestro contexto próximo, pues al implementarse normas de comportamiento en el ámbito académico y escolar tarde o temprano impactarían en  la sociedad.
Para concluir, podemos decir que la ética debe de ser una premisa fundamental en la investigación científica que dé un punto de vista objetivo de la realidad para comprender el mundo y sus problemas, por lo tanto, al mencionar José Ortega y Gasset que lo más importa de un sistema científico es que sea verdadero, toma como punto de partida la proyección del pensamiento del sujeto hacia el mundo, de ahí que cuando menciona “Nuestro pensamiento pretende ser verdadero; esto es, reflejar con docilidad lo que las cosas son” (2002, pág. 5), lo hace tratando de comprender la realidad, por eso toma al hombre y sus circunstancias, elementos que conforman la realidad, “Finalmente, a un nivel aún más elevado, existe todavía otro conjunto de compromisos sin los cuales ningún hombre es un científico. Por ejemplo, el científico debe interesarse por comprender el mundo y por extender la precisión y el alcance con que ha sido ordenado.” (Kuhn T. S., 1971, pág. 78), claro esta de forma ética y sin prejuicio social.

Bibliografía
Aguilar Rodríguez, A. A. (2011). Cuadernillo de taller de ética por competencias para primer semestre para Ingeniería en Sistemas computacionales. México: Tecnológico de Estudios Superiores Oriente del Estado de México.
Kuhn, T. S. (1971). La estructura de las revoluciones científicas. México: Fondo de Cultura Económica.
Lezama, J. L. (1998). Teoría social, espacio y ciudad. México: El Colegio de México: Centro de Estudios Demográficos y de Desarrollo Urbano.
Mesía Maraví, R. (Enero-junio 2007). Contexto ético de la investigación social. Investigación educativa vol.11, N.19, 137-151.

Ortega y Gasset, J. (2002). El Tema de Nuestro Tiempo/La rebelión de las masas. México: Porrúa.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Los años en la Vida

Por Oscar O. Chávez Rodríguez[1]


Fuente de imagen:
http://www.actitudfem.com
La vida se mide en años, no porque tal sea su medida, sino por un convencionalismo y utilidad social. Se puede hablar, se ha hablado –atendiendo a ello–, de los buenos años, los años dorados, aquellos que han dejado su huella en una sonrisa perenne, en un sentirse a gusto; también se ha hablado de esas otras épocas (años) en las cuales lo aciago, no lo triste sino la tristeza y lo lamentable se imponen, dejando su impronta en el tiempo que tarda en retomar un cauce a la medida de la existencia, permitiéndole retomar sus pasos, andar nuevamente una senda. Años cuya evocación nos alerta de los posibles extravíos, a esto hay que endilgar la frase según la cual “el tiempo lo cura todo”, no es que lo cure, es sólo que se le asume como aprendizaje, experiencia en la cual el propio sujeto, el ser tan falible llamado humano, logra una transparencia desde la cual observa, mira su propio vivir. Ya esto dará alguna luz a propósito de esos seres que viven en las sombras, quizás sea más atinado decir: penumbras, incapaces de ascender –ascensión siempre será– allí donde la claridad se extiende, abarcando amplias escenas de la existencia, generando estancias para el propio vivir, el singular, el de uno. Sombra adensada, pesada que nubla la conciencia y confunde la razón, extraviando, además, la pasión o llevándola, al menos, a un querer estar acompañada; empecinamiento que se vuelve imagen de otra vida que provoca el simple precipitarse del tiempo, su deslizarse –y con él uno– hacia un abismo de lo no vivido porque lo memorable –los años– está ausente.
Los años, un año…. A las claras: la temporalidad constitutiva del ser humano en la cual, no sin esfuerzo, logra reconocerse y habitarse plenamente –aunque no definitivamente ya que somos abierta interrogación, indeterminada presencia–, consiguiendo, al par, que la sonrisa torne en tiempo constante, en duración existencial que nos hace ingresar a la vida, a nuestra vida desde la cual aprendemos –en el tiempo– que la felicidad es posible.
Temporalidad y soñar (se) que se vuelven bisagras que unen nuestra alma con la quietud, permitiendo la emergencia de lugares para la existencia que no son otra cosa que el tomar nuestra vida a nuestra cuenta, sin necesidad de asideros, de tablas de salvación a la medida de nuestro desamparo. El tiempo salva porque los sueños nos hacen intimar con nuestra soledad, porque vamos hilvanando lugares –Espacios y lugares– en los que resplandece nuestra vida en libertad.
Libertad en primerísima persona que permite adentrarse en la niebla, en la espesura de una existencia inesperada, luego el recuerdo, las memorias y todas las voces que se hacen silencio externo para volverse charla interior, para habitarnos en el alma, en el lugar desde el cual brota el suspiro.
“El cuerpo, cárcel del alma” escribió algún filósofo –por voluntad, aunque en esencia poeta–, sin darse cuenta la gravísima condición que su sentencia revelaba, sin lograr precisar las consecuencias que traería su empecinarse en la razón, no en lo inmediato, ciertamente, pues habría que esperar el impostergable caminar histórico del ser humano y con él la emergencia de una insatisfacción con la razón. Instalado en el mundo de las Formas el hombre parecía sentirse pleno, haber alcanzado alguna plenitud que, sin embargo, sería puesta en entredicho cuando el suspiro se hacía más intenso, reclamando su propio espacio, su horizonte existencial exclusivo y no por una apetencia o simple rebeldía, sino por un sofocarse del alma que buscaba liberarse. Cuerpo–cárcel que no pudo contener, evitar o encerrar el suspiro que liberaba el alma. Alma en libertad que no buscaba enseñorearse, sino descender a los espacios de la vida, aquellos abandonados en favor de la razón, y construir lugares a la medida de ella, la recién liberada.
Suspiro vuelto una caricia ingenua, con ingenuidad y ternura. Caricia en tercera persona que nos toca cada mañana cuando le recordamos, cuando su nombre emerge en el pecho y se esconde en los labios tornándose en sonrisa. Nombre, tu nombre, un nombre, mil nombres... ¡la sonrisa permanece! Y al pasar del tiempo o con el tiempo, la emergencia de un jardín pleno, con sus rincones poblados de recuerdos, con sus fuentes insomnes y en total armonía:

“Jardín cerrado al tiempo
y al uso de los hombres.
Intacta, libre,
en generoso desorden
su materia vegetal
invade avenidas y fuentes…
Allí, tal vez,
cierta nocturna sombra
de humedad y asombro
diga de un nombre,
un simple nombre…”[2]

Allí habita la existencia, la sonrisa, el nombre. El alma en camino de reconocerse plenamente, al punto de adentrarse en la niebla para volverse recuerdo de un momento de plenitud, de incandescente pasión y amor sincero... Luego una sonrisa de gratitud por haber coincido, por haberse habitado mutuamente. Cerrarse del jardín, cumplida curvatura del tiempo que deja de pesar y permite seguir en el camino.
Nos abandona, entonces, el tiempo, nos deja en la ausencia de uno mismo, de ella, de todo aquello que en su resplandor constituyó nuestra sonrisa, sostuvo la mirada.... Nos abandona el tiempo, nos hace derramar lágrimas de nostalgia, suspiros desganados, al punto del cesar. Luego, en la ajenidad del tiempo, en un reclinarse de la existencia la emergencia de una vereda, apenas una tímida senda en cuyo horizonte despunta la casa del recuerdo, hacia ella encamino mi vida, triste y ajena, buscando encontrar entre la memoria vuelta imágenes un detalle, un boceto de tu mirada tan llena de mi presencia... Nada aparece, sólo nostalgia de ti, intención de mí....



[1] Licenciado en Filosofía y Economía, Maestro en Ciencias Políticas, estudios realizados en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, institución en la cual se desempeña como Profesor–investigador adscrito a la Facultad de Economía; actualmente realiza estudios de Doctorado en Ciencias Sociales y Políticas en la Universidad Iberoamericana, Cd. de México. Es colaborador activo en Óclesis.
[2] Álvaro Mutis. Lied en Creta IV (fragmento). Summa de Maqroll el gaviero.

domingo, 28 de agosto de 2016

La autonomía del Poder Judicial en México

Jaime Hernández Mar[1]


Fuente de imagen:
http://es.slideshare.net/sophielulus/poder-judicial
El presente ejercicio tiene como objetivo analizar la autonomía del Poder Judicial de la Federación en México desde el punto de vista formal, cuyo marco de referencia es la división de poderes que se contempla en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, para reflexionar sobre el procedimiento de elección de los ministros de la Suprema Corte de justicia de la Nación, ya que en su designación participan tanto el poder ejecutivo como el Senado (Poder Legislativo). 
Se distinguirán  las características de un estado de derecho y la autonomía  desde el punto de vista legal  interpretando los artículos Constitucionales que fundamentan la división de poderes, que de acuerdo a la  Carta Magna se dividen para su  ejercicio en  Ejecutivo, Legislativo y Judicial,  con las funciones y facultades que la misma constitución les concede,  donde es trascendental  el procedimiento de elección  de los poderes y en particular   del Jurisdiccional.
El poder Ejecutivo y el Legislativo son elegidos por medio de votaciones libres, en el caso del poder judicial, el procedimiento es diferente ya que sus representantes no son elegidos a través de elecciones públicas.  De ahí la interrogante, por qué los ministros del poder judicial (suprema corte de justicia de la nación) no son designados a través de un proceso de elecciones libres.
Se inicia por revisar el concepto tradicional de Estado como organización política para identificar las partes que lo componen, donde generalmente se consideran tres elementos que caracterizan a esta estructura jurídica que son la población, el territorio y el poder.
García Máynez (1995) menciona que “El Estado suele definirse como la organización jurídica de una sociedad bajo un poder de dominación que se ejerce en determinado territorio” (p.98). Del concepto del maestro García Máynez, se interpreta que la población comprende a todas las personas que integran al estado y que conforman su sociedad, sujeta a las leyes que emanen del poder legislativo.
El territorio comprende la extensión en la cual el Estado ejerce su influencia e incluye tanto el espacio aéreo, el terrestre y el marítimo. Y el poder (facultad del Estado para hacer cumplir la ley) este mando es supremo y soberano, que no acepta otro superior en su territorio; es autónomo y exorbitante.
En este sentido Pina Vara (1998) señala  que  “es la potestad de que, dentro del Estado, pueden gozar las entidades políticas que lo integran, dentro de una determinada esfera territorial, y que les permite – cuando la tienen – la gestión de sus intereses locales por medio de organizaciones propias formadas libremente por ciudadanos” (p. 116.)  La división de poderes es un factor relevante en un estado de derecho.

El Estado de derecho y el deber jurídico
En un Estado de derecho se distingue que los poderes  se someten a la ley y actúan conforme a la misma, observan los ordenamientos que emanan del  Órgano Legislativo; además de preservar los derechos humanos de las personas  buscando elevar la calidad de vida de sus ciudadanos. Pina Vara (1998) en su Diccionario de Derecho lo define mencionando. “Estado de derecho es aquel cuyo poder se encuentra determinado por preceptos legales de tal modo que no puede exigir de sus miembros ninguna acción u omisión que no tenga su fundamento en la existencia de una norma jurídica (p.276.)
La República Mexicana es un Estado de Derecho, los poderes que integran al poder supremo se someten a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la supremacía de la Carta Magna se encuentra contemplada en el artículo 133 de este ordenamiento, el cual establece que  “Esta Constitución, las leyes del Congreso de la Unión que emanen de ella y todos los Tratados que estén de acuerdo con la misma, celebrados y que se celebren por el Presidente de la República, con aprobación del Senado, serán la Ley Suprema de toda la Unión”. (CPEUM.  Artículo 133)
En un estado de derecho el deber jurídico y ético es fundamental en el desempeño de las actividades de las instituciones del estado y en particular de la función de administrar justicia, la cual una prerrogativa de los ciudadanos, considerada como un derecho humano al encontrarse dentro de la parte dogmática de la Constitución Política en México plasmada en el artículo diecisiete de esta ley fundamental al mencionar que  “Toda persona tiene derecho a que se le administre justicia por tribunales que estarán expeditos para impartirla en los plazos y términos que fijen las leyes, emitiendo sus resoluciones de manera pronta, completa e imparcial”  (CPEUM. Art.17) 
De este párrafo constitucional, se desprende la imparcialidad misma que el código de ética del poder judicial de la federación define como la   “Actitud del juzgador frente a influencias extrañas al derecho, provenientes de las partes en los procesos sometidos a su potestad. Consiste en juzgar con ausencia absoluta de designio anticipado o de prevención a favor o en contra de algunos de los justiciables”.
(García Jorge - Principios éticos del juzgador-Suprema Corte de Justicia.
La ley como norma es un mandato hacia la sociedad, quien debe observar su cumplimiento y en caso de no hacerlo voluntariamente el Estado ejercerá su poder para hacerla cumplir de forma obligatoria y en determinados casos haciendo uso de la fuerza. De ahí la trascendencia de la imparcialidad, que conforme a la definición que le da el código de ética del poder judicial de la federación; se interpreta que el juzgador al administrar la justicia, debe de estar libre de todo conflicto que le impida actuar de forma objetiva y razonada para aplicar el derecho a todo cuestionamiento sometido a su jurisdicción.
García Máynez.(1995 p.260) menciona, “los juristas para quienes el deber jurídico no difiere esencialmente de la moral inspirase en la doctrina ética Kantiana”  en este sentido Kant en su tesis (el deber jurídico como obligación ética indirecta) señala en uno de sus párrafos  “Para que un precepto legal posea obligatoriedad, es indispensable, de acuerdo con la fundamentación metafísica de las costumbres, que derive de la voluntad del sujeto que ha de cumplirlo y tenga, a la vez, valor universal” (Citado por García Máynez. 1995 P.260)
Por lo anterior es relevante el procedimiento para  la designación de los funcionarios encargados de administrar justicia para que conforme a  este deber jurídico, de forma voluntaria y sin que medie ningún factor externo a la voluntad  administren el derecho en la sociedad, administrando justicia.
La justicia que el diccionario (Larousse) define como la “virtud que nos hace dar a cada cual lo que le pertenece”. A decir en términos jurídicos, cuando se viola una norma se debe de accionar el aparato jurisdiccional para proteger el interés social.

La División de Poderes en la Constitución política
En su obre, Derecho Constitucional Mexicano, el maestro Tena Ramírez comenta que la división de poderes en un Estado de Derecho no es un principio doctrinario, es una Institución Política proyectada en la historia, desde Aristóteles hasta Montesquieu, a ambos preocupo la división de poderes y dedujeron sus principios en una realidad histórica. (Tena Ramírez. 1995. P.211) Y en este sentido:
“La limitación del poder público mediante su división, en “Locke”, y sobre todo en “Montesquieu”, una garantía de libertad individual, Cuando se concentran el poder legislativo y el poder ejecutivo en la misma persona o en el mismo cuerpo de magistrados. Dice en pensador francés – no hay libertad…; no hay tampoco libertad si el poder judicial no está separado del poder legislativo y del ejecutivo…; todo se habrá perdido si el mismo cuerpo de notables, o de aristócratas o del pueblo, ejerce los tres poderes” (Cita. Tena Ramírez. 1995. P. 212 y 213)
Analizando texto citado por el maestro Felipe Tena Ramírez, se observa que en la República Mexicana se establece formalmente en la Constitución Política la división de poderes, en Ejecutivo, Legislativo y Judicial y se regulan en el artículo 49 el cual contempla que: “El Supremo Poder de la Federación se divide para su ejercicio en Legislativo, Ejecutivo y Judicial.  No podrán reunirse dos o más de estos Poderes en una sola persona o corporación” Para elegir y renovar a los representantes de los poderes el artículo 41 de esta ley suprema, menciona que tanto el Ejecutivo como el Legislativo, se hará por medio de elecciones libres y periódicas. (CPEUM Artículo 49)
Por lo que corresponde a la renovación de los titulares del Poder Judicial, el procedimiento es diferente, ya que interviene el Presidente de la República y las dos terceras partes del senado, ya que conforme al artículo 96 de la de la carta magna:
“Para nombrar a los Ministros de la Suprema Corte de Justicia, el Presidente de la República someterá una terna a consideración del Senado, el cual, previa comparecencia de las personas propuestas, designará al Ministro que deba cubrir la vacante. La designación se hará por el voto de las dos terceras partes de los miembros del Senado presentes, dentro del improrrogable plazo de treinta días. Si el Senado no resolviere dentro de dicho plazo, ocupará el cargo de Ministro la persona que, dentro de dicha terna, designe el Presidente de la República.  En caso de que la Cámara de Senadores rechace la totalidad de la terna propuesta, el Presidente de la República someterá una nueva, en los términos del párrafo anterior. Si esta segunda terna fuera rechazada, ocupará el cargo la persona que dentro de dicha terna, designe el Presidente de la República” (CPEUM Artículo 96).
La República Mexicana es un Estado de Derecho ya que sus Instituciones se rigen por la Constitución Política como la ley máxima y se fundamenta el principio de Supremacía Constitucional en el artículo 133 y el poder supremo de la federación se integra con los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial (la división de poderes) como se señala en el artículo 49 de la ley soberana.
En nuestra opinión en un Estado de Derecho con una independencia plena de los poderes que integran el máximo poder de la Federación, estos; deberían ser elegidos por medio de un procedimiento similar, confirmando la autonomía e independencia de la División de Poderes para llevar a cabo las funciones que le encomiendan sus responsabilidades en la ley, por lo que es esencial la participación directa de la sociedad ya que no se debe perder de vista que conforme al artículo 39 de la Constitución Política “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.

Bibliografía.
§  García Máynez Eduardo. (1995) Introducción al Estudio del Derecho. México.
§  De Pina Vara Rafael (1998) Diccionario de Derecho. México.
§  Tena Ramírez Felipe. (1995) Derecho Constitucional Mexicano. México.
§  Larousse. Diccionario básico escolar. México.
§  Honorable Congreso de la Unión. (2015) Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. México
Referencias.
§  García García Jorge. Principios éticos del juzgador-Suprema Corte de Justicia. https://www.scjn.gob.mx/Transparencia/Lists/Becarios/Attachments/79/Becarios_079.pdf




[1] Jaime Hernández Mar es maestro en derecho en Procuración e Impartición de Justicia.