lunes, 24 de agosto de 2015

Del dicho al hecho y el olvido

Por: Ladislao Aguilar Sánchez[1]


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http://terr.ae/invierno-2014/entre-ninguna-parte-y-el-olvido/
Desde hace ya muchos años el interés por la comunicación humana ha despertado una numerosa cantidad de debates en torno al lenguaje; escuchar esta “mágica” palabra nos lanza de inmediato hacia aquel diccionario mental que cada quien forma a través del tiempo con ayuda de algunos profesores e indirectamente de algunos autores.
Hablar de lenguaje no es simplemente hablar de símbolos escritos que encriptan saberes, ni de palabras perdidas que revelan verdades al ser escuchadas, sino también de todo aspecto comportamental expresado con ademanes, posturas de cuerpo e incluso con gestos faciales, todo esto nos ayuda a interpretar lo que el otro nos intenta comunicar.
Las lagunas del discurso no sólo se encuentran en el dialogo hablado o escrito, no por lo menos como lo proponía Freud[2] con respecto al desliz de la palabra, sino también se hace notar en el lenguaje corporal a veces sutil, a veces expreso pero siempre inconsciente.
Atender sólo a un plano del lenguaje compromete la comunicación, dejando así aquel vacío que impide llegar con bien al mensaje, propuesta que da Lacan[3] al decir que la comunicación se ve alterada en lo real de Yo a Yo por lo simbólico de cada sujeto, por tanto el discurso del otro no se recibe adecuadamente.
Al observar a profundidad el lenguaje del otro, podremos reconocer el discurso que éste habla, siente y mueve en toda su corporalidad, tratando de develar aquello que llevado por el inconsciente se trata de guardar. Aún dentro de la ciencia del lenguaje encontramos limitantes que impiden comprender el discurso de una manera íntegra, fragmentándolo sólo en palabras que resuenan de oído a oído interrumpidas por el propio deseo que gozamos.
Entre las ciencias que abordan el estudio del lenguaje, se deja únicamente al descubierto el nivel de la palabra, escrita, hablada e incluso algunas otras formas como los pictogramas; sin embargo se ha dejado de lado la manifestación quinestésica del discurso, es decir, el acto. Por ello, hablar del acto, como parte del discurso deja ver con mayor precisión las lagunas entre las existentes como parte de lo encubierto, es decir aquello que no se quiere decir pero no se puede omitir.
Aquí se desarrolla el trabajo que propone Freud[4] al tratar de significar actos fallidos, olvidos y palabras entre dichas que escapan al contexto de aquella amena conversación de café entre amigos, que se manifiestan en los informes de altos mandos por todo el mundo, de los juegos de palabras no planeados por algún escritor de cuentos.
De lo que se dice a lo que se entiende, sin mencionar lo que realmente se quiere decir queda el camino abierto hacia lo latente para hacerlo manifiesto, recorrerlo sólo con cautela para así descubrir el “verdadero” mensaje que el otro “verdaderamente” lanza.
Lista bibliográfica
Freud, S. (2003). Obras Completas Totem y Tabú. Buenos Aires: Amorrortu.
Lacan, J. (1956). Los escritos de Jacques Lacan. El seminario sobre la carta robada (págs. 4-21). No hay dato: No hay dato.
Masota, O. (1996). Lecciones de Introducción al Psicoanálisis. En O. Masota, Lecciones de Introducción al Psicoanálisis (Quinta ed., págs. 55-65). Barcelona, España: Gedisa editorial.




[1][1] Sobre el autor: Es estudiante de psicología y colaborador en Óclesis, Víctimas del Artificio. Coordina las jornadas académicas 2015 en torno a la obra de Freud.
[2] Cf. MASOTA, O. (1996). Lecciones de introducción al psicoanálisis. Gedisa Editorial. Barcelona, p. 55.
[3] Seminario de Lacan del profesor Jorge Alberto santos Guzman (2013).
[4] Ídem.

martes, 4 de agosto de 2015

La metáfora de Caín: el infierno de Jack Mendoza
Por: Noé Cano Vargas[1]


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http://laspiedrascantan.blogspot.mx/2014_11_01_archive.html
Los días terrenales, expresión trivial atribuible a la vida de cualquier persona y su andar por una parte de este globo terráqueo, por mencionar un espacio específico: México; más si bien es clara la trivialidad de la frase, no es trivial lo que le puede acontecer a un hombre, lo que a José Revueltas en este deambular cotidiano le hizo escribir sus obras.
La primera novela de José Revueltas, Los muros de agua aparece en 1941, los siguientes títulos y la connotación de sus novelas permiten percibir el sello y la forma peculiar en que el autor escribe, de ahí que en entrevista con Margarita García Flores el 16 de abril de 1972 José Revueltas menciona “Yo hubiera querido denominar a toda mi obra Los días terrenales. A excepción tal vez de los cuentos, toda mi novelística se podría agrupar bajo el denominativo común de Los días terrenales, con sus diferentes nombres: El luto humano, Los muros de agua, etc.” (Revueltas, 1979, pág. 7).
 Uno de los títulos que dejan entrever esos días es la novela publicada en 1957: Los motivos de Caín, José Revueltas toma el pasaje bíblico del libro de Génesis Capitulo 4 versículo 1-16 para darle título a la novela, la parte medular es cuando Caín asesina a su hermano Abel y cuyo castigo por el crimen es ser “errante y extranjero en la tierra”, en condición de fugitivo.
La novela surge de una charla trivial en una taberna de Tijuana, una conversación entre José Revueltas y otro individuo cuyo nombre nunca conoce, al principio él se negaba a comentar una palabra de lo que le había ocurrido, pero al final se da el diálogo, el resultado es esta novela, el personaje principal adquirió el seudónimo de Jack, el sargento de infantería Jack Mendoza; la escenografía: el sur de Estados Unidos, es decir, la frontera y el distrito comercial de Tijuana; la escena central: Jack tratando de comprender la realidad, de afrontarla pasando desapercibido, el problema es que su pasado lo condena, es un soldado norteamericano desertor de la guerra con Corea, pero hay algo más,  por eso vive “… con el terror lleno de sobresaltos ante la idea de que alguien lo descubra bajo su disfraz de humano…”, que descubran lo que hizo.
En los motivos de Caín el “infierno” que vive Jack es de índole moral, al haber capturado durante la guerra a un comunista universitario coreano mexicano de nombre Kim, Jack fraterniza con él por hablar castellano y considerarlo paisano, pues ambos eran de ascendencia mexicana, le da un consejo, pero él tira el carnet del prisionero que lo liga al partido comunista, y se ve envuelto en un embrollo peligroso que le puede costar la vida; el prisionero es entregado y torturado, Kim no da información, a Jack le conviene su silencio, después, al sargento Mendoza lo llaman como intérprete del prisionero, sólo él habla castellano, Jack siente un alivio, puede salvar su pellejo; de pronto una mujer obesa, la doctora Jessica Smith es presentada a Jack, ella con una actitud sínica se le insinúa sexualmente mediante una expresión en los labios y un guiño en el ojo, Jack inicia el interrogatorio, el oficial Buck y Tom se van, ella se queda a ver el espectáculo, Kim responde, se confiesa comunista pensando que sólo Jack le entiende, acto continuo le pide que lo mate, de pronto la doctora Jessica deja de fingir, ella entiende español, apunta a Jack con la pistola y lo desarma, por el miedo se orina en los pantalones, la doctora hace que Jack torture al prisionero, él la ayuda, de aquí en adelante Jack no es nada; La doctora excitada le pide a Jack acostarse con ella, mientras lo empieza a tocar,  él podía haberla desarmado y matado, pero no hace nada, Jack accede con la condición de que mate a Kim, la doctora le aplica al coreano una carga de insulina, estaba hecho, su paisano murió, su muerte le permite salvarse al dejar de ser cómplice del comunista, pero el precio fue muy alto, el Sargento Jack Mendoza se convierte en Caín.
Al huir y llegar a la casa de sus amigos los Mascorro, Bob y su esposa Marjorie sabiéndolo desertor, sin conocer la causa exacta, sólo con la explicación de no querer volver, le brindan ayuda: alojamiento, comida, ropa para el trayecto y el punto exacto para cruzar la frontera, en ese tramo, tuvo que esquivar las balas del guardia fronterizo escapando ileso hacia un nuevo comienzo, donde ya no sería sargento, sin identidad, Jack llega a Tijuana, pero la situación que enfrenta es como estar muerto en vida, ése es su infierno, “un creer que se vive, (…) un tratar de vivir que jamás se logra; una desprotagonización absoluta, sin que pueda uno aceptar, un solo instante, que ha dejado de ser el protagonista.”
Estando en Tijuana al sentirse perseguido, acosado, lo que vivió en la guerra y en el cuartel le hace pensar a Jack que todos eran cómplices y tramaban algo para perjudicarlo, amas de casa, empleados, vendedores, el cargador, hombres, mujeres y niños, situación que se acrecentó por el sueño y las cuatro noches sin dormir después de cruzar la frontera, paranoico, asustado, nerviosos, quiere pensar que es un sueño, pero es la cruda realidad en la que está inserto sin poder participar por su peculiar situación, un prófugo disfrazado de civil, por eso comenta “Ellos viven, sueñan, comercian, copulan; yo estoy fuera, extraño, tal vez sin rostro, tal vez sin labios, sin voz (…)”, el infierno de Jack es huir, es no poder ser él mismo.

En un día terrenal se puede dar una charla trivial de un sujeto con otro un día cualquiera, cada día tiene sus propias inquietudes, sus propios pesares, como menciona José Revueltas:


 “Acababa de salir del infierno y, sin embargo, aún no podía salir. Esto finalmente –la búsqueda de una salida– lo resolvió a decirme poco a poco las cosas, lento, con esfuerzo, con dolor. Nada sensacional ni tampoco para una novela: cosas que se han visto simples y triviales en un mundo que parece acostumbrarse cada vez más a la locura. A Jack no lo volví a ver jamás.” (Revueltas, 1979, pág. 9)

Bibliografía

Revueltas, J. (1979). Los motivos de Caín. México: Ediciones Era S.A.




[1] El autor es licenciado en Historia por la FFyL de la BUAP, maestro en Historia por el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” de la misma casa de estudios. Es miembro activo en la coordinación académica de Óclesis, Víctimas del Artificio.

domingo, 12 de julio de 2015


Prometeo, figura-dios del artífice 
y del artificio ante el Patros Logos


Francisco Hernández Echeverría[1]


Las jornadas de estudio organizadas por nuestro colectivo, “Óclesis. Víctimas del Artificio”, correspondientes al trimestre Enero-Marzo se enfocaron al análisis de un texto escrito por Sigmund Freud en 1913: “El interés del psicoanálisis para las ciencias no psicológicas”. Allí observamos que Freud, superando el esquema propuesto por Jean-Martin Charcot, no realiza distinción alguna entre los procesos llamados normales y los patológicos, posibilitando con ello que su práctica terapéutica se vincule naturalmente con otras disciplinas, entre las que encontramos la ciencia del lenguaje: el lenguaje no se limita sólo a la expresión del pensamiento en palabras, aunque sea la actividad anímica más privilegiada, sino también al lenguaje gestual y la escritura, teniendo en cuenta que las interpretaciones del psicoanálisis son un trabajo de traducción que permite comprender una forma expresiva que resulta ajena a nuestro pensamiento, es decir, la exégesis del símbolo (1).
            Dentro de dicha exégesis podemos ubicar al mito, el cual más que limitarse a un relato original pretende simbolizar aquello que mantiene al presente prisionero a dicho origen. Por ejemplo, en Totem y Tabú, Freud habla del papel que tiene la prohibición como anticipación de la culpabilidad que genera la actitud rebelde, es decir, del castigo que puede caer antes sobre aquel que pretende cometer un pecado, o mejor dicho, realizar llanamente lo que le dicte el deseo. Entonces la ley, la prohibición, será la piedra angular de la cultura, principalmente la prohibición del incesto, en particular, del incesto de la madre con el hijo, impuesta por el padre, por “la palabra textual del padre”, el principio del logos patriarcal, el logos basado en el mandato: el Patros Logos.
El padre, en consecuencia, “es él mismo una consecuencia, una consecuencia del lenguaje hablado, del establecimiento de la relación de causalidad entre el encuentro sexual y el nacimiento infantil y del cálculo que liga el tiempo de los procesos humanos con los sucesos en el cielo, con las lunas y los soles y las estaciones del año” (2).
            Bajo este esquema, Freud está inventando un mito “que es avalado por el estudio de las sociedades de primates: hay un macho alfa que puede gozar de todas las mujeres del grupo y que impide a sus descendientes varones el comercio sexual con ellas” (3). Tal hecho derivará en la sublevación de los hijos, incitados posiblemente por la madre misma, quienes se organizarán para darle muerte al padre, callando su culpabilidad parricida con la incorporación de la memoria del padre mediante la devoración de su carne y sus huesos, lo cual se exteriorizará con la construcción de un templo para su veneración. He aquí el origen del padre-tótem, el origen de la ley, de la religión, de la ordenación familiar y cultural, en última instancia, de la vida política centrada en instituciones que preservarán el Patros Logos como “autoridad totémica independientemente y por encima de la vida de los gobernantes y gobernados […] El padre-tótem es el responsable de la culpabilidad del hijo por sus deseos incestuosos; de ese modo, es quien decreta la imposibilidad de la realización de tales deseos (4).
            Esta explicación freudiana ha servido de base a muchos pensadores para el análisis de la crisis actual, derivada de la imposición de un Global Order único a través de un nuevo Patros Logos, que al impactar sobre la estructura material y en los imaginarios sociales decreta prohibiciones sobre los deseos libertarios y críticos a los devastadores efectos del sistema, que no son sólo financieros sino también sociales, políticos, culturales y hasta ecológicos, que por más que la saturación corporativa postmoderna y el oportunismo académico e intelectual nos traten de convencer de lo contrario, no son “sustentables”.
En este sentido, el filósofo catalán Eduardo Subirats ha abierto nuevas perspectivas de análisis sobre lo que él llama la Crisis Management, que es consecuencia del proceso civilizatorio fuertemente asido a la idea de progreso económico-industrial, el cual ha sido incapaz de definir un equilibrio social y ecológico globales, e incapaz de concebir un orden político mundial basado en la igualdad de las naciones y los pueblos en aras de la misma supervivencia de la Humanidad: “Estamos estropeando el delicado equilibrio ecológico que sustenta la vida humana. Esto significa, literalmente, pedir prestado a cargo de la vida de nuestros hijos” (5). Ahora bien, con el surgimiento de los tan coreados “posts” (“postmodernidad”, “post-estructuralismo”, “post-deber”), el sufrimiento y la desesperación humana han sido trivializados hasta su desfiguración, convirtiéndolos en un significante vacío propagado por la colonización comercial de la cultura y sus industrias de la comunicación que se han limitado en presentar “escenarios arquitectónicos corporativos de dimensiones colosales, deslumbrantes eventos electrónicos de la política global, y paraísos digitales y financieros: el espectáculo postmoderno” (6).
La postmodernidad se ha instalado bajo el grito de sus clichés más trillados: el fin de la historia, el fin del sujeto, el fin del trabajo, el fin de los metalenguajes, el último libro, el último cuadro, la muerte del intelectual, en resumen, el “final del humano”: “Estamos en el laberinto y ¡claro! es peligroso porque podemos caer en las garras del Minotuaro. Hay que ir con cuidado pero sí hay caminos. Los que están diciendo que no hay caminos son las corporaciones, que los únicos caminos que aportan son: la guerra, aumentar los presupuestos para los proyectos militares y para los bancos. Y entonces quién está desde hace mucho tiempo diciendo que la historia ha acabado y que estamos en la era de los post, son precisamente las corporaciones quienes constantemente afirman la necesidad del apocalipsis y la santa madre Iglesia” (7).
Evidentemente con el pretexto de una guerra global llamada contra el terrorismo o el narcotráfico —asegura Subirats, al igual que Raúl Zibechi (en http://www.youtube.com/watch?v=vXVV4IkQYDM)—, el verdadero objetivo corporativo-estratégico son los centros de extracción petrolífera, los centros de concentración acuífera, y las regiones productoras de minerales estratégicos y biodiversidad. Paralelo a esta situación no ha descuidado la destrucción de las instituciones educativas y la manipulación y control mediáticos pues: “El postmodernismo ha renunciado a las teorías críticas; ha abrazado el destino de una última conciencia intelectual; ha anunciado la abolición de la filosofía, del arte y de la resistencia política; los postmoderns han celebrado postsujetos, posthistorias, postpolíticas y posthumanos; y se han identificado con un proyecto corporativo de redefinición semiótica de identidades culturales y especies biológicas, del espectáculo democrático y de la propia conciencia humana, junto a su empaquetamiento comercial y su manipulación mediática” (8).
Efectiva y lamentablemente los mismos centros académicos se han prestado a ser cómplices oportunistas de esta situación, razón por la cual el pensador catalán asevera que hoy vivimos bajo el “arresto domiciliario de la inteligencia”, que nos ha sumergido en una actitud de pesimismo y un estado de apatía y entumecimiento ideológico provocado por la sobresaturación informativa postmoderna. De ahí la necesidad de ver con claridad, “esclarecer” el problema en el que estamos enfrascados.
Subirats partirá entonces de que la postmodernidad no ha sido una filosofía, sino su renuncia, pues su punto de partida es la negación de la filosofía como Aufklärung, Lumière, Enlightenment, que el filósofo traducirá mejor como Esclarecimiento más que como Ilustración. Por tanto, Subirats llamará esclarecimiento a: 1) Aquellas figuras del pensamiento filosófico, místico y mitológico de la historia de la Humanidad que han promovido la autonomía de la reflexión racional (Véase a Averroes o Kant); 2) Las filosofías de la luz (Véase a Shurawardi, Ibn Arabi) y 3) El desarrollo de las artes y las técnicas con una finalidad filantrópica, insubordinada a su apropiación corporativa y a su utilización genocida (Véase el mito de Prometeo encadenado de Esquilo).
En este último punto podemos notar que para abordar aquellas zonas de fracaso civilizatorio, Subirats ensaya respuestas echando mano del mito griego de Prometeo, sin que por ello pierda de vista lo concreto, es decir, no asciende al Olimpo para fantasear sino porque, según su visión de mundo, los mitos pueden reactualizarse, de tal manera que “la corporación de los dioses” persiste en destruir la planta humana en la Tierra (9). La corporación que ha fundado Zeus con los demás dioses personifica hoy en día los grandes consorcios financieros del planeta, que segundo a segundo, el pensamiento burocratizado de las universidades y la maraña de mensajes apologéticos que vomita la industria cultural tienden a oscurecer las causas y registros de sus crisis (10).
Por ello, la figura de Prometeo, el ladrón del fuego de los dioses para regalárselo a los hombres, simboliza “una perspectiva objetiva y afirmativa, como una gota de optimismo en estos tiempos de destrucción y exclusión” (11). El rescate de este mito para resignificarlo nos sirve de plataforma para penetrar en las entrañas de la postmodernidad que ha confundido el positivismo de August Compte y el tecnocentrismo del descubrimiento de la luz eléctrica —de Benjamin Franklin a Thomas Alva Edison— con el fuego sagrado de la reflexión y rebeldía titánica contra la opresión.
En el Prometeo encadenado del dramaturgo griego Esquilo, el fuego arrebatado a Zeus por el titán es definido como instructor de las artes: “el manantial del fuego robado, que es para los mortales maestro de todas artes y gran recurso” (12); igualmente en el Mito de Prometeo contenido en el Protágoras de Platón el fuego es identificado con las fuentes de energía necesarias para la conservación de la especie humana y para el desarrollo de la civilización: “En cambio, en la vivienda, en común, de Atenea y de Hefesto, en la que aquéllos practicaban sus artes, podía entrar sin ser notado,  y, así, robó la técnica de utilizar el fuego de Hefesto y la otra de Atenea y se la entregó al hombre. Y de aquí resulta la posibilidad de la vida para el hombre […] En el tallo de una caña me llevé la caza, el manantial del fuego robado, que es para los mortales maestro de todas artes y gran recurso” (13).
Cabe aclarar que esta mirada tecnológica y civilizatoria de un fuego indispensable para la supervivencia humana no es exclusiva del mundo griego, pues también ya se encontraba presente tanto en la religión de Zoroastro, así como en ciertos himnos dedicados al dios del fuego de algunas otras culturas de la Antigüedad. Sin embargo, en la progresiva expansión de la tecnociencia moderna ese fuego civilizador ha sido reducido catastróficamente a un tipo de cultura predominantemente tecnológica que absorbe y desplaza las formas tradicionales para empujar todos los ámbitos de la vida al consumo de petróleo, gas, uranio y plutonio, al surgimiento de conflictos y guerras fratricidas por acaparar a toda costa estos recursos. Este totalitarismo que gradualmente adquiere un carácter masivo despoja todos los actos humanos de su dimensión subjetiva, anulando por tanto las posibilidades de auténtica participación individual y colectiva, convirtiéndose en una seria amenaza de la supervivencia humana en todo el orbe.
            Entonces, si comparamos el fuego prometeico únicamente bajo esta acotación tecno-industrial del consumo indefinido de energía se cambia completamente el sentido de lo que en realidad entraña el mito y el culto al dios-titán Prometeo, pues como ya lo habíamos dicho precedentemente su significado es el de “instructor de las artes”, pues de lo contrario estaríamos pasando del fuego imprescindible para la supervivencia humana al fuego que aniquila su misma sobrevivencia. En otros términos, la idea de retomar el mito prometeico es para tratar de actualizarlo sin perder de vista la necesariedad de ese fuego para sobrevivir como especie y combatir, abandonando completamente la vulgar vinculación que se le ha hecho con la función explotadora de recursos o con su función como energía, para mejor verlo como luz que ayuda a tener claridad en la oscuridad, uno de los aspectos también indispensables para la supervivencia. Así, al tratarse de una claridad, el fuego se transforma automáticamente en “principio de formación intelectualmente esclarecedora, espiritualmente iluminadora y políticamente emancipadora de las tiranías. En pocas palabras, un principio de resistencia y no se sacrificio (14).
            Este será el programa de esclarecimiento subiratiano que no se detiene ante lo dado, sino en el análisis de una serie de conceptos que considera clave —la techné, la philia, el antropocentrismo, el mito de Pandora, el esclarecimiento y el sacrificio— con la finalidad de llevarnos a reconocer que el famoso titán, independientemente de proveer al hombre del fuego civilizador, le muestra al mismo tiempo la tarea de hacer crítica hacia el asunto sacrificial, pues en su comunicación con lo divino el hombre tiene la capacidad de construir una relación reflexiva.
La palabra techné significa técnica o arte, pero la techné prometeica no nace de la voluntad bíblica de sojuzgamiento y dominación total por medio de la violencia, que posteriormente derivará en dominación tecnocientífica planetaria a partir de las premisas baconianas que le darán cimiento a la sociedad industrial del siglo XVIII. La techné que Prometeo hereda al hombre es el fuego iluminador, el alumbramiento filosófico. En el Prometeo encadenado de Esquilo la palabra Philia (que significa amor fraterno, incluyendo la amistad y afecto) será lo primero que los verdugos de Zeus, Krátos (Fuerza) y Bía (Violencia), echen en cara a Prometeo mientras Hefesto, dios del fuego y de la fragua, lo encadena a unas rocas del Cáucaso para que un águila le devore todos los días el hígado como castigo por haber osado robar el fuego para los hombres: “para que aprenda a soportar la tiranía de Zeus y renunciar a sus sentimientos Humanitarios” (15). Más adelante el mismo Hefesto igualmente le recriminará a Prometeo: “Esto has ganado con tus sentimientos humanitarios” (16). Repetidas veces Prometeo es reprendido por su philia hacia el humano, su filantropía que le ha impulsado a robar el fuego iluminador de todas las artes desobedeciendo las palabras de Zeus, el Patros Logos.
De suma importancia es subrayar esto, ya que nos indica que la filantropía es una acción humana que rebasa la racionalidad que define a los humanos como agentes de un confuso proceso de acumulación monetaria conforme con la antropología capitalista de Adam Smith. Así mismo, el titán amigo de los mortales indiscutiblemente se encuentra más cercano al ideal antropofílico de cercanía, hospitalidad y amistad con la Madre Tierra (Gaia), que a la tradicional teoría filantrópica occidental muy asociada al ideal cristiano de caridad.
Bajo esta óptica, Subirats se opone a la visión de Francis Bacon cuando éste circunscribe la función del fuego bajo una noción industrial y tecnocientífica, ignorando el papel que el mismo fuego desempeña dentro del mito: resistencia, desobediencia y rebeldía hacia el Patros Logos. Es decir, le suprime al fuego la fuerza de Aufklärung, pero en cambio, le inventa una nueva direccionalidad, que inclusive hemos asumido como sagrada: el antropocentrismo, el ser humano como centro del universo; idea muy respaldada por la ciencia moderna y ejemplificada en las ferias industriales del siglo XIX o en la conquista del espacio del siglo XX. Con esto, el padre del empirismo reemplaza la antropofilia prometeica por una teleología antropocéntrica de la razón industrial que posiciona al hombre como centro.
Después Subirats analizará el concepto de Pandora como elemento de misoginia para justificar que la única responsable de las infinitas miserias de la familia humana a lo largo de la historia no es la expansión industrial y comercial con sus múltiples expresiones militares y políticas, sino… Pandora: “de esta fuente —afirma Bacon— provienen todas las guerras, todos los tumultos y todas las tiranías del género humano”. En referencia al concepto “esclarecimiento” —que como ya lo mencionamos anteriormente, suplanta el concepto de Ilustración ya que éste último en realidad no significa nada, es una palabra vacía: “lustre”, “ilustrarse”, “lustrarse”, lo que no significa “ser inteligente”— Prometeo representa el mito esclarecedor por excelencia, Prometeo mismo es el esclarecedor por antonomasia, que actúa como un sofista, no desde la amañada interpretación de Platón en el Protágoras (sophistoe), sino como sophistés que se encuentra directamente relacionado con la idea de “filósofo”, la cual era aplicada a los Siete Sabios o la exclamación de Kant: “¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento” (17).
Ya con la mirada esclarecida, la mirada inteligente, una mirada emancipadora que es capaz de desentrañar la lógica interior de las cosas debajo de su apariencia, podemos denunciar la tiranía del Olimpo (las Corporaciones de hoy) que ha impuesto su Patros Logos con leyes colmadas de alienación y promotoras del sacrificio que todos debemos hacer hacia ellas. Así, Prometeo no es creador ex nihilio, sino figura del segundo creador, figura del artífice y del artificio, pues al ser un crítico del ritual sacrificial de los dioses, impone un sacrificio contra el sacrifico (regalar el fuego), una relación dialéctica que resulte beneficiosa para los hombres, un sacrificio que transforma el sacrificio impuesto (prohibición según la tesis freudiana) en una acción reflexiva de separar y juzgar que tiene su punto máximo en la medida en que logra que los humanos utilicen el fuego divino como principio regenerador de la creatividad, del artificio mismo para gozar de “un nuevo esclarecimiento del humano humanizado” ante el nuevo Patros Logos de la liquidez postmoderna.

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(1) José Töpf y Heberto Rojo, Psicología, lo inconsciente, Eudeba, Buenos Aires, 2014.
(2) Néstor A. Braunstein, “El  mito científico de Freud”, en El Universal, suplemento “Confabulario”, México, 2013, pp. 4-5.
(3) Ibídem.
(4) Ibídem.
(5) Richard J. Barnet, La economía de la muerte. Siglo XXI, México, 1976, p. 12.
(6) Eduardo Subirats, “Life is beautiful. Esclarecimiento del Esclarecimiento, y el final del Postmodernismo”, 2012, en http://www.vitruvius.com.br/revistas/read/arquitextos/12.140/4201
(7) Eduardo Subirats en Alejandro Flores, “Debemos re-energizar la confianza en la creatividad: Subirats”, 2011, en: http://eleconomista.com.mx/entretenimiento/2011/10/24/debemos-re-energizar-confianza-creatividad-subirats
(8) En Eduardo Subirats, Op. cit., 2012.
(9) En Eduardo Subirats, Op. cit., 2011.
(11) Eduardo Subirats, “Prometeo o esclarecimiento en una edad de destrucción”, 2014. Conferencia organizada por el Colegio de Filosofía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y el Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla (IMACP) del H. Ayuntamiento de la Ciudad de Puebla de Zaragoza.
(12) Esquilo, Tragedias, Grupo Editorial Tomo, México, 2007, p. 88.
(13) Platón, Protágoras, Gredos, Madrid, 1993, p. 320.
(14) Eduardo Subirats, Op. cit., 2014.
(15) Esquilo, Op. cit., p. 85.
(16) Ibídem, p. 86
(17) Immanuel Kant, Filosofía de la historia. Qué es la ilustración, Terramar, Buenos Aires, 2004, p. 33




[1] El autor es Maestro en Educación Superior por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Coordinador General de Óclesis. Víctimas del Artificio, y docente en diversas instituciones universitarias.

miércoles, 24 de junio de 2015


Borges y la perpetuidad del instante en la palabra, el inmortal

Por: Gilberto González Morán


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http://escritosdearena.blogspot.mx/
Cuando por primera vez el instante de la lectura es puesta en la línea sucesiva de la lengua, el acto de la diégesis se instala en los anales del tiempo y el espacio. Ya, Borges nos anuncia en el ensayo de 1946 de la nueva refutación del tiempo, la intención de transgredir el tiempo, de anularlo a través de la literatura, de las grafías, que es una extensión más, de la lengua.
           La narrativa de Borges gira entorno a los mismos temas, varios cuentos pueden abordar la misma incógnita metafísica, por ello es conveniente aclarar que el tiempo esta inmerso en varios cuentos, pero la perspectiva y creación del mismo varía; por un lado lo anula y por el otro lo puede extender hacia lo infinito.  El inmortal  es el cuento que plantea varios problemas de tiempo en relación con el lenguaje.
           Londres 1929 es el año y el lugar en el que Cartaphilus  ofrece los seis volúmenes en cuarto menor de la Iliada de Pope a la princesa de Lucinge. En la parte última de la Iliada se encuentra un manuscrito que narra el transcurrir del tiempo de Cartaphilus. El libro está escrito en inglés y abundan los latinismo, lo que se nos presenta es una traducción literal del libro.
           La primera propuesta de Borges está al comienzo del cuento. ¿Cómo es posible hacer una traducción literal de un idioma a otro? Tomando en cuenta lo postulado en la biblioteca de Babel: el universo es una gran biblioteca, es posible que exista una sola realidad discursiva, quizá la única posible para el hombre, en la que el significante sea el elemento variable y rompa con la simbiosis semántica propia del signo lingüístico, ergo, es posible trasladar los mismos conceptos de un tipo de código a otro, pues, ambos no dejan de ser una interpretación humana del mundo en otras palabra un artificio.
           Una de los elementos sobre salientes del cuento es la metadiégesis no sólo hecha dentro del propio relato, sino de la ficción. En primer lugar, la historia de Cartaphilus y el ofrecimiento del la Iliada de Pope  a la Princesa de Lucinge finalizando con la muerte del anticuario Joseph (primera narración), esta historia está escrita en la primeras líneas del cuento. La  otra diégesis que está dentro de la anterior, por supuesto me refiero al anecdotario del anticuario Joseph.[u1]  En el siguiente cuadro se ejemplifica de manera gráfica, en donde DP es la diégesis de la princesa (primera narración),  y DC es la narración de Cartaphilus


DP

DC
             
          

         Por otra parte, dentro de la historia,  está implícita la impresión de metadiégesis, pues el texto que se nos muestra viene incluido dentro de otro texto, el de la Ilada de Pope, que suponemos, es la que leyó la Princesa, de tal manera que la historia de Joseph Cartaphilus es una metadígesis no sólo para el lector sino para el personaje de la Princesa.
           Dentro de la historia narrada por Joseph Cartaphilus hay otras dos narraciones primero la del mortal y la del inmortal claro que aquí ya no hay una meta diégesis, pues no hay un cambio de voz narrativa. 
           Joseph nos narra primero su estancia en Tebas, después sus travesías rumbo a la ciudad de los Inmortales. Durante el viaje se encuentra con varios pueblos que simbolizan las variadas culturas esparcidas en la faz de la tierra. Una vez que llega a la ciudad de los inmortales, nos encontramos en un lugar laberíntico, donde abundan las escaleras y las puertas y cuya descripción no sabemos si es fidedigna pues el narrador nos confiesa su imposibilidad de describir. El lenguaje es rebasado por la realidad, pero no sabemos si esa otra realidad que escapa del lenguaje exista.
           Los inmortales son individuos que trascienden el tiempo y espacio. Para san Agustín el tiempo sólo existe en la memoria, es decir, sólo nos podemos referir al pasado a través de la memoria, el presente es algo que no podemos aprehender y que cada instante escapa a nosotros, por lo que la única forma de hacer nuestro, el presente, es la memoria pues lo depositamos en ella; y finalmente, el futuro es una proyección del pasado, es el tiempo que construimos a través del pasado, en otras palabras, a partir de la memoria. Entonces los inmortales son seres alojados en la memoria. Quién pude negar la inmortalidad de Homero es lo que nos sugiere Borges, aunque en la nota al pie de página Borges ficcionaliza a Sabato quien nos dice que Homero, en realidad es una construcción de varios hombres, que de alguna forma puede ser cualquiera, incluso, Joseph Cartaphilus. Esta inclusión de Sábato nos hace remitirnos a la Biblioteca de babel, el universo está construido con los libros, ergo, de la palabra. Entonces, la palabra a través de la ficción es capaz de romper el eje sincrónico / diacrónico de la lengua, para que se establezca un paralelismo entre ambas, lo cual nos hace apenas develar una posible  utopía literaria, acaso borgeana, la negación del tiempo. Aunque como el propio Borges afirma en su ensayo de la nueva refutación del tiempo:

…negar la sucesión temporal, negar el yo, negar el universo astronómico son desesperaciones aparentes y consuelos secretos. Nuestro destino [...] no es espantoso por irreal, es espantoso porque es irreversible y de hierro. El tiempo es la sustancia de que estoy hecho. El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre  que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges.

        En este cuento Borges toma como origen la palabra, el hombre y todo lo que es este no pude ser más que palabras, adelantándonos en el tiempo, Benveniste afirma: Es en y por el lenguaje como el hombre se constituye como sujeto; porque el solo lenguaje funda una realidad, en su modalidad que es la de ser, el concepto de ego. (Benveniste, 1978.a,p. 180)
           Puede afirmarse, pues, que el hombre no es el creador del lenguaje, de esa herramienta capaz de sujetar lo exterior, sino, por el contrario, el lenguaje es el que ha fundado la especificidad de lo humano y ha posibilitado la definición misma del hombre. Al final de cuentas somos depositarios de un discurso histórico, el individuo cumple un ciclo pero sus actos, pensamientos, hechos, todo lo que es él mismo, queda atrapado en la perpetuidad de las palabras.
           Si partimos de lo anterior el final, es una gran mentira de Borges, pues Cartaphilus no muere desde el momento en que nosotros lo leemos, entoncers la lectura es la travesía hecha por Cartaphilus –nosotros somos lo seres que buscamos la inmortalidad cómo también lo propone años más adelante el escritor checo Milán Kundera en su novela titulada  la Inmortalidad, somos seres en busca de perpetuarnos y nuestros actos tienen ese fin-. Al Leer el inmortal, el lector es el buscador de inmortales, encuentra al inmortal Homero, el de las épicas griegas, y si el mismo lector después de leer el inmortal de Borges, se lanza a la guerra troyana de Homero, se dará cuenta que él al igual que Cartaphilus, tú  y yo somos Homero.
           Concluimos, pues, que el inmortal, perpetua no sólo al personaje Joseph Cartaphilos sino también al lector que no es más que discurso, palabras, palabras incrustadas en la perpetuidad de la lectura o del instante.   


Borges Jorge Luis,  otras inquisiciones, Emece 1969
Xirau Ramón,  palabra y silencio, Siglo veintiuno 1993.
Maria Noel Lapoujade, Tiempos imaginarios: ritmos y ucronías,  BUAP 2002


 [u1] En el cuadro se simboliza con DP Diégesis de la Princesa y con DC Diégesis de Cartaphilus

viernes, 19 de junio de 2015

SOR JUANA ANTE LA PRECEPTIVA DE BALTASAR GRACIÁN

Karla Avilés Gutiérrez



Fuente de imagen:
http://redfilosofia.es/atheneblog
Los siglos XVI y XVII fueron siglos que se distinguieron por eventos tanto históricos como literarios. Vieron nacer a grandes figuras de la literatura tanto en España, en la Nueva España y en otros lugares del mundo. Este trabajo estará enfocado a la puesta en práctica de una de las preceptivas más trascendentes, se trata de Agudeza y Arte de ingenio de Baltasar Gracián, aplicado a un soneto de la monja mexicana Sor Juana Inés de la Cruz. Antes de iniciar me gustaría que recordemos algunos de los eventos más importantes de la época de nuestros dos escritores.
En cuanto a lo literario aparecen mediados del siglo XVI, dos tendencias básicas distinguían a los preceptistas italianos, la de los “finalistas” y la de los “hedonistas”. La primera reconsidera  principios como mímesis, catarsis, es decir, es de raigambre aristotélica. Aquí aparecen los nombres de Sperone Speroni, Giraldo Cinzio y Francastoro. La segunda, por su parte, busca una invención fascinadora y una excitación agradable. Los máximos exponentes de esta corriente fueron Mazzi, Carchi, Minturno. En el fondo se oculta la disputa entre el estudio del texto literario como una estructura y la poética de la inefabilidad. Ambas tendencias, sin embargo, conservan el gradiente moral. Hacia finales de este siglo, aparecen nuevos preceptistas (Pallavicino, Castelvetro, Piccolomini, Riccobono, Tasso) con una nueva estética de índole barroca. Hay en ellos una renuncia al fin moral y educativo de la literatura. Pugnan por el “embellecimiento de lo verdadero en versos delicados”. De 1647 a 1651 se halla en los varios pueblos de Aragón dedicado a la predicación y a la enseñanza en los Colegios de la Compañía.
En lo histórico, 1642 tiene lugar la secesión y guerra de Cataluña, fomentada por Francia que intenta apoderarse de Rosellón. La conquista de América. La batalla de Lérida contra los franceses y el éxito de los españoles, entre otros eventos no de menor importancia.
En el ámbito intelectual los preceptistas españoles buscaron sin éxito una teoría de la literatura que se opusiera de modo consistente a los italianos. Entre ellos encontramos al que será herramienta fundamental para este trabajo: Baltasar Gracián. Es en este marco que Gracián propone una estética absolutamente barroca, es decir, un estilo en que “los misterios hagan preñado, las ponderaciones profundo, los empeños picante, las ironías le den sal, las paronomasias donaire, las sentencias gravedad” (Gracián, 2001: 103)
Cuando Gracián comienza a publicar lo hace bajo el seudónimo de Lorenzo Gracián y sin permiso y aprobación de sus superiores eclesiásticos. Esta situación le fue tolerada durante el periodo intelectual que va de El político (1640) a Oráculo manual (1647). Sin tomar en cuenta las advertencias, publica los tres tomos de El criticón -el último en 1657- sin permiso y bajo el antiguo seudónimo. Fue reprendido de modo severo y, como castigo, se le retiró la Cátedra de Escritura. Gracián se disgustó tanto con la decisión que intento abandonar la orden. Este permiso le fue negado. Pocos meses después, en diciembre de 1658, muere.
Baltasar Gracián en El Arte de ingenio, de 1642 muestra su conocimiento poético y retórico adquirido en sus estudios de la compañía. Hay en la reflexión de Gracián un rompimiento con las preceptivas clásicas, renacentistas, a las que trata de superar en el estudio y denominación de los fenómenos estilísticos. Sobre la obra de preceptiva de Gracián, Marcelino Menéndez Pelayo, tomando en cuenta la confusa y poco clara división entre conceptismo y culteranismo, dice:
La Agudeza y arte de ingenio no es de ningún modo una retórica culterana: es precisamente lo contrario; es una retórica conceptista, un tratado de preceptiva literaria, cuyo error consiste en haber reducido todas las cualidades del estilo a una sola; todas las facultades que concurren a la producción de la obra artística a una sola también. Es el código del intelectualismo poético. El autor se propone dar artificio a la agudeza, y la agudeza es para él la única fuente de placer estético, la noción genérica que abraza dentro de sí todas las perfecciones y bellezas del estilo. (Menéndez Pelayo, 1985: 582)

Lo anterior obliga, indudablemente, a la consideración del barroco no como un simple período histórico del arte sino como un particular modo de relación del hombre con el mundo o, mejor, del sujeto con el objeto.
Por qué hacemos estas observaciones acerca de las cualidades del barroco? Porque es precisamente la autora que hemos elegido para la aplicación de la preceptiva de Gracián, un extenso y magistral ejemplo del manejo del estilo imperante en la época, el barroco. A este estilo Sor Juana añade una particularidad esencial en su escritura; la intuición o la sensibilidad del artista que le permitió abordar de manera puntual cualquier tema que trabajó. Desde el amor de pareja, la pasión, el engaño hasta cuestiones religiosas la obra de Sor Juana nos devela el ente en su forma más original y profunda. En un poema de amor nos devela el amor. En un Auto sacramental se nos descubre el comportamiento que se debía adoptar en la época. Al contrario de lo que se piensa, la obra de Sor Juana no es sólo un mero recursos retórico-estilístico, su obra la proyecta, nos proyecta, nos atrae, nos causa fruición estética, es polisémica, es artística. Cuando hablamos de una Sor Juana que cultivo el tema amoroso lo hacemos no creyendo que el tema es anterior a su vida conventual, más bien la monja fue transmisora de amores ajenos.
Cuando Gracián habla de que la poesía debe ser bella, toma una actitud que parece bastante moderna. Ver el poema como una construcción cuyo fin último es el de proporcionar goce estético. Además un poema será bello cuando el autor haya ordenado de un modo particular las palabras y las imágenes que el poema nos presenta nos ericen la piel, es decir, cuando esté escrito con agudeza. Al respecto podemos poner como ejemplo el soneto de Sor Juana que lleva por título “Procura desmentir los elogios que a un retrato de la poetisa inscribió la verdad, que llama pasión”
Este que ves, engaño colorido,
que del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;
éste, en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,
es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:
es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.

Podemos decir primero que la poesía es poseedora de un lenguaje analógico, es decir, que está, fundado en la semejanza. Observamos en el soneto que las imágenes de los versos 9, 10, 11, 12, 13 y 14 están construidas con este principio. Artificio, flor, resguardo, diligencia, afán, cadáver, polvo, sombra y nada, son los elementos que se utiliza para dar cuenta de la pasión.
Para Gracián la idea de concepto es importante, lo define como “un acto de entendimiento que exprime la correspondencia que se halla entre los objetos” añadiendo que “la misma consonancia o correlación artificiosa es la sutileza objetiva”. La agudeza, la esencia del concepto que posee calidad literaria se percibe, se intuye diríamos nosotros, pero no se define; es para el entendimiento lo que la hermosura a los ojos, o la consonancia para el oído. (Valbuena, 1963: 660)
De lo anterior observamos en el poema de Sor Juana, sobre todo en los dos primeros cuartetos, el fenómeno de la agudeza y de concepto. La primera dota al soneto el elemento que da estatuto artístico o literario a un texto cualquiera, es decir, esto se ve reflejado en los tropos que el autor emplea en la construcción del poema. En el caso del soneto que estudiemos, podemos distinguir, sobre todo, la metáfora y la metonimia.
El segundo habla de que las palabras, los conceptos pueden ser un chiste, una idea banal, pero que el arte radica en la manera de exponerlo. Por eso cuando leemos un verso como el tercero y cuarto del soneto “/con falsos silogismos de colores/  es cautelosos engaño del sentido/” no nos viene a la mente una imagen o un referente, sin embargo, no deja de provocarnos goce por la manera en la que está urdido el lenguaje.
La poética de Sor Juana es barroca tanto en los temas como en la forma. Recordemos que el barroco, principalmente, se distingue por el abigarramiento de la forma, por la variedad de las imágenes, por el colorido, pero sobre todo porque produce la sensación del engaño, es decir, el creer que se ha encontrado un hilo conductor y descubrir que es el mismo hilo quien nos ha enredado. Esta idea barroca se distingue claramente en el primer cuarteto del soneto con palabras en contraposición como silogismos/engaño/falsos, no sólo eso, sino que el juego de las vocales (o, u, i, son cerradas y oscuras, y a, e claras y abiertas) dan la idea del contrarios de oxímoron, pero además, dan la impresión de que el poema está cargado de tonos que se dan por la combinación de las vocales abierta y cerradas, oscuras y claras.
            En cuanto al tema podemos decir, recordando que Gracián era asiduo lector de los epigramas de Marcial y que esto se caracterizaban, principalmente por su tono humorístico, que este soneto de Sor Juana habla no sólo de la pasión humana sino un poco de la fugacidad de la vida y lo hace con un tono satírico y una estructura muy parecida a la que Quevedo utilizó en el soneto “Amor constante más allá de la muerte”
            El último terceto cargado de repetición da, también, la idea del Ouroborous, el dragón mordiéndose la cola, o en términos de análisis literario tradicional, una estructura ad ovo. Es decir, todos los adjetivos describen una misma cualidad, es como si volvieran a un mismo punto de origen que, en este caso, termina siendo la nada. Da lo mismo leer los últimos tres versos en el orden en el que están escritos o de atrás hacia adelante: necia diligencia errada, afán caduco, polvo, sombra, nada, son adjetivos que parecen conducir a la degradación total del hombre.
            Se habló mucho en el presente trabajo de la obra de Baltasar Gracián, de su vida y sus ideas estéticas literarias, me gustaría finalizar hablando brevemente de Sor Juana Inés de la Cruz quien nación el mes de Noviembre de 1648. Fue una mujer excepcional que consiguió ganarse el cariño de personajes importantes de la época pues recordemos que fue amiga de Carlo de Sigüenza y Góngora, que a los diescisiete años vivía en la corte de Virrey Marqués de Mancera. Es en esta época que decide ir al convento del que, tiempo más tarde decide salir para reincorporarse a su vida de monástica en el convento de San Jerónimo donde años más tarde muere. Poseía un pensamiento harto desarrollado, un don de interpretación de la vida y sus símbolos que le permitió desarrollarse cultualmente en una época en la que las mujeres eran rechazadas y reprimidas. Era poeta, músico, docente, prestaba servicios a la comunidad, archivista y contadora, fue una intelectual.
BIBLIOGRAFÍA
De la Cruz, Juana Inés (1989). Obras completas. México, Porrúa, Colec. Sepan Cuantos
Gracian, Baltazar (2001) Agudeza y Arte de Ingenio. Madrid, Castalia.
Menéndez Pelayo, Marcelino (1985) Historia de las ideas estéticas en Espalña. México, Porrúa.
Valbuena Prat, Ángel (1963) Historia de la literatura española II. Barcelona, Gustavo Gili.